Re: Based in actual events
Dejamos Sa Rata por estribor mientras el Sol se ponía tras las montañas y embocamos la bahía de Cadaqués una media hora más tarde. Habíamos hecho una buena media, de más de seis nudos, y pensé que podíamos aprovechar la escasa luz que aún quedaba para amarrarnos a una boya, ir a cenar a tierra y dormir tranquilamente. Los recuerdos evocados me habían despertado una cierta añoranza, y creí que, tal vez, volviendo a pisar la plaza junto a la playa y, si aún existiera, el restaurante donde cenamos, podría acercarme con más intensidad al recuerdo de mi padre y de aquellos tiempos tan felices.
La gran montaña que cubre el oeste seguía allí, como era de esperar, y su inmensa mole tapaba de tal modo la luz del ocaso que tuve la sensación, al dejar por la popa el faro de Cala Nans, de que entrábamos en las tinieblas. Las luces del pueblo ya estaban encendidas y del contorno de las casas a penas se adivinaba un perfil lívido.
Varamos el dinghy en la playa de guijarros y caminamos hacia la plaza. Elisa, muerta de risa, experimentaba su primer mareo de tierra y se agarraba a mi brazo para mantener el equilibrio, con lo que ambos describíamos eses como dos beodos.
Es posible que cenásemos en el mismo lugar en que, cuarenta y un años antes, lo hicimos mi padre y yo. Es difícil decirlo, pero la ubicación, en la especie de andén que bordea la bahía y bajo la estructura de lo que antaño había sido un baluarte, parecía la misma. Nos sirvieron un excelente guiso de cabracho al estilo de los pescadores, que allí llaman “suquet d’escorpora”, y Elisa volvió a sorprenderme con su capacidad para ingerir más comida que un estibador hambriento.
El cuartel de la Guardia Civil había desaparecido, pero, aunque estaba cerrado, creo que el bar donde los turistas fumaban marihuana sigue allí. Algo sutil, en cualquier caso, había cambiado sin remedio. Intenté evocar el ambiente, las muchachas que sonreían a mi padre, las sensaciones, y tuve que reconocer que ya había pasado demasiado tiempo. Pasé el brazo sobre los hombros de Elisa y me puse a canturrear una canción de aquellas épocas, “where have all the flowers gone”, mientras dirigía nuestros pasos hacia el bar que hay sobre la playa, madurando la posibilidad de tomarme un buen whisky.
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