En el Pirineo, en primavera, era común adquirir fuertes diarreas tras ingerir agua procedente del deshielo. Ahí comprobé que ni el rayo ni el trueno eran tan veloces comparados con la cagalera.
Luego nos curaban a base de unas pastillas de opio-bismuto.

(De agüita de Carabañas)