
Palpaba la humedad del entorno con cada poro de su piel. Pocas veces en la vida nos vemos abocados a vivir trances tan difíciles. De haberlo calculado, se habría quedado en el otro lado, donde el clima, idéntico, parecía distinto y benigno al no sentirlo a través del filtro de ansiedad que le invadía. Pero la vida no se calcula, sólo se vive o se arrastra, y hoy la suya dejaría de ser un lastre. Hoy sería él, o ya no sería. Todo o nada.
Las tinieblas se iban disipando a medida que la luz mermaba su consistencia con un demoledor ejército de fotones. Para entonces ya distinguía vagamente la silueta de su enemigo. No cabía la marcha atrás. La valentía y el miedo, la indecisión y la firme voluntad formaban un todo sin partes.
Abrió la boca cuanto pudo para luego cerrarla sobre su presa con todas sus fuerzas. Apretó los dientes por encima de las especificaciones del fabricante. Empujó las quijadas al límite, concentrada toda la energía en aquel apéndice que le sujetaba a la vida, y al fin, se atrevió a mirar.
El elefante, entre hastiado y resignado, miró al cocodrilo desde el borde de la charca:
-¡Bedo hombde, Simón! ¿odga vez? ¿dú esdás dondo o qué?
buen finde
