01 La partida.
Ha llegado el momento. Son las 1700 y largamos del Port Olimpic de Barcelona. Y partimos. Han sido unos días realmente densos. Y tensos. La cuenta atrás de una vida por descubrir en este crucero.
Ponemos en marcha la máquina. Repasamos los instrumentos de navegación. La radio, en el 16. Las cartas. Cuaderno de bitácora. Anotaciones útiles para la navegación. La meteo. Últimas instrucciones. Silencio.
Ponemos las amarras a bordo. Avante suavemente. Apenas sin notarse, pero con gobierno. Ya vemos las proas de los otros barcos del pantalán. Ya está. En la dársena. Viramos con holgura. Procuramos la gasolinera. Más silencio. Todos en cubierta. Abarloamos para repostar. Justo lo necesario. El tiempo necesario. Y el necesario para decir los últimos adioses. Ya está. Largamos, ahora definitivamente. La popa. El poco viento nos acompaña a separarnos. Luego, la proa. Y libres. Procuramos la bocana.
Alguien hace las últimas fotos del puerto. Y de las torres. Y ya tenemos la boya roja a nuestro estribor. Retiramos las defensas. Izamos mayor. Y génova. Con todo el trapo arriba ponemos rumbo 180. Tenemos 144 millas en la proa hasta la playa del Trench, cerca de “La Colonia Sant Jordi”, en Mallorca. Tenemos más de 24 horas.
A bordo, buen ambiente. Camaradería. Organizamos las guardias. Las de día, y las de noche. Por la noche, en pareja.
Apenas si tenemos viento. El poco que hay, lo estamos aprovechando. Por radio nos contacta Urtzi. Navega más al sur que nosotros, y algo más retrasado. También oímos cómo se están retirando algunos barcos de la regata a Menorca. Nosotros seguimos. No nos importa que no haya suficiente viento. Tenemos muchos días por delante, y mentalmente hemos parado los relojes.
Securité, securité, securité. Rissaca en Ciudadela. Lo estuvimos oyendo toda la travesía. Primero, que el nivel del mar bajaría 40 cm., luego que 1,20 m., y luego, definitivamente, el puerto cerrado. Pero nosotros procuramos otro rumbo. La Taberna nos espera. A Mallorca.
Navegamos con todas las velas arriba, y motor cuando lo necesitábamos, para no bajar de los 5 nudos. Estimo llegar a las 1545 UTC. Vamos rumbo a Dragonera.
Despunta el día. Ya estamos en Mallorca. Pasamos Dragonera a nuestro estribor, con fuertes rachas de viento en el canal. Rizamos. Seguimos.
Navegamos la bahía de Palma. Ya contactamos con cofrades. Urtzi, Arre, Jamacuco, Prati. Urtzi viene en popa. Arre, navega la bahía de Alcudia con fuerte viento. Jamacuco, todavía en tierra. Prati, a unas 4 millas a nuestra proa.
Llegamos al fondeo. Por radio tomamos nota: 39º 30.3’N 002º 20,5’ E. Nos da un punto en tierra, pero deducimos rápidamente, a pesar del cansancio, que no podría estar muy lejos de allí. Y sí, allí estaba Prati. Nos ayudó a fondear a su babor. Y empiezan a llegar otros barcos. La alegría de los encuentros está presente en todos.
Por la noche, Prati nos obsequió generosamente con unos exquisitos langostinos a la plancha, expresamente traídos de Vinarós. Todos en su catamarán. ¡Qué fiesta!. ¡Cuánta risa!. ¡Cuántos langostinos!. Um, ¡qué ricos!. ¡Cuánto vino!. ¡Cuánta gente!
Y de allí, a la playa. Más amigos, más risas, más vinos. Y ¡a dormir!. Las tantas, ¡Dios!.