Con el permiso de los tabernarios, refloto este hilo por dos motivos, tres si contamos que pago unas cañas con una generosa ración de mejillones a la vinagreta

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Primera cuestión

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Mi antifouling no sirvió para casi nada.
Botadura del barco a finales de enero y en mayo, las palas del timón ya tenían cierto barrillo marrón oscuro y eso que salía a navegar como mínimo 2 o 3 veces por semana.
Después del verano, la obra viva ya tenía algas a lo largo de la línea de flotación (sobre todo en la proa) y las palas daba pena verlas.
Un otoño en el que salí muy poco supongo que favoreció la cría de hermosos racimos de mejillones, de nuevo en mayor proporción en el borde de ataque de las palas.
Evidentemente, la velocidad ya no era ni por asomo la que era (los 4 nudos casi nunca los veo en la corredera, que es lo único que tengo limpio

), pero lo que me preocupa de veras es lo siguiente.
Segunda cuestión

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El barco cae descaradamente a babor. No he chocado con nada, la caña parece estar alineada con las palas y el ron suelo beberlo al desembarcar.
En un ataque de rabia, impotencia, locura y que un amigo quería cebo para pescar, arranqué con el bichero los mejillones más grandes de las palas del timón.
¿Puede que haya estropeado la natural simetría de las incrustaciones y eso impide que el barco vaya a rumbo? ¿Debería haber calculado la serie de Fibonacci antes de tomarme la justicia por mi bichero?
De todas formas, en cuanto pasen las fiestas voy a varar el barco para limpiarlo, dar patente y la revisión de las 50 horas del motor.
Se comenta por las mesas de este antro que la International Micron Extra va muy bien aunque es cara. Venga va, otra.
Tercera cuestión

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¿Pruebo a poner una patente más cara para ver que pasa o una normal y resignarme a varar cada 6 meses porque no sirve para nada?
Si nada funciona, criaré mejillones en el casco y pondré unos
chicharos en los obenques para ir tirando.
