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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#1
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Buenas noches y rondas de lo que prefieran para todos. Pónganse cómodos.
Aunque llevo años visitando la taberna, soy recién registrado, por aquello de que me he decidido a intervenir un poco. Soy navegante desde que tengo uso de razón, y en mis propios veleros navego desde hace más de veinte años, por lo que tengo montones de dudas técnicas, marinas, meteorológicas, y alguna que otra sugerencia. Pero sobre todo, en esas largas horas de guardia, en esos fondeos siempre tan cortos, no importa el número de días que pases en ellos, se me va siempre el tiempo con la mente entretenida en historias imaginarias. Historias que luego escribo, y que de vez en cuando comparto. Hoy me voy a atrever a subir el inicio de un relato marinero. Y vaya un aviso por delante: no pretendo otra cosa que hacer pasar un rato agradable. No busco confrontación, ni quiero molestar absolutamente a nadie. Se trata de una simple elucubración mental. De todas formas, y por si acaso, vayan también mis disculpas por adelantado si alguien se siente ofendido, ya que nada hay más lejos de mi intención. Ya que somos "piratas", aunque algunos de momento no pasemos de grumetillos, empiezo por una historia de piratas..., que he titulado, por cierto, "El sueño de Peter" −¡Hola! ¿Conoces un barco que se llama Saroyan? Levantó la cabeza del winche que estaba terminando de volver a montar y se quedó mirando a la joven que se había detenido en el pantalán, a la altura de la popa de su propia embarcación. No tendría más de veinticinco años. Quizás veintidós o veintitrés. Vestía una camiseta de algodón, con una foca bajo una leyenda que no pudo leer, y unos tejanos viejos muy cortos, tipo shorts, acabados en unos flecos bastante desiguales. Se cubría del implacable sol del medio día con un gorro de paja, tan usado como el resto de su indumentaria. A juzgar por las sandalias de cuero, sus collares, y el moreno de su piel, en la abultada bolsa que colgaba de uno de sus hombros a la espalda podía encontrarse toda su vida. Volvió a fijar la vista en el winche, para terminar de colocar la tapa superior. Era bonita. No estaba arreglada, ni llevaba el pelo cuidado, pero con un poco de atención, podría resultar verdaderamente atractiva. Es posible que aquel encuentro concluyera en algo interesante. −Podría ser.− Se limitó a responder por fin, levantando de nuevo la mirada. La boca de la muchacha reflejó un mohín de disgusto o impaciencia, que le llevó a él mismo a fruncir el ceño. Iba a tener que comportarse con delicadeza, si quería alcanzar los propósitos que se estaba haciendo en esos momentos. −Por aquí pasan muchos barcos.− Añadió, procurando sonar menos displicente que en su anterior respuesta. −Si me das alguna pista, a lo mejor puedo ayudarte. La joven pareció tener que meditar algo durante unos segundos. Luego, sin demasiadas prisas, se agachó, hasta sentarse en el borde del muelle, con los pies apoyados en el escalón que tienen todos los pantalanes centrales para facilitar el atraque. −Bueno, verás.− Empezó. −Estoy buscando a una amiga y lo último que sé de ella es que conoció a un joven que vivía en este puerto, a bordo de un velero que se llamaba Saroyan, o algo así. Mientras ella terminaba de hablar, él se incorporó y pasó al lado contrario de la bañera, acercándose a otro de los winches, con la intención de proseguir con su rutinario mantenimiento. No obstante, de momento, se limitó a apoyar una mano sobre el mecanismo. Estaba interesado en lo que decía aquella chica mucho más de lo que ella podía imaginar, pero no quería que eso fuera tan evidente. |
| 21 Cofrades agradecieron a Yan Yun 3 este mensaje: | ||
ANTARTIC (06-03-2015), ayapitas (07-03-2015), caribdis (05-03-2015), charran (05-03-2015), Chusin9 (09-03-2015), davideolo (07-03-2015), Dibujito (06-03-2015), forner82 (06-03-2015), gaxefer (07-03-2015), Harlock (05-03-2015), humberto (15-03-2015), iMystic (06-03-2015), Jolife (05-03-2015), kiqu (06-03-2015), Loquillo (06-03-2015), nalari (06-03-2015), nihao (06-03-2015), pixuetu (10-03-2015), Prometeo (05-03-2015), Pura vida 361 (06-03-2015), Sabandijo (09-03-2015) | ||
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#2
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Pues no empiezas mal! A esperar las siguientes entregas.
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#3
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Me gusta.... Esperó ver como sigue.
Unas para que fluya la inspiración |
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#4
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Esto promete
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#5
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borracho:
![]() ![]() Editado por HIPPIE en 06-03-2015 a las 06:05. |
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#6
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Lo sigo, lo sigo......
