Hacer andar al barco cuando no hay casi viento es una de las tareas más difíciles, y a menudo desesperantes, con las que se puede encontrar un patrón.
Comentas cuando hay de uno a cuatro nudos. Realmente con este poco viento hay muy pocos barcos capaces de andar, eso aún contando con un mar llano. Otra cosa es que éste ayude. Por debajo de tres nudos, a menos que te ayude el mar, me atrevería a decir que no hay barco que ande.
Lo de ayudarte con el amantillo, yo no lo tendría en cuenta. En muy raras ocasiones y junto con un trimado muy fino, podría darte alguna ventaja. Esta vendría más por el mantenimiento de la forma de la vela gracias a inmovilizar la botavara en sus subidas y bajadas, que en la bolsa en sí que podrías conseguir.
Comentas que tus adversarios se movían algo con este poco viento. Para analizar bien esta situación, además de la experiencia de sus patrones, debería tenerse en cuenta las reales posibilidades de cada uno de los barcos, estado de sus carenas, hélices, velas, etc.
El truco de oro en este tipo de situaciones está en arrancar el barco, sea al rumbo que sea. Esto es muy importante porque a partir de que el barco tiene arrancada, tiene gobierno, y lo que es más importante algo de viento aparente. Por lo tanto, además de trimar bien las velas, pesos, etc., hay que buscar un rumbo al que podamos arrancar el barco. Esto normalmente ocurre situándolo a unos 45-50º al viento, con las velas embolsaditas y en el bordo al cual ofrezca menos resistencia el mar. A partir de poner el bicho en movimiento debe tenerse mucho cuidado puesto que el aparente que se crea hace que éste se cierre más (es decir más por la proa). Si dejamos que el barco se aproe demasiado, se nos parará y vuelta a empezar.
No quiero alargarme más con el tema, que dá de sí para llenar una enciclopedia.

por el ladrillo.