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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#1
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Muchas veces me preguntan sobre las condiciones climáticas de una travesía. Siempre digo que una singladura que se precie, sufrirá de todo: bueno, malo y regular. Mis amigos me preguntan sobre el barco ideal y pocas veces se que responder. Lo tendría muy claro si siempre pudiera hacer navegaciones oceánicas, pero varias veces me ha tocado soportar un temporal del oeste en la costa Portuguesa y hoy puedo contarlo, porque en aquellas circunstancias no gobernaba el barco oceánico ideal. Alguna vez me han confesado un armador amigo, que disfruta especialmente del barco en el pantalán, que aprecia una amplia y abierta bañera y un despejado salón que pueda acoger a muchos amigos. No es el criterio de diseño clásico de Sparkman &Stephens (sentinas profundas, espacio reducido y compartimentado para evitar golpes y desplazamientos violentos en un bandazo, etc), pero es perfecto para el uso que pretende su usuario. No quiero que se interprete esto como una crítica, simplemente porque respeto profundamente todos las formas de entender la náutica y nunca quisiera pecar de soberbia al considerarme más que nadie, simplemente por las millas que pudiera haber dejado bajo mi quilla o situaciones comprometidas en las que me he visto envuelto, pues este último hecho no se si de verdad es algo meritorio o vergonzante. En definitiva, estas cuestiones son siempre un compromiso, pues la elección de algo nos obliga a prescindir de lo otro y viceversa. Si entendemos que es imposible prever todas las circunstancias que pueden acontecer en un elemento natural tan poderoso como es el mar, la elección del velero perfecto, es un complejo problema muy difícil de resolver, si antes no nos hacemos la pregunta: ¿perfecto para que?. Mi planteamiento no trata del barco perfecto, sino de la mentalización mas adecuada., pues quiero pensar que una aventura viene del régimen etimológico del advenir, de lo que nos depara cada recodo del camino y por eso hay que estar preparado para todo, incluso para el naufragio que ha de llegar como una cosa más en el devenir cotidiano. Si en algo me ha ayudado la mentalización en las adversidades, es para tratar de evitar la desesperación. Esta cuestión es fundamental sobre todo si se ejerce de patrón con tripulación. Para ello procuro armarme de estoicismo, proponiéndome estar preparado para todo, tal como debe entenderse una auténtica aventura. Por eso cuando leo o escucho a un amigo que quiere tener todo atado y bien atado, como por ejemplo dedicar horas y horas a la discusión sobre el barco perfecto, acabo comprobando que su rechazo a la incertidumbre, su obsesión por la preparación de la travesía, lo llena de temores y le impide echarse a la mar. El estoicismo, supone un sometimiento liberador. Parece una contradicción pero intentaré explicarlo: De nada sirve rebelarse, enfadarse, maldecir… cuando antes se adquiera la mentalidad de sometimiento a las circunstancias, antes dejaremos de sufrir. Por otra parte, al someternos, de alguna manera nos fundimos con el viento, con el barco, con el mar y las olas. Acabas sintiendo dentro de ti lo que ocurre en la perilla del palo, notando en tu piel el fluir del agua contra la carena, sincronizando con tu corazón la tensión de la jarcia contra el forro, como un latido, como algo que está tan dentro de ti de forma inconsciente como la respiración o la circulación sanguínea. Ocurre con la jarcia algo parecido a lo que le pasa al ciego con el bastón. Se convierte este en sus ojos e incluso lo inspiran porque le ayuda a componer una imagen visual y a su vez, le transmite las texturas, los ruidos más o menos agudos que produce una superficie más o menos densa. Cuando finalmente se alcanza esa integración, sentimos una plenitud e incluso euforia, al apreciar que hemos vencido nuestros miedos y que hemos comprendido nuestro verdadero e ínfimo papel en un entorno tan rutilante y poderoso como es el mar. Alguna vez he tenido ocasión de comentar con camaradas solitarios y me han transmitido que esa sensación, incluso puede llegar a ser peligrosa, pues en determinados momentos puedes perder incluso el instinto de supervivencia. Dicen que han encontrado a muchos ahogados con la bragueta abierta. Es posible que el tener que ocupar una mano a liberar algo muy reducido por el frío, entre numerosas capas de ropa técnica y otra aferrándose al backstay, es una actividad muy peligrosa. Por eso (permítanme lo escatológico), cuando navego en solitario con mal tiempo no me corto y uso directamente la bañera. Sin embargo (no se si algún cofrade lo ha notado como yo), a mi me ha ocurrido que en una noche maravillosa mientras contemplo la estela iluminada por el plancton fosforescente, he sentido el impulso de tirarme. Siempre ocurre cuando he sentido el mar vivo como un corazón palpitante, cuando entendí que aquello era un todo de lo que yo formaba parte, de una fusión con el medio donde he pasado un tiempo trascendental de mi vida. Cuando lo pienso, dudo sobre mi estado mental y quizás por aquello de que mal de muchos, consuelo de tontos, me pregunto si alguno de ustedes, sintió una sensación similar a la mía. Un fraternal abrazo.