![]() Últimamente se están viendo unos relatos muy interesantes en esta taberna ![]() ![]()
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Hay un mismo amanecer para todos, pero distintas formas de ver el horizonte. Socio de ANAVRE https://veleroironia.blogspot.com/ |
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#7
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Como he dicho en su presentación mi buen amigo y mejor maestro podrá iluminarnos con buenas aventuras y grandes lecciones.
Quiero agradecer en esta taberna las largas horas dedicadas por este cofrade, tanto en mi como en otros con los que hoy compartimos una pasión por el mar. Grandds aportaciones podrá hacer y aventuras podremos disfrutar, evidentemente son mas gratas cuando se escuchan en la bañera de nuestros barcos entre maniobras y fondeos. Una rondita mientras esperamos el siguiente capítulo. ![]() |
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#8
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Yo, si entro en La Taberna y veo una mesa en la que se habla de tubos de escape y otra en la que un cofrade cuenta una historia, ya sé donde invitar a una ronda, sin duda.
Me encanta el rollo foro-narrativo! ![]() PD: eso sí, a ver si las entregas son mas largas, leñe, que se acaban antes que las jarras de ron! |
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#9
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| Los siguientes cofrades agradecieron este mensaje a Atarip | ||
jacarejack (05-03-2015) | ||
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#10
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Cita:
Esto promete, a ver pues. ![]()
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Allá donde habita la libertad, está mi patria |
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#11
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Esto promete.... Aunque no estaría mal que fuera un poco más extenso....![]() ![]() ![]() |
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#12
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Buenas otra vez. Y muchas gracias por la acogida.
Siento la exigua extensión de mi primera entrega, pero se trataba de una simple prueba, algo así como asomarme a la ventana a ver cómo pintaba el día. Aquí va otro trozo más y vuelo para el curro, que llego tarde.![]() −Como podrás comprobar por ti misma, aquí hay una gran cantidad de barcos. Todos los días entran nuevos, mientras otros se van. Si me pudieras decir lo que sepas de ese joven, quizás pueda dirigirte al barco que buscas. El sol no invita a andar recorriendo todo este mar de cemento sin saber exactamente dónde ir. ¿No te parece?− Ella sonrió. Empezaba a relajarse algo. −Por cierto, me llamo Peter. Ella volvió a sonreír y se apresuró a presentarse a su vez. −Yo soy Susana. Encantada. −¿Quieres subir? Debajo del toldo no se está nada mal, te lo aseguro. Me estás dando calor sólo de verte. Por el modo en que le brillaron los ojos a la muchacha al recibir el ofrecimiento, él se percató de que nunca antes debía haber subido a un velero. Estaba de suerte. Si jugaba bien sus cartas, podría impresionarla y todo. −Espera, que te ayudo.− Añadió, levantándose y olvidando para siempre la revisión de la maquinilla. No tenía la pasarela puesta, y entrar implicaba arriesgarse a terminar en el agua si uno no daba el salto con decisión. Tomó su mano sin pensarlo dos veces y la ayudó. −Pasa, pasa.− La invitó, al tiempo que la soltaba. −Siéntate donde quieras.− Él mismo se recostó en el lugar del que se acababa de levantar, y prosiguió: −A ver ahora si puedo hacer algo por ti. ¿Sabes cómo es ese barco? Susana negó con la cabeza no muy segura. −Sé que es de vela y que no debe ser especialmente grande. No sé, me dijo algo así como diez o doce metros. ¿Podría ser? Él sonrió. No parecía haberse fijado jamás en la existencia de los barcos de recreo en los puertos deportivos. Seguro que nunca había asomado su cabecita por el tambucho de ninguno. Eso le iba a ser muy útil. Hasta soñaba ya con conducirla de vuelta a bordo, después de una romántica cena en alguno de los restaurantes de la marina. Siempre que la amiga a la que buscaba no pusiera pegas, claro está. −Pues sí podría ser.