Hace unos 3 años, después de años domingueros por las preciosas calas mallorquinas e incursiones veraniegas a Ibiza y al mítico Es Palmador de Formentera, mi hijo Camilo, de 21años, y yo, nos propusimos echar un vistazo a la tierra que alumbró a Napoleón, Ajjaccio en Córcega, en un velero Hunter de 14 metros. Convencimos a la Almiranta y no fue necesario hacerlo con Carlos, de 13, que estaba encantado con la aventura. Eran 3 días de navegación a comienzos de agosto...., pero la meteo no acompañó. Salimos de Palma con mal tiempo, marejadilla con areas de marejada hasta la Colonia de Sant Jordi donde dormimos. Luego decidimos hacer tiempo en Cala D´Or, puerto de lujo del este mallorquín donde las Sunseekers de tdas las esloras se convierten en un paisaje a la vista de los turistas de a pié. Logicamente dicho puerto plagado de restaurantes y comodidades no era muy del agrado de Camilo, que tras 2 días de espera estaba rabioso por salir.
Y al fin partimos.
Lo que sigue a continuación es su relato. Que conste que no estoy de acuerdo en muchas de sus apreciaciones y no me gustan algunos comentarios sobre mí. Pero es lo que él vivió y como tal lo transcribo.
Fueron 3 días y 3 noches interminables con un mistral que limpiaba el cielo de la noche como nunca he visto ni creo que lo vuelva a ver. Fueron 3 días de sufrimiento y temporal 8-9 de supervivencia con mi mujer y Carlos sin salir de la cabina que estaba cerrada a cal y canto. La consigna entre Camilo y yo fue la frase de Alonso de negociar las curvas. Había que negociar cada ola tomándola por la aleta. Atravesarse hubiese sido el desastre. Este es su relato: