VIGESIMOCUARTO DIA: 10/07/2007
Cabrera. Es la quinta vez que aparezco por esta isla, pero no me importaría pasar otras cincuenta veces más. Estar en este puerto natural, rodeado de silencio, de aguas claras, de tranquilidad… Es en sitios como este cuando las apetencias de vivir en un barco, rodeado de mar, se hacen más evidentes. Nada de edificaciones altas. Nada de hoteles. Nada de bullicio. Nada de discotecas. Nada molesto…
Bien, aparte de bucolismos, la travesía S’Estanyol – Cabrera fue muy tranquila. Motor con algo de génova en un momento dado (viento del NE F1). Rapala por la popa (también tiene derecho a bañarse, la pobre

) y llegada a las 12:35 HRB (habíamos salido a las 10:07). El tiempo estupendo. No hace calor y el mar con marejadilla.
La ensenada de Cabrera con pocos barcos. Una buceadita para saludar a “mis” nácaras, tortilla de sobrasada y unos espárragos, todo ello regadito con un crianza de ribera de Duero.

Siesta y excursión al castillo para disfrutar de su espléndida vista.
Tarde tranquila, aprendiendo a “no hacer nada”. Al fin y al cabo nos merecíamos el descanso después de la intranquilidad por la avería del alternador. Parece mentira lo que dependemos de la energía eléctrica en un barco.

Y no solo por las cervecitas frías.
Pues nada más por hoy. Os dejo hasta la próxima.
Saludos y a soñar.
