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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#1
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Algunas veces para explicar un concepto, no hay nada mejor que contar una historia. Unas veces es una metáfora o un cuento y otras una historia real como la que yo intento relatar.
Esta historia aconteció en un pequeño pueblo de la Costa da Morte (mejor dicho: como debe ser en Galicia, aconteció a caballo entre el mar y la tierra) Quizás este pequeño acontecimiento merecía ser más estudiado, por la misma razón que nos interesa saber las causas de unas utopías perdidas como las células bolcheviques, la comuna de París o los Kibutz. Se trata de una historia que comienza en Muxía con el descubrimiento del caladero de “O canto”. Fue hace ya cuarenta años gracias a lo que aprendió por el Caribe el señor Jesusíño Insua y a su experto conocimiento de los rudimentarios y escasos aparatos de navegación de la época Cuando los marineros de Muxía (digo marineros y no pescadores, porque a nuestros hombres de mar no les gusta el segundo término para distinguirse de los pescadores aficionados) descubrieron o Canto, aquello fue una mina de oro que no tenía dueño. Todos acudían día y noche sin parar, sin dormir, reventando los motores de los barcos para poder calar los palangres antes que los demás. Los barcos de pesca volvían escorados con la línea de flotación muy superada, con dificultades para avanzar, sobrecargados por el fruto de su faena . Aquello era una riqueza, pero era un sin vivir y además como pronto se llenó la lonja de abundante pescado, los precios cayeron a plomo. Pasó entonces que aquel tesoro, solo les daba trabajo y calamidades, pero poco rendimiento. Acordaron formar la “Compañía” que duró varios años y estableció un sistema ejemplar que no tenía parangón en todas las cofradías de la geografía peninsular. Toda la venta en lonja se repartía equitativamente entre los barcos, daba igual su tamaño, tripulación o potencia de motor. La pregunta era... ¿pero se pagaba a todos igual? Entonces era una tontería tener un barco grande Bueno no fue así: Al administrar el recurso la gente ponía pescado en lonja en función de la demanda del mercado y la compañía autorregulaba sus capturas. Por esa buena gestión se ganaba mucho dinero. La gente de mar, para demostrar que les va bien, compran un barco mas grande Pero eso era una tontería ¿porque comprar un barco más grande para repartir el mismo beneficio? Es estúpido. Los gastos aumentan y los ingresos son los mismos. Efectivamente, pero el ser humano además de cubrir sus necesidades básicas necesita el prestigio social y eso lo da en un puerto marinero, el ser armador de un barco grande con un gran motor. Cuando algunos tomaron el camino de la “carrera armamentista” , otros le siguieron y los que inteligentemente siguieron usando su barco de siempre tenían mas beneficios. Los que tenían un barco mas grande, se dieron cuanta que tenían iguales ingresos y mas gastos y por tanto menos beneficios que los armadores de barcos pequeños y se movilizaron para acabar con la Compañía, Al de anularse la regla equitativa, que inspiró los principios de la Compañía, los barcos volvieron a la mar como al principio, compitiendo todos contra todos y en poco tiempo esquilmaron el caladero. Lo que era fuente y maná de riqueza ingente, en poco tiempo se convirtió en erial y los hijos de aquellos bravos marineros, se vieron forzados a emigrar. Por desgracia, para ser más que nuestro vecino no pensamos en ser mejor persona, o mas sabios, sino en poseer mas símbolos de ostentación. La de la Compañía es una historia real y una fábula al mismo tiempo, que se me antoja es de interés universal al servirnos para reflexionar sobre la estupidez humana. Editado por Prometeo en 13-10-2010 a las 22:19. Razón: error |
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