La seguridad en el mar no es algo que permita relajarse. Uno puede creer que todo está bajo control y de repente el drama inesperado. Recuerdo un día con olas de unos 4 metros, mar tendida y orejas de burro. El viento era de 30 nudos más rachas. A ratos bajaba hasta los 20. En uno de esos momentos de fuerza 5, menos mal, se clavó el piloto automático. Uno de nosostros estaba en proa... El barco empezó a dar vueltas casi en redondo. La situación fue peligrosísima y tras varios minutos conseguimos desbloquear el timón.
En esas circunstancias, de repente, agradeces tener una buena estabilidad, te va la vida.
