ROMANCE DEL VIERNES POR LA NOCHE
Era viernes, ya de noche.
Me encontraba de brebajes,
en el muelle de Fariones.
Sin saber muy bien qué hacer,
ya pensando en irme al coche
y poner rumbo hacia el catre...
¡Me dolían los riñones...!
Pero hubo un cambio en las artes,
mis ojos vieron dos soles,
por lo que cambié de planes.
Las palabras son amores,
pues no son más que frases
que no pueden dar un golpe,
ni describir un ángel.
No hallo en ellas expresiones
para elevar a los altares
la belleza de dos soles.
Al verlas, cambié mis planes
y me lancé sin concesiones,
sin estrategia ni arte,
a conocer sus amores.
Yo no sabía que hacer.
Me sentía cual fantoche
prendido de los azares
que pudiera traer la noche.
Y por no ser un cobarde
a su lado me coloqué
para así poder hablarles.
Y a ellas, poder conocer.
Aun siendo tímido a raudales
la estrategia fue un buen golpe
y en el baile hallé un buen lance...
a pesar de mis riñones.
Con la sonrisa delante
que escondiera mis dolores
pues el baile era la clave...
¡qué jodidos los riñones!
A una de ellas eché el guante
e inicié conversaciones
para poder aproximarme
y ofrecerles mis favores.
Con simpatía desbordante
y adornándola de flores
me presentó a su amiga Carmen
por quien yo tenía ilusiones.
Era el cumpleaños de Carmen
y brindamos con licores,
muchas risas y otros bailes...
dando caña a mis riñones...
Luego fuimos a otros bares,
alargando así la noche
hasta las cinco reales
que nos fuimos a los coches.
Yo les prometí un romance
que contara los pormenores
(incluyendo los brebajes)
de ese viernes por la noche.
Y no fue por ser yo un galante
el que no hubiera más trotes
y darle a la noche remate...
¡Pues me jodían los riñones!