− Respondió por fin. −De hecho, la mayor parte de los barcos que puedes ver a tu alrededor tienen esa eslora. Los hay bastante mayores, como es natural, y también mucho más pequeños. Por lo que me cuentas, si vive en él un hombre solo, lo normal es que esté entre esos diez o doce metros que te suenan.− Hizo una pausa, aprovechando para admirar el verde esmeralda de sus ojos, que parecían brillar de una forma especial con el interés con que ella estaba siguiendo sus palabras. Luego, añadió: −¿Puedes decirme si era el casco blanco, azul, verde, rojo tal vez? ¿Un palo? ¿Dos?− Ella se limitó a negar con la cabeza, adoptando una expresión preocupada, como si fuera consciente de que lo normal es que hubiera tenido que conocer esos datos para poder dar con el barco en cuestión. Él continuó. −Bueno, tampoco hay problema. La verdad es que aquí no hay tantos barcos. ¿Has probado en la torre?− Ella pareció no comprender. −En capitanía.− Añadió él. −Es allí donde se lleva el control de los barcos que hay en cada momento en el puerto. Es allí donde se paga, así es que, imagínate.− Ella sonrió. −Claro, allí tienen que conocer todos los barcos. Por un instante se posó una sombra de duda sobre los hombros de Peter. Había cometido un error enorme al decirle eso a la muchacha y no se daba cuenta hasta ahora. Había dejado de ser imprescindible para su búsqueda, que es lo que había pretendido. −Si te parece bien,− dijo, intentando arreglarlo, −puedo acompañarte allí. −Te lo agradezco, pero no quiero molestarte. Bastante he hecho apartándote de lo que estabas reparando. Peter pensó que no iba a dejar escapar la oportunidad de pasar, aunque fuera, un rato agradable en buena compañía, y se apresuró a interrumpirla. −¡Qué va, te equivocas! Si lo que estaba haciendo era desmontar los winches para engrasarlos un poco. Es algo que hago una vez al año. No pasa nada por dejarlo para otro día. Al contrario, será un placer ayudarte. Parece que vienes de lejos. Ella agachó los ojos y asintió, con un cierto aire de ensoñación. −Pues la verdad es que sí.− Parecía que ahora venía la historia de su vida. Sin embargo, no prosiguió. Se limitó a perder sus pensamientos en el extremo de sus manos apoyadas sobre su regazo, y sólo volvió a repetir: −De muy lejos sí. Si no le apetecía hablar de ello por el momento, a él poco le importaba. Tenía ciertas expectativas para el futuro, y el pasado de Susana le traía bastante sin cuidado. Lo que ahora le preocupaba era evitar que saliera de su alcance sin poder evitarlo, así es que se apresuró a insistir en su ofrecimiento. −Aguarda un instante, que voy a por mi sombrero. Tiene que estar en algún sitio.− Al decirlo, estiró el brazo por dentro de la cabina, como si temiera que ella se marchara si se le ocurría bajar a buscarlo. −No hay que desafiar a este sol en días como hoy. −¡No te molestes, de verdad!− Insistió ella. −¡Aquí está, ya estoy preparado!− Contestó Peter, sacando un gorro tan viejo como el que llevaba la muchacha. −Descuida, que no es molestia.− Mientras decía eso, pensaba a toda velocidad cómo lograr que ella no sospechara el incierto interés que le movía a mostrarse tan diligente. La forma en la que la chica intentaba que no la ayudara tanto, le hacía adivinar que le había catalogado como una especie de ligón o algo semejante. Tenía que defenderse. −Verás,− empezó, con el sombrero ya encasquetado, y a punto de bajar al pantalán, −yo también vivo solo en mi barco. Hay veces que paso días sin decir otra cosa que good morning a mis vecinos. Perdona si te parezco demasiado impulsivo, pero es que no puedo desaprovechar la oportunidad de charlar un rato con una persona agradable, como tú me has parecido en cuanto te has dirigido a mí. En lugar de una molestia, como puedes comprender, para mí es un placer acompañarte y poder ayudarte hasta que hayas resuelto todos tus problemas. Si no te importa claro.− Acabó la frase en un tono dubitativo, como si le estuviera preguntando directamente si podía ir con ella. |
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#13
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Mas mas mas
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#14
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Un poco más. (Llevo un par de días en la Taberna y mi mujer dice que estoy enganchado...