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| 5 Cofrades agradecieron a Prometeo este mensaje: | ||
desvelada (15-10-2010), Dibujito (15-10-2010), malamar (17-10-2010), pulpin (30-11-2010), sailparadise (19-11-2013) | ||
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#2
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Coincido con vos en lo del barco perfecto: No existe el barco perfecto. El barco perfecto para qué? para qué mares? qué situaciones? Cuanto mucho existe el barco "muy bueno". Pero todos, todos vienen con algún defecto de diseño o de construcción que aunque leve, el patrón lo nota alguna vez.
En cuanto al estoicismo y el sometimiento liberador te digo que después de andar un tiempo navegando en determinado barco, y conociendo sus defectos, uno se acostumbra a ellos, sabe como manejarlos y terminas sintiendo lo que dices, que uno es parte de ese todo: barco, agua, viento, jarcia, velas. Y es verdad que te confías tanto en esto que no existe más el temor y hasta llegas a la imprudencia por demasiada confianza en vos y en los elementos. Por último. Es maravilloso ver en noches tibias, con luna y mar tranquilo, las noctilucas que iluminan la estela. Es de las cosas mas bellas que uno puede ver en el mar. Nunca deja de sorprenderme la visión de la fosforecencia. Pero de ahí a querer tirarme al agua, no. A lo sumo me gustaría saber cómo se ve desde debajo del agua, digamos a unos 2 o 3 metros de profundidad, cómo se ve esa turbulencia mientras pasa nuestro barco. Salud. |
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#3
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El barco perfecto es aquel que se adapta a lo que tú quieres hacer con él ... y acaba por no existir porque siempre acabas queriendo hacer algo más .... pero como habéis dicho, existe el barco muy bueno. A veces, cuando me he encontrado con una linda tormenta en un barco muy amplio y confortable, he pensado que por qué no había más asideros pues atravesar el salón de uno de estos en esas condiciones puede ser un verdadero peligro ... pero también me he encontrado en una cala estupenda con el barco lleno de gente y deseando tener una bañera más amplia.
No se puede tener todo, es así de simple .... En cuanto a lo del estoicismo, lo cierto es que al final uno tiene que adaptarse a lo que tiene a mano, o acabará siendo un desgraciado, pero tampoco me han entrado unas ganas especialmente intensas de tirarme al agua en alta mar y en plena noche ... aunque alguna vez he parado el barco y me he dado un baño en alta mar a la luz de las estrellas, claro que en verano y con calma chicha. Pienso que lo importante es al final hacer lo que te gusta, o lo que más se aproxime a ello... ![]() ![]() salud!!!!! |
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#4
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El velero perfecto si exsite..... pero no está al alcance de nuestros bolsillos.
![]() Saludos. ![]()
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![]() El cruce del Atlántico y posterior estancia en el Caribe de El Temido lll (2014/2016) http://foro.latabernadelpuerto.com/s...d.php?t=145184 |
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#5
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Me da la sensación de que has llenado tu hilo de churras, merinas y serranas, le voy a meter yo algunas más.
Hace unos días venía con un cofrade para España por el Mediterráneo desde por allí..., en una travesía en la que había empezado a hacer 'mío' su barco en pocos días. Sentía, como dices, la jarcia, las velas, el ruido y frecuencia del motor, pensaba sin mirar en la posición de cada herraje o cabo del acastillaje. Me metí en un barco desconocido una semana y traté de sentirlo parte de mi, para hacer frente cualquier contingencia de la navegación o la vida a bordo, esforzándome por adaptarme en muy pocos días. El patrón, Capitan Teach, vive cuatro meses a bordo. El barco es su hogar, su medio de transporte, su refugio, su vida, es parte de su ser, con sus defectos y virtudes. Eso era lo primero que debía aprender. Cada movimiento que yo hiciera estaba calibrado y controlado por él, un tipo meticuloso y preciso, como si de rozarle su piel se tratase. Me gustó esa experiencia de convivir con un ser único, mitad material, técnico, robusto pero rompible, mitad humano, inteligente, voluble, frágil o decidido. Hombre y barco, en su faceta de Centauro. Mis churras. No sé si ibas por ahí... Prometeo. En las nocturnas, atado a la linea de vida, con MOBs electrónicos, y sin mear por la borda para no fallarle al jefe, el temor es caer y verme envuelto en una incertidumbre cierta. La última mañana, le dije: 'miramé, que voy a mear por popa' Debió pensar, 'este tío es un suicida'. Y no, el problema es que por principios meo y demás, por la borda de toda la vida, aunque en ocasiones se deban hacer excepcionnes; nunca pienso en tirarme, sino en no caerme... En carretera nunca pienso en matarme, pero me aterra que me maten. Mis merinas ![]() |
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#6
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Son muchas cosas mezcladas, por eso acepto la crítica que hace referencia a las churras y las merinas, sin embargo creo que se debe mas a mi tendencia a enrollarme que a una falta de línea argumental.
