Salud y unas rondas para todos
Siento sana envidia de mis vecinos gallegos; primero, por supuesto, por sus rías, que hacen de su región un paraíso para la vela en el Norte, pero también por una gestión en principio de sentido común de la que deberían (deberíamos) copiar los resposables de los puertos en Asturias.
Cualquier aldeíta gallega tiene al menos un pantalán abierto al navegan te en tránsito, que invita a hacer una escala, conocer el lugar y comer y hacer compras en el pueblo.
En Asturias, salvo en Gijón y Avilés, es imposible hacer escala en puerto alguno a no ser que estés dispuesto a saltar tapias, jugarte el pellejo o perder la paciencia en llamadas de radio y teléfono.
Hace un par de años en travesía de placer de Gijón a Llanes hicimos una escala para cenar, tomar unas copas y dormir en Lastres, el precioso pueblo ahora famoso por la serie 'Doctor Mateo'; pues bien, los pantalanes, estaban cerrados a cal y canto y amarrados contra el muro nos dieron la noche diciendo que no podíamos quedarnos allí. Lo decía el primero que pasaba: a pescar a caña, a mirar o hasta un jubilado con un chinchorro nos dijo que el puerto era de ellos. Le dijimos que hasta donde sabíamos, el puerto era del Estado, y además estaba prohibido pescar en su recinto. Nos hicieron la noche literalmente imposible.
Ayer mismo, fui con dos amigos de Gijón a Candás para comer allí y volver por la tarde aprovechando la inusual tarde primaveral que nos regaló la meteo en Asturias. Fue arribar a Candás y contemplar la delicia de su nuevo puerto deportivo, con no menos de un centenar de plazas de atraque en las que apenas había dos docenas de lanchas. Pues bien, amarramos el barco y con la marea baja era imposible salir a tierra, dado que todos los pantalanes tenían sus vallas y puertas cerradas. Incluso estaban cortando los antiguos peldaños de las escaleras del muro (mis dos amigos de 60 y 59 años y yo, de 43, salimos trepando como gatos y jugándonosla), pero me temo que quien llegue en las mismas circunstancias dentro de un par de meses, ya no le quedará otra alternativa que soltar de nuevo amarras y volver sin comer.
Estoy de acuerdo en que los navegantes locales son quienes se deben beneficiar los primeros de esos pantalanes, ¿pero tanto cuesta dejar uno para los barcos en tránsito? y más cuando sobran...