) −Te lo agradezco mucho.− Respondió Susana. −Yo casi siempre viajo sola también,− añadió −y en ocasiones intento cuidarme demasiado de los que me rodean. Peter saltó al muelle sonriente. −Entonces, en marcha. ¡A tu servicio, Peter el busca barcos! Un buen rato después se sentaban frente a frente en una de las mesas de uno de los restaurantes del puerto, separados por una fuente generosa de ensalada y algún que otro plato de pescaitos fritos. La gestión en la torre había resultado fructífera a medias. En efecto, había habido allí un barco llamado Saroyan. Se había marchado la semana anterior. Y sí, era posible que fuera en él una chica acompañando al patrón. Tras aquella mala noticia, Peter se había dado cuenta de que la joven se había quedado algo descolocada. Parecía que no había pasado por su imaginación que su amiga no estuviera allí aguardando su llegada. Daba la impresión de no tener previsto el siguiente movimiento. Él, por su parte, la verdad es que también se había visto sorprendido. Había soñado desde el principio lo que le gustaría llegar a intimar con aquella muchachita tan atrayente, pero nunca había creído que pudiera llegar a resultar tan sencillo. Sin su amiga y completamente sola, bueno, se hacía algunas ilusiones. Por lo pronto, aprovechando un momento de debilidad de Susana, había logrado convencerla para que ahogara sus penas delante de una buena comida. Como había supuesto, había tenido que vencer una primera resistencia. Al final había conseguido que ella aceptara sentarse en la mesa con él, aunque con la condición de pagar a medias. Luego, después de enterarse, entre otras cosas, de que era cierto que ella no tenía la menor idea de lo que iba a hacer a continuación, un plan comenzó a madurar en su cabeza. Era algo bastante descabellado, lo reconocía. No obstante, podía resultar. −Verás.− Comenzó, tras echar un trago de la jarra de cerveza con la que se estaba acompañando. −Lo primero de todo es que no quiero que vayas a pensar mal de mí por lo que voy a proponerte.− Ella se echó hacia atrás y se quedó mirándolo directamente a los ojos, con una incierta sonrisa que podía significar muchas cosas, y que desde luego no contribuyó a apaciguar su creciente nerviosismo. −Ya sabes que vivo en mi barco.− Prosiguió él. −Que me gano la vida haciendo trabajillos aquí y allí. Sólo lo justo para vivir y mantener con cierta decencia mi cascarón. Que lo mismo estoy una temporada en este puerto, que en el de más allá, que al otro lado del charco.− Esto último era de momento un sueño, pero todo se andaría. −Lo que quiero decirte es que estamos en verano, hace buen tiempo en todas partes, ahora mismo he ahorrado lo suficiente para permitirme unas pequeñas vacaciones y, bueno,− Hizo una pausa para tragar saliva, bajó los ojos un instante y, cuando los levantó de nuevo, concluyó: −que estoy dispuesto a dejarte subir a bordo para buscar a tu amiga. Si es que no tienes otra cosa mejor que hacer, naturalmente.− Se apresuró a añadir. Las cejas de la muchacha se levantaron con una expresión de asombro y el trozo de calamar frito se quedó a medio camino de su boca. −Pero, ¿cómo vas a hacer una cosa así?− Respondió por fin, en un tono de absoluta incredulidad. El sonrió, mientras pensaba para sus adentros que algo le decía que aquello iba a salir bien. −Pues es lo que hago siempre.− Contestó, procurando sonar relajado. −Un día me levanto con ganas de viajar, suelto amarras y me voy. No veo qué diferencia puede haber entre hacerlo porque sí o porque voy buscando a alguien. Ella negó con la cabeza, al tiempo que permitía al calamar cumplir con su destino. −No me lo puedo creer. Al final va a ser verdad eso que dicen de que los marinos estáis todos un poco tocados. −Comprendo que te pueda sonar precipitado.− Insistió Peter. −Pero es que nos llevan una semana de ventaja. Por lo demás, es mucho más normal de lo que tú puedes imaginar eso de embarcarse en el barco del primer desconocido que se cruza en nuestra derrota. No debe sorprenderte demasiado. Si he de ser sincero, hay algo de verdad en eso que dices sobre los marinos. Formamos una comunidad especial, separada del resto de los mortales, lo que nos hace comportarnos de una manera un poco diferente a lo que otra persona, a lo mejor, consideraría como corriente. También es verdad,− añadió, no dejándola interrumpirle, −que no nos conocemos de nada. Pero eso no es un obstáculo, sino más bien un aliciente. Una mera cuestión de confianza. Yo te aseguro que soy un buen tipo y que te puedes fiar de mí; y opino lo mismo de ti. ¿Qué te parece? ¿Estás dispuesta a pensarlo, por lo menos? Ella seguía moviendo la cabeza con expresión de no dar crédito a lo que estaba oyendo. −Suponiendo que nos fuéramos de verdad a buscarles, ¿cómo íbamos a encontrarles? Él sonrió de nuevo y aprovechó para volver a prestar atención a la comida de su plato. Estaba seguro de que se iba a embarcar con él. ¡Lo iba a conseguir! ¿Quién se lo hubiera dicho aquella misma mañana cuando se despertaba? −Ya, el mar es muy grande, ¿verdad?