Quizás con una metáfora lo explice mejor: Últimamente compruebo que la gente cree en la media naranja. Cree que hay alguien perfecto en algún lugar del mundo que encajará de forma precisa con su manera de ser. No hace mucho escuche a unos expertos couchings una conversación privada. Hablaban de su relación de pareja. Una mujer joven muy brillante que se precia de ayudar a los demás, decía: ya sabe mi pareja que yo voy con el paquete completo, me toma o me deja, pero es lo que hay. Me pareció una tiranía y un desconocimiento del verdadero amor. Cuando pregunto a algunos jóvenes sobre el hombre o la mujer perfecto, noto que los ojos les hacen chirivítas y cuando empiezan a describirlo, les contesto; el hombre o la mujer perfecta no existen porque sino tendrías que cambiarlos todos los años. Así ocurre que una cosa es la pasión y otra el verdadero amor. La pasión nos tiraniza a nosotros y a nuestras parejas, el verdadero amor aparece cuando aceptamos los defectos del otro y así acabamos aceptándonos a nosotros. Surge entonces la toma de conciencia y un binomio que acaba generando el amor verdadero. Con los barcos, con la toma de contacto con la naturaleza, ocurre algo parecido. Cuando buscamos el velero perfecto, nos estamos apartando del camino y sin embargo cuando nos entregamos y disfrutamos incluso de nuestras limitaciones, de las de nuestro barco o de las condiciones que no son las evoca una maravillosa postal, aún a pesar de eso o gracias a eso, es cuando nos fundimos, cuando aparece ese impulso incluso a entregarse a lo que nos parece forma parte de nosotros mismos. |
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#7
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Para responder a tu pregunta te copio un fragmento de un relato que escribí en el 2009, pero claro, todo parecido con la realidad es....
Estuvo contemplando la luna, hasta llegar a pensar que quizás podría sufrir alguna transformación. Cuando ésta también se ocultó en el horizonte, se podían divisar el halo de la isla y los de la península a la vez. Varias poblaciones, varias lenguas y el mismo mar. El cielo rebosaba de estrellas y contempló algunas fugaces. Downstream sonó entre las canciones aleatorias de su reproductor y se emocionó sin poder recordar ningún momento preciso asociado a ella. Se adormeció con las otras, confiada en la alarma del radar y del navegador. Un bandazo la despertó, se levanto y, asida al guardamancebos, se asomó al balcón de popa. Miró embelesada cómo la estela turbulenta de agua se iluminaba continuamente con luces fosforescentes, que quizás eran plancton las pequeñas, y medusas las grandes bolas. ¿Una defensa contra la agresión de la hélice y el roce del barco? No lo sabía pero daba igual: era tan hipnóticamente bonito... Lejos ya no se veía nada que recordara a la brisada isla. El agua más osbcura todavía. Hacía calor y pensó en que ésta quizás no estaría muy fría. Cuanto tardaría en morir si un golpe de mar la tirara al agua? Sería tan fácil como parecía? Por qué le tentaba esa idea? Entonces recordó que había prometido ponerse el chaleco y no lo hizo. Pensó en alguien que dejaba en tierra y en el confiado patrón que dormía en el camarote. Apartó esos pensamientos de su mente para poder continuar, y buscó una alegre canción. |
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#8
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La mayoría hemos vivido momentos inolvidables en barcos cotrosos y viceversa, es un factor más pero ni el único ni el primordial.
Yo me he sumergido en la ardora en alguna ocasión, la sensación es maravillosa y espero no perder nunca la capacidad de asombro que nos sigue brindando el mar a los que lo disfrutamos. Hermoso hilo ![]() |
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#9
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Qué bonito hilo
![]() ![]() ![]() La perfección no existe, salvo en la imaginación. Navegando a vela en óptimas condiciones climatológicas, sin más rumor que el del viento conta las velas y la mar contra el casco, sin más visión a tu alrededor que el inmenso azul, sin más sensación que el abandono a los sentidos y la caricia de la brisa en la piel... cualquier velero es perfecto. Estos momentos mágicos en los que se alcanza la simbiosis íntima entre ti mismo y todo lo que te rodea, llegan como un regalo sin esperarlos y contadas veces, por eso son mágicos. Si fuera siempre así no lo sentiríamos con tanta intensidad, y la profunda atracción desaparecería, porque se convertiría en cotidiano y tedioso. Por eso creo que el contrapunto necesario para que suba la adrenalina y luego te empapes de paz, son los temporales, las limitaciones del barco en condiciones adversas y los contratiempos. |
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