Empecé Por Acidente Y No Pienso Dejarlo
Todo empezó aquel funesto día que, por un tropezón absurdo, terminé en el quirófano para que me operaran la pierna. Suponía meses de baja, meses de rehabilitación, meses de no poder valerme por mi misma, meses sin poder jugar la padel……Tiempo, demasiado tiempo para una mujer inquieta como yo. Y cuando eres inquieta y no te puedes mover….el tiempo pasa tan despacio.
Cuando por fin me dejaron apoyar el pié sosteniéndome con las muletas, me sentí como Neil Amstrong “un pequeño pasa para el hombre, pero un gran paso para mi”. Cogí a mi buen amigo, al que cariñosamente voy a llamar “El Pesca”, y le pedí que me llevara a pescar. Necesitaba que me diera el aire, algo más de lo que me daba para ir de casa a rehabilitación y de rehabilitación a casa. Fue mi primera vez, en un día radiante de Noviembre en Sevilla, en los que el frío es más por el miedo que por el que hace realmente. Con cuidado llegué al borde del río, “El Pesca” me preparó el panier y allí me senté. Le vi preparar la inglesa con esmero, empatillar el anzuelo, colocar el cebo….cada cosa con un cuidado minucioso. Lanzó, cebó, y al momento picó el primero. Me dio la caña y me dijo “Venga”. “¿Yo? Si no tengo ni idea, hazlo tú”. Pero si yo soy testaruda, mi querido amigo “El Pesca” lo es más, así que cogí la caña y fui siguiendo sus indicaciones…Ese día saqué tres barbos, y cuando volví a casa, en lo único en que pensaba era en volver a repetir la experiencia. “Tengo que aprender a empatillar, y en cuanto pueda estar de pie, tengo que lanzar….” En casa le conté a mi marido como me había ido, lo mucho que me había gustado. Se reía, no entendía como a alguien como yo podía gustarle algo como pescar. Y eso es algo que me pregunta la mayoría de la gente que conozco, que qué he descubierto en la pesca que me llena y me atrae tanto. Y yo digo lo mismo, hasta el día más malo de tiempo, hasta no habiendo pescado nada de nada……hasta esos días son buenos. El río, la corriente, la tranquilidad, la espera, el pensar en “¿qué he hecho mal para que no piquen y poderlo cambiar?”u “hoy lo estoy haciendo bien porque la cosa marcha”. Desde aquel primer día han pasado varios meses. Ya tengo mi propia caña y todas mis “cositas”, y aunque me encanta seguir yendo a pescar con mi amigo “El Pesca”, no sólo por todo lo que aprendo sino porque es un placer disfrutar de su compañía, cuando voy sola y soy capaz de pescar varias piezas…..que satisfacción. Mis compañeras de trabajo y mi jefe se ríen porque los viernes a medio día me voy un par de horas o tres al río a pescar para luego volver al trabajo “¿Te merece la pena?” Hombre, si en vez de tres horas pudieran ser 5, estaría mejor, pero en esas tres horillas de tranquilidad desconecto de todo, sólo estamos el río, mi inglesa y yo, y cuando nos visita algún barbo, es cuando empieza la fiesta.
Así que, no hay mal que por bien no venga. Me han preguntado que, cuando pueda volver a las pistas de padel si dejaré la pesca. “¿Dejarlo? Noooooo, esto para mi ha sido todo un descubrimiento. ¿Pesca o padel? Me quedo con los dos”
Pd: Tengo que agradecerle a mi amigo “El Pesca” la paciencia, el enseñarme cada día un poco más, el no dejar que me desanime cuando la cosa no se da tan bien como me gustaría, pero sobre todo, el haberme llevado ese primer día a pescar. Gracias.
Ladyfish
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