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Antiguo 29-10-2010, 18:22
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Prometeo Prometeo esta desconectado
Hermano de la costa
 
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Predeterminado Re: Interesantes reflexiones

Lo que dice es totalmente cierto, pero esto no es una cosa tan reciente, desde el momento que la capacidad del estado y la burocracia empezó a intervenir con mayor eficiencia, empezamos a estar perdidos.

Antes teníamos la marina de guerra. En aquel momento, las cosas funcionaban un poco manga por hombro, seríamos un país bananero, pero vivían y nos dejaron vivir. Últimamente he visto como se pelean por un cadáver y aparece en el mar con competencias que se solapan: además de la marina, capitanías, autoridades portuarias, gobierno autónomo a través de sus competencias en pesca o medioambiente o en ambas, Cruz Roja del mar, Guardia Civil del Mar, Servicio de Vigilancia aduanera, Dirección general de la marina mercante y seguro que me olvido de alguno mas. He dejado de preocuparme por estas cosas porque me acarolaba. La última cuando me llamaron un grupo de amigos alarmados por la nueva tasa de faros. Alucinaba. Nunca antes hemos tenido un sistema de balizamiento tan desastroso. Como todos tenemos GPS, supongo que entienden que ya no hacen falta las enfilaciones, las boyas de entrada o de peligro aislado. Los fareros ya no lo son, son técnicos de señales marítimas en una furgoneta atendiendo multitud de señales y enfilaciones. Pues en esta situación nos quieren cobrar. Prefiero pagarle a los americanos por los satélites. En fin.

Por poneros un ejemplo. Tenemos aviones que recorren diariamente miles de millas buscando tráfico de drogas. Sus homónimos franceses, hacen además de la vigilancia fiscal y de fronteras alguna cosa mas, seguimiento de contaminación persiguiendo a aquellos mercantes que hacen vertidos, tramitando denuncias MARPOL, colaboran con universidades en seguimiento de cetáceos (aquí dejó de hacerse por los oceanográficos cuando dejaron de ser especie comercial, así el Ballena uno y Ballena dos, se remontan a los años setenta) y por supuesto, pueden hacer salvamento porque llevan balsas que pueden tirar si avistan un naufragio. Nuestros aviones no pueden llevar nada de eso, ni pueden hacer seguimiento de cetáceos o contaminación, ni pueden colaborar en un salvamento ¿Por qué? Porque no es su competencia. Después encargan a los clubs la promoción de la náutica y nadie se ha dado cuenta que eso es como encargar al zorro cuidar de las gallinas, dado que los clubs en su mayoría -y todavía ahora me ratifico-, tienen objetivos muy distintos y lógicos que son atender a su base social y si le molesta la chusma no interesa. Los contramaestres tratan como héroes al señor tal o a don cual que viene de tomar los vinos a una milla del puerto y al trasmundista que acaba de llegar después de atravesar un océano lo tratan como un perro. Muchos dirán que soy un exagerado o un mentiroso, pero es porque no se han metido en la piel de un transmundista ni en la de un empleado de club. Solo hay que vivirlo como tales para darte cuenta de la diferencia cuando incluso te trata una empresa privada, porque eres igual de bueno si pagas, pero no ocurre cuando los marineros del pantalán si quieren conservar el puesto de trabajo, tienen que lamerle los pies al pijo de turno.

Entre una administración con una voracidad fiscalizadora infinita (me refiero tanto al control como a la recaudación), unos clubs decimonónicos que hay que dejar como instituciones caducas para que sus socios jueguen al brich y una ingnorancia supina, venimos repitiendo los errores que ten bien relató Robert Graves en las Islas de la imprudencia cuando relata la gesta del descubrimiento de las islas marquesas y las salomón.

Una noche fondeados en una cala remota, se levanta un fuerte viento con marejada, el barco empieza a garrear y los marineros provocan gran alboroto. La soldadesca piensa que los enemigos atacan el barco y se preparan para la lucha colocándose armaduras y ajustándose los espadones. Cuando alcanzan la cubierta atropelladamente los marineros les piden ayuda para izar el ancla y ellos preguntan ¿Dónde esta el enemigo?.
Los marineros les responden, no hay ningún enemigo, ha subido repentinamente el viento y el barco garrea.

La contestación de la soldadesca fue: eso no es competencia nuestra, nosotros luchamos contra un enemigo no contra los elementos y se volvieron a sus catres.

Esta anécdota yo creo que ilustra muy bien el estado de nuestra náutica. Desde hace siglos decide quien nada sabe y cuando vienen torcidas el que puede, enseguida escurre el bulto.
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