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Antiguo 14-11-2010, 15:08
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Prometeo Prometeo esta desconectado
Hermano de la costa
 
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Predeterminado Re: Accidentada entrada a vela

Es emocionante recibir todas estas muestras de ánimo.

El mundo del mar si algo tiene de bueno, -además del reto y la superación personal-, es el espíritu de camaradería que embarga a los marineros. El que se ha enfrentado solo o al mando de una tripulación (pues el cargo también conlleva soledad), a un fenómeno natural tan poderoso como una tormenta y al volver a puerto encuentra una mano amiga que lo acoge, si es de ley, se ha de comportar de igual modo, cuando entiende que otro marinero necesita su comprensión o ayuda.

He acudido en varias ocasiones a prestar remolque, me desviado mi ruta en muchas millas para ayudar a un velero con dificultades. He sacado de las piedras a varios barcos e incluso salvé a dos en ocasiones diferentes que sin ningún tripulante abordo habían garreado encontrándose a la deriva. Recuerdo cuando nos pasamos un día de niebla cerrada buscando un solitario francés para pasarle unas garrafas de gasoil y traerlo a puerto. Nunca pedí compensación alguna y con mis pobres recursos siempre atendí en lo que humanamente pude.

Durante una navegación húmeda e incómoda ciñendo contra loa alisios desde Cabo Verde a Canarias mi compañero se cortó produciéndose una herida muy fea. Le hice una cura como pude y por la radio me comentaron que intentara localizar el Esperanza del Mar, pues solía estar por la zona. Finalmente contactamos y como estábamos en su zona de actuación, a lo tener ninguna emergencia, navegaban a nuestro encuentro. Era un día luminoso después de varios días de cielo encapotado y el viento se había calmado aunque perduraba un gran maretón.
Al salir de la camareta apareció aquel barco que después de tantos días de soledad y al verlo desde el valle de una ola me pareció enorme . En poco tiempo había a nuestro costado una zodiac con unos tiparrones super pertrechados, le calzaron un salvavidas y un arnés a mi compañero y lo subieron abordo. Yo me quedé a la capa esperando noticias. Le habían dado puntos y controlada la hemorragia, lo habían vacunado y bajo nuestra responsabilidad, podía seguir abordo. Durante aquel tiempo que pasé solo esperando por noticias de mi camarada y amigo, miraba a aquellos hombres como si fueran nuestro ángel de la guarda.

Recuerdo otra vez cuando después de una turbonada quedamos varados en una barra de arena. Medio en serio, medio en broma nos despedimos de este mundo. Los dos pensábamos en nuestro interior, que el siguiente golpe de mar rompería la cubierta. Al día siguiente vinieron unos pescadores de langosta cubanos en un barco de ferrocemento. El patrón se sentó en la regala, cortó un trozo de hígado de pescado seco y lo fue repartiendo entre sus hombres hasta que llegó a nosotros y nos pasó lo que quedaba y su navaja para que nosotros mismos nos sirviéramos. En ese momento dijo:

Señores, somos marineros y ahora el problema de estos camaradas es el nuestro. Tenemos que pescar, cumplir con nuestro compromiso con la empresa, pero nos esforzaremos más por ayudar a nuestros hermanos.

Y las caras de aquellos hombres rudos quemadas por el sol y el alisio, transmitieron sin palabras, solo con su leguaje corporal la mayor convicción y entrega. Tensaron sus músculos y apoyaron su brazo derecho sobre el pecho como si fuera un juramento y nos dijeron a coro:
Cuenten con nosotros.

Y paleamos duramente, sacamos arena, enderezamos el arbotante . Izamos velas para escorar y arando el fondo, a todo cuanto daba aquel lanchón de fibrocemento, sacamos el velero por un laberinto de canales que estrenamos nosotros. Creo que me sentí como Fizcarraldo,…por un momento pensé que cada vez lo estábamos metiendo mas en seco, pero después de dos días haciendo surcos en la arena finalmente salió.
Nunca podré agradecer en mi vida por encima de toda la ayuda que me prestaron, la entrega y la voluntad sincera de aquellos hombres que ante el menor desaliento gritaban se golpeaban para animarse y se enardecían con cánticos. Nunca volví a ver en mi vida trabajar con más ánimo aún a pesar de que el resultado era más bien incierto.

Nunca se habló de dinero y ya a salvo y abarloados a un palafíto -de los que usan para acopiar langosta-, el único pago que les dimos fue compartir todo el ron de Manatí que teníamos acopiado y unas camisetas. Nosotros nos llevamos el barco lleno de langostas y por una semana desayunamos, comimos y cenamos langosta hasta que casi las aburrí.. Pasamos unos días con ellos echando una mano holgazaneando, contando historias. Cuando llegó el momento de seguir camino, sabíamos que allí dejamos unos hermanos y al despedimos los vi llorar como niños.





Siempre he sido una persona afortunada pues nunca me ha faltado conforto en los momentos de mayor dificultad.

Aunque sea de forma virtual y que en este caso se trata solo de una pequeña anécdota, que espero no tenga mayor trascendencia, os remito igualmente mi sincera gratitud.




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