− Repuso. Tomó un nuevo trago de cerveza y se recostó sobre su propio respaldo. Le gustaba hablar de lo que más conocía. −Sin embargo, para nosotros los navegantes, no es tan inconmensurable como para los demás. De hecho, hasta resulta bastante pequeño. Es muy sencillo. Estamos en un puerto de Almería, de manera que tu amiga ha zarpado o hacia estribor o hacia babor. Ir hacia el oeste no se suele hacer mucho por estos lugares. El Estrecho está muy cerca y después, ¿qué? Los que van a cruzar el Atlántico son los únicos que enfilan esa dirección, junto con los extranjeros que vuelven a casa. A tu amiga no la veo yo en ese rumbo. Por supuesto que me puedo equivocar.− Concedió, echándose hacia delante. −Sin embargo, algo me dice que no. Para alguien que no ha navegado mucho, eso de lanzarse al otro lado del mundo en un velero es un poco fuerte. Me parece mucho más probable que hayan preferido partir hacia el este. Hay un montón de puertos, todas las playas que quieras y, sobre todo, están las islas. Si yo fuera el patrón del Saroyan, desde luego, ése habría sido el rumbo que habría tomado.− Hizo una última pausa, y concluyó: −El resto es suerte. No dejar una cala o un puerto sin explorar y tarde o temprano los encontraremos. ¿Tienes prisa? Susana volvió a sonreír, todavía incrédula. −No, prisa no. Yo vivo un poco como tú, aunque en tierra. Trabajo lo justo para sobrevivir una temporada donde me apetezca. No estoy ligada a ningún sitio, ni a ninguna fecha. −Que diferente era cuando estabas en casa, ¿verdad?− Peter había soltado esto último sin pensar y enseguida se arrepintió. −¿Vas a hablarme ahora como mi madre? −¡No, claro que no!− Se apresuró a responder. −Era una broma. Bien, no tienes prisa, ni tienes ningún compromiso ineludible. Lo que sucede es que así, de sopetón... Te comprendo perfectamente. La verdad es que esto suena un poco precipitado. ¿Sabes una cosa?, lo que ocurre es que la vida me ha enseñado que las ocasiones hay que aprovecharlas cuando se presentan. Las segundas oportunidades no existen. La muchacha volvió a recostarse en su asiento, para terminar respondiendo en tono irónico: −Así es que yo soy una ocasión de esas... Peter agachó la cabeza. Él solito se había ido complicando. −En el buen sentido, mujer.− Contestó conciliador. −Colócate en mi lugar. Llevo ya demasiado tiempo atrapado en este puerto. Tanto, que estoy permitiendo que crezca caracolillo entre mis pies, como decimos nosotros. De repente, llegas tú esta mañana. Una especie de aparición, salida de nadie sabe dónde, y consigues extraerme de mi monotonía con sólo cuatro palabras. Eres una ocasión, de verdad, no te ofendas. Zapar a la aventura y con alguien con quien charlar. Es todo lo que te ofrezco, no pienses mal de mí. Ella seguía con el ceño fruncido, aunque no parecía molesta. Tenía cara de estar sopesando a toda velocidad los pros y los contras de lo que Peter le estaba proponiendo, de manera que éste decidió dedicar unos minutos de atención a la comida, mientras ella llegaba a alguna conclusión. −¿Y si dijera que sí?− contestó por fin. Peter se rascó la cabeza y comenzó a calcular en voz alta. −Bien, pues hoy es martes, me parece, o sea que está todo abierto. Podríamos ir dentro de un rato a comprar algo de comida a tu gusto, porque yo repuse provisiones precisamente ayer. Luego, llenamos los tanques de agua y gasoil, le damos una baldeillo al barco y zarpamos. Es bastante temprano. Si nos damos prisa en todo eso, podemos fondear esta noche en Genoveses. ¿Qué tal? −Bien. Bueno, supongo que bien. La verdad es que todavía pienso que esto no puede estar sucediendo. La primera persona a la que le pregunto por mi amiga, y se ofrece a llevarme en su barco a buscarla. ¿Es normal esto entre los navegantes?− Peter iba a contestar, pero ella no parecía esperar respuesta a su última cuestión. −No importa. Lo que sí quiero que sepas es que no soy una de ésas. No me voy con el primero que me lo propone, puedes estar seguro. −Ya, ya, desde luego. Nunca he pensado tal cosa.− Terció él. −Es sólo que esto es especial. −Por supuesto. Y, descuida, que ya te he dicho que puedes confiar en mí. De todas formas, no estamos haciendo nada extraordinario. Estoy seguro de que has hecho autostop más de una vez en tu vida. Venir conmigo tienes que tomarlo como algo semejante. Sólo que menos peligroso que un coche, puedes creerlo. En realidad es como si te hubiera recogido en la carretera con una caravana. Cambiando de tema, ¿quieres postre? ![]() ![]() ![]() |
| 11 Cofrades agradecieron a Yan Yun 3 este mensaje: | ||
AILANAUTIC (07-03-2015), Antonio_Mataelpino (09-03-2015), ayapitas (07-03-2015), Coda di lupo (08-03-2015), forner82 (06-03-2015), iMystic (07-03-2015), jacarejack (06-03-2015), jotayes (17-03-2015), leviño (06-03-2015), miguel76 (06-03-2015), pixuetu (10-03-2015) | ||
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#15
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Venga sigue que ya que estas metido en faena no se puede parar
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#16
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Me gusta la de relatos que están apareciendo en este garito. Sigamos así, un pequeño rincón literario con unos sofás antiguos al fondo no vendrían mal.
