Quisiera darte un beso
No un beso de pasión-posesión
que te inundara la boca...
No, ese beso no...
Tampoco uno nerudiano
que “marcara con cruces de fuego
el atlas blanco de tu cuerpo.
Que fuera una araña,
que se escondiera en ti,
detrás de ti, temerosa, sedienta”...
No, tampoco ese beso, todavía,
ya que este beso requiere
que tengas abierta para mi
tu sacra emocional...
El beso que te daría, mi beso,
sería un beso sin tocarte con mis labios
posado, con mi cálido aliento,
en tu nuca, que te hiciera estremecer
desde la nuca y recorriera tu espalda
porque el estremecimiento es el inicio
del placer desde el interior.
La savia de la planta
que va llenando el capullo
hasta que estalla de placer
y se ofrece a los rayos del sol
para ser flor, para ser una rosa.
Ese, es el beso que quisiera darte.


