Lo que acabas de explicar es como escuchar música... bueno más o menos. Esa coordinación es un placer.
Me ha recordado algo de lo que fui testigo en Santander, me desplacé allí por trabajo y para hacer tiempo y no esperar el avión de vuelta en el aeropuerto fui a dar un paseo hasta el club náutico. Pues bien, desde el muelle me quedé mirando los barcos del club y en un momento dado comenzaron a salir veleros de casi todos lo portes, al menos había 50... no se, muchos. Y allí mismo hizaron las velas y comenzaron una danza maravillosa en un espacio reducidísimo, delante del muelle orzaban, arrivaban, viraban en un desorden total pero al mismo tiempo en un orden increible, se alcanzaban, cruzaban, cortaban el viento. Imaginaros la salida de una regata pero a tocar del muelle o de las instalaciones del club (llegaban a un metro) ni una sola colisión, ni una protesta, ni un grito... fue maravilloso, perfecto y casi pierdo el avión. Sentí envidia, respeto y una gran admiración