Tomo asiento esperando mas entregas. |
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#17
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Interesante relato, lo cierto es que hay aprehensión hacia los solitarios. Me ha pasado de llegar solo a una nueva marina y la actitud de los vecinos de pantalán cambiar totalmente cuando aparece mi mujer y ven que no soy solitario. La actitud no es diferente en marinas de distintos países.
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#18
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Toda la razón del mundo. A mí también me ha pasado en las tropecientas mil veces que he llegado en solitario a diferentes marinas. Cuando aparecía mi mujer con el coche y toda la chiquillería las caras cambiaban.
Y peor aún, si el grumete que te acompaña es tu hija... Mi amigo entró en cierta marina con su hija de 19 añitos, él bien pasados los 50, y solo le comenzaron a saludar y a sonreír con franqueza cuando aparecieron nuestras mujeres con el resto de las familias. En fin, ahí va otra entrega, que hoy es sábado y supongo que podré incluir el relato hasta el final. (O a lo mejor no...) Dos horas más tarde, dentro del horario que él había previsto, dejaban atrás la bocana del puerto deportivo, proa al extremo sureste de la Península, el Cabo de Gata. La tarde era perfecta para que Susana se aclimatara a la mar y al barco en el que, si todo iba bien, podría vivir una temporada. Soplaba un ligero poniente de no más de diez o doce nudos, ideal para navegar a vela con el viento por la aleta y con sólo unas pocas olas de nada. Una brisa muy interesante porque, además de permitirle la travesía hasta el cabo sin encender el molesto motor, soplaba de la dirección que mejor podía convenir a su propósito de fondear en la Bahía de los Genoveses, abierta a los vientos de levante, pero completamente protegida del poniente más fiero que pudiera levantarse por allí. Todo salía mucho mejor de lo que había podido planear jamás. Estaba tan contento, que hasta venció la pereza que le daba ponerse a bucear en el profundo cofre de estribor en busca de todo el aparejo del spinaker. La vistosidad de esa vela, que sólo volaba en ocasiones especiales, era el toque final que necesitaba su espíritu para alcanzar la dicha suprema. A Susana, además, le pareció formidable. Para ella, que aseguraba no haber pisado un barco en su vida, eso de sentir cómo la sola fuerza del viento hinchaba el enorme balón y tiraba del velero, sin otro sonido que la espuma del mar deslizándose por el pantoque, era increíble. Llegó a decirle a Peter a mitad de camino, que no comprendía cómo había desperdiciado media vida sin conocer lo idílica que podía resultar la aventura de embarcarse para recorrer el mundo, cuando tuvieron la fortuna de ser acompañados por una manada de delfines por espacio de diez largos minutos. El joven no podía creer que todo estuviera saliendo tan bien. Hacia las nueve de la noche dejaron caer el hierro a cien metros escasos de la blanca arena de la bahía, haciendo compañía a otros tres veleros que ya estaban allí cuando arribaron. Era normal en verano, le explicó Peter a la muchacha, que hubiera siempre algún que otro barco por aquellas calas. Mientras no soplara levante, eran unos fondeos de ensueño. Además, bastante cerca del puerto de San José, como para poder aprovisionarse de tarde en tarde. Aprovechando que el agua estaba como un espejo, pasarían allí esa noche, y por la mañana se acercarían a la marina para preguntar por el Saroyan. Aunque ya advertía él, que no iban a decirles nada sobre ellos. Alguien que vive a bordo no suele gastar el poco dinero de la caja a lo tonto. Ese puerto era demasiado caro en verano y, por si fuera poco, demasiado pequeño. Quizás, si alguno de los otros veleros fondeados llevaba allí el tiempo suficiente, pudieran indicarles algún rastro de lo que andaban buscando. A la mañana siguiente Peter se despertó al oír un chapuzón muy cerca de la escotilla que tenía sobre su cabeza. Al momento se empezó a reprochar su increíble irresponsabilidad. Había dormido a pierna suelta como si estuviera aún en el puerto. No se había dado cuenta. Iba a tener que convencerse de que estaba otra vez navegando. ¡Las ocho y media! Siete horas de un tirón sin preocuparse por si el ancla podía garrear o no. Hacía tiempo que no le sucedía algo así. Echó un vistazo al camarote de proa y comprobó que debía ser Susana la que se había lanzado al agua un instante antes. Sonrió para sí. No podía todavía creer que estuviera allí acompañado de semejante preciosidad. Pura ciencia ficción. Se incorporó con lentitud, desperezándose tranquilamente, y decidió, todavía medio adormilado, que podía ser una buena idea iniciar la jornada con un chapuzón. Un minuto más tarde, ataviado con un traje de baño, asomó su despeinada cabeza por el tambucho, recibiendo de lleno la cegadora luz del naciente sol en pleno rostro. Iba a hacer un día magnífico. Quizás terminara entrando un poco de levante. Perfecto para llegar a vela en una jornada agradable hasta la cala de San Pedro. Salió del todo a la bañera y buscó a Susana con la mirada. −¡Hola, dormilón!− Le saludó ella al descubrirlo, obligándole a sonreír. Estaba nadando a unos veinte metros del barco, en unas aguas tan transparentes, que daba la impresión de no haber suficiente fondo para que la quilla del barco no arañara la arena, que se podía contemplar con detalle desde la cubierta. −¡Está buenísima! ¡Venga, tírate! −¡Vale, vale! ¡Ya voy!− Respondió él, acercándose a la borda, y sin dejar de sonreír. −¡Hombre al agua! Unas brazadas después se acercaba a la muchacha. −Oye Peter,− empezó a decirle ella, cambiando el tono, hablando con un aire un tanto confidencial. −¿no te escandalizarás si te digo una cosa, verdad? Él se rió abiertamente. −Ahora me vas a contar que, en realidad, estás huyendo de la justicia y me has utilizado para escapar, ¿no es así? Ella le salpicó a la cara. |
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#19
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SALUD
SS.ERES MU MALO , COMO ME DEJAS ASI? QUE NO TENGO ORDENATA HASTA EL LUNESSSSSS.
