Leyendo la advertencia previa de Piloto, me atrevo a contar un suceso que da un poco de vergüenza pero quizás os sirva de algo.
El caso es que siempre me olvido de explicar lo del aseo. La gente piensa que esto funciona como en casa y aunque solo sea para enseñar el manejo de las bombas, es conveniente hacerlo antes de salir, si no quieres que te molesten cuando estas en medio de una maniobra o simplemente los usen y te llamen para preguntarte como se tira de la cadena.
Cuando me acuerdo -que no es siempre- advierto que no debe tirarse nada sólido. También he puesto unas pegatinas en los dos aseos, pues aunque me reserve el de popa para mi, nunca tienes garantías de que alguien lo use mientras estas en cubierta.
No viene mal advertir a los tíos que si no hay señoras, lo más práctico es usar la borda, advirtiendo que si se quiere usar la taza, deben sentarse dado que si ya es difícil apuntar en una taza en tierra, en el mar con mucho frío y marejada, lo normal es apuntar a todos los sitios menos donde debe ser. Aprovecho el orgullo masculino para indicar que dentro se hace sentado como las señoras y los “machos” pueden hacerlo perfectamente fuera.
El caso es que en mi barco en al menos en dos o tres ocasiones, después de mucho esfuerzo, para desatascar, me encontré con los dichosos tampax. Un día que estaba fondeado y por haber salido el día anterior con bastante tripulación femenina desconfié que la causa era similar. Me metí debajo del casco e inserté el dedito en el agujero. Efectivamente había un tampax, pero cuando quise salir no me salía el dedo. Cuando mas tiraba para salir, mas atorado estaba. Cuando empieza a entrarte el pánico porque te falta el aire, ya no sabes lo que haces, pero en un momento de lucidez, volví a posicionarme debajo y tiré fuerte hasta que el dedo salió. Muchas veces me imagino fallecido debajo del casco con el dedito metido en el agujero. Fueron solo unos segundos, quizás la sensación solo fue provocada por el pánico. Pero te hace reflexionar sobre como después de pasar muchas situaciones peligrosas y comprometidas, puedes tener un accidente mortal amarrado al pantalán. En este sentido aprovecho para citar una estadística del instituto social de la marina que leí en su día. La mayoría de los accidentes mortales se producían al subir al barco. Bastantes –por cierto- al volver después de una noche de juerga.


