Sumeke, es un relato delicioso.
Es curioso como te paras en describir muchos sonidos. Los guijarros movidos por las olas, las popas de los chinchorros, el ronroneo de las tertulias pausadas…
Los sonidos, el entorno, los paisajes, (físicos y humanos) acaban componiendo nuestro verdadero territorio. De alguna manera cuando nos despojan de ellos, es como si nos invadieran, como si nos robaran algo que forma parte de nuestra propia identidad.