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EL GARFIELD. Restauración integral de un velero de 5,50. http://foro.latabernadelpuerto.com/s...d.php?t=166786 El WISPA RESTAURACIÓN INTEGRAL DE UN VELERO DE 26 PIES https://foro.latabernadelpuerto.com/...d.php?t=182808 LAS RONDAS DEL JORDI BMW LAS PAGO YO ![]() (AL) LA IGNORANCIA SE CURA LEYENDO Y EL RACISMO SE CURA VIAJANDO. (UNAMUNO) |
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#20
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Ya me va quedando menos
−¡No, tonto! Es sólo que estoy desnuda. Peter pareció sorprendido por unos segundos. De repente se le estaba ocurriendo que a lo mejor no había sido muy buen anfitrión. −¡Oh, vaya!− Medio balbuceó. −No tienes nada para bañarte. Tenías que haberme pedido algo. Susana volvió a reírse, negando a la vez con la cabeza. −Claro que tengo, hombre. Me suelo poner un bikini cuando hay demasiada gente en la playa. Es sólo que me gusta bañarme desnuda. ¿Te importa? Peter estaba alucinando. Aunque, bien mirado, tampoco se trataba de algo extraordinario. Desde el primer momento ella le había parecido una chica bastante desinhibida, estaban en una cala medio nudista y, encima, estaban lo suficientemente separados de los otros barcos, como para conservar la mínima intimidad. Él mismo se había bañado desnudo en todas aquellas calas montones de veces. Es sólo que no se imaginaba que las cosas pudieran suceder tan rápido. De todas formas, más le valía no darle importancia. Era algo natural, y no tenía que ver en ello connotaciones extrañas. Lo mejor sería bromear sobre el asunto, para aclarar posibles dudas. −¿No te estarás insinuando? Susana no perdió la sonrisa con que le había recibido desde el principio. −Creía que podía confiar en ti. Peter hizo un gesto de negación. −Es una broma. Claro que no me escandalizo. De hecho, si quieres que te sea sincero, si he perdido un rato buscando un bañador antes de echarme al agua, ha sido para que no pensaras mal de mí. A mí también me gusta. Creo que ya somos mayorcitos para que no ocurra nada que no deseemos los dos, ¿no te parece? −Eres un caballero, Peter. Hacía tiempo que no tropezaba con alguien como tú. Eso lo desarmaba un poco y no supo qué responder. ¿Debía alegrarse por el halago? −Tengo hambre. Nadar abre el apetito. ¿Comemos algo?− Susana no había esperado tampoco contestación alguna a su última afirmación. Sin aguardarle, se puso a nadar en dirección al barco, dejándole sumido en un auténtico mar de dudas. Unos segundos después, mientras la contemplaba a placer al subir a bordo, no le quedó otro remedio que pensar lo difícil que iba a ser, incluso para un caballero como él, continuar comportándose como tal, si ella se paseaba ante sus ojos con aquella indumentaria durante mucho tiempo. ¿Cuánto hacía que no tenía un escarceo amoroso con alguna mujer? Por fortuna, la frialdad del agua le protegió de una excesiva indiscreción cuando salió tras la ninfa que había tenido la dicha de embarcar. Casi tres horas más tarde, volvían a izar las velas siempre rumbo hacia el este. Como había vaticinado él, el barco que seguían no había tocado el pintoresco puertecito de San José. Tampoco habían tenido la fortuna de que alguno de los que fondeaban por las cercanías lo hubiera visto por allí. Proseguían a ciegas. Aunque tampoco parecía que aquello preocupara demasiado a ninguno de los dos. Susana estaba viviendo una jornada dichosa. Daba la impresión de que le brotaba la felicidad por cada poro de su piel. En cuanto a Peter, en fin, ella le había preguntado hacía un rato si no le importaba que se vistiera aquel día sólo con un pareo medio transparente en la cintura, así es que realmente, no sabía si era real lo que le estaba sucediendo, o si había muerto sin darse cuenta y aquél se había convertido en su paraíso particular. El levante había hecho acto de presencia hacia el medio día. Eso era lo mejor que les podía ocurrir, le explicó, porque por regla general, cuando entraba a esa hora, sólo soplaba como una brisa térmica, de