Hermanos cofrádes. Nunca sabréis cuanto me emocionan vuestros comentarios.
¿no veís lo que os decía? Apreciad por favor, como me motiváis y así al mísmo tiempo me obligáis a ser mejor, a esforzarme más si cabe.
Reconózco que durante mí aprendizaje como marinero he apreciado especialmente , el conocimiento que nos hace ir más allá de lo inmediato y nos permite comprender la realidad y a nosotros mismos en ella.
Esa experiencia me ha enseñado a tormar ciertas precauciones con el saber académico.
Un pastor, sin estudios académicos, se suele considerar un palurdo y sin embargo yo creo que atesora una sabiduría que no se aprende en ninguna facultad . llegándo a la conclusión de que muchos pastores, sabían más filosofía que los que la enseñaban en su pedestal, pues tal como aspiraba la antigua Filosofía griega, lo que sabe el pastor puede traducirse en una valiosísima forma de vida serena, paciente y alegre.
Un pastor está obligado a conocer muy bien a su rebaño; tiene que saber exactamente dónde pasta mejor y en qué época del año. Debe tener muy presente cuánto esfuerzo implica para él y sus animales ir a un sitio u otro, porque siempre hay imprevistos. Por consiguiente, debe conocer los mejores caminos y pasa, literalmente, épocas enteras de su vida con la naturaleza y sus animales como únicos compañeros. Además, como es obvio, asume un estatus de liderazgo ante su rebaño: no puede estar todo el día persiguiendo a cada animal para reunir al rebaño. Pero ese “liderazgo” no se basa en la fuerza, se asienta en una relación con los animales que solo el pastor es capaz de establecer.
Resulta asombroso lo que un pastor puede saber de las personas. Conoce de primerísima mano aquello que seguimos teniendo en común con el resto de los seres vivos; sabe que asumimos roles, que algunos prefieren tomar la iniciativa mientras que otros optan por disfrutar pacíficamente de la vida sin preguntarse hacia dónde les lleva el rebaño. Unos son extrovertidos y asumen un rol dominante; otros son más tímidos y sumisos, pero muy cautos: perciben con extraordinaria facilidad los riesgos. Por eso el pastor se fija mucho en ellos y nunca minusvalora a quien no destaca. Sus conocimientos parten de lo local. Pero sus sosegadas reflexiones, su paciente y constante observación de los ritmos de la naturaleza, de lo que en ella sucede y de las condiciones de subsistencia llegan a proporcionar a esos conocimientos un alcance universal.
De alguien escuché una frase:
NUNCA CONOCÍ A NADIE QUE NO PUDIERA ENSEÑARME ALGO.
un abrazo