no más de quince nudos, como mucho, ideal para la navegación que había planeado para esa singladura. Por otra parte, le iba a permitir aprender a llevar el barco. No sólo ponerse tras la rueda, sino ir asimilando los más elementales rudimentos sobre el trimado de las velas. Con todo esto, en definitiva, lo que Peter estaba procurando era distraer a Susana, para que poco a poco fuera perdiendo el interés por encontrar demasiado pronto a su amiga. Cada cosa que descubría de la muchacha, hacía que aumentaran esas ganas de llegar a intimar con ella que había sentido desde la primera vez que la vio, de pié en aquel pantalán. Así es que se había propuesto continuar la búsqueda, como le había prometido, pero sin emplear un celo demasiado excesivo en ello. Si en lugar de hacer bordos cerca de tierra, se alejaba lo suficiente para ocultarse al otro lado del horizonte, es posible que no llegaran a localizarlos en mucho tiempo. Por lo demás, ella no parecía dispuesta a poner pegas al respecto. Había depositado en Peter toda su confianza, y cualquier iniciativa que éste propusiera tenía que parecerle la más correcta de las decisiones. De momento, aprovechando que el levante venía exactamente del lugar hacia el que querían ir, no tenían otro remedio que hacer un bordo hacia afuera, si pretendían seguir progresando tan sólo con el idílico empuje del viento, en lugar de tener que encender el maloliente y ruidoso motor. Si alargaban lo suficiente aquel rumbo, unas tres o cuatro horas por lo menos, era posible que en el siguiente alcanzaran sin volver a virar su destino por aquel día. Con el yate navegando casi solo, bueno, algo habría que inventar para entretenerse. Por lo pronto, el barco se había apoyado en una escora suave, que pareció sorprender bastante a Susana durante las primeras millas. La tarde anterior habían tenido siempre el viento por la aleta, y la chica no había tenido ocasión de experimentar esa inclinación que tanto llama la atención a los noveles la primera vez que se suben a un velero. Peter, que esperaba una reacción semejante, había izado las velas tranquilamente esa mañana, y se había puesto a observar a la muchacha mientras la proa iba cayendo y el trapo se llenaba de aire. Cuando la cubierta había abandonado la horizontalidad propia de las motoras, hasta se le había escapado un grito de asombro, al tiempo que había buscado con cierta urgencia un lugar al que aferrarse. Él, riéndose al principio, la había calmado, explicándole muy vagamente lo que pasa con los veleros al ceñir. Había aprovechado para impartirle unas clases prácticas sobre los efectos de los diferentes rumbos sobre el barco, colocándola a ella directamente a la rueda. Susana lo había asimilado muy pronto. Enseguida le había cogido el truquillo a eso de ir buscando los apoyos convenientes para moverse por cubierta con la soltura habitual. Era una buena chica. El tripulante perfecto con el que todo marino solitario ha soñado alguna vez. −¿Tú crees que si te pasara una desgracia ahora mismo, yo sería capaz de hacer algo con el barco? En estos momentos Susana seguía a la rueda, disfrutando como una chiquilla que acabara de aprender una nueva habilidad, mientras Peter se recostaba todo lo largo que era, sobre el banco de sotavento de la bañera, con la cabeza a proa, sin poder apartar los ojos ni un minuto del cuerpo maravilloso que parecía ponerse al alcance de su mano. −Bueno.− Empezó él, después de pensarlo sólo unos segundos. −Teniendo en cuenta que aún no hemos hecho ninguna virada, y suponiendo que fueras capaz de no dormirte durante bastantes horas, es posible que fueras capaz de alcanzar la costa de Argelia en busca de ayuda. −¡Argelia!− Se admiró ella. −Más o menos, es lo que hay a proa.− Y añadió, con un poco de ironía. −Aunque me parece a mí que con esa indumentaria tuya poca era la ayuda que ibas a conseguir. Susana se rió y se encogió casi imperceptiblemente, como si acabara de ser el blanco de la mirada de un grupo fanáticos. −Venga, tú no me digas nada, a ver si soy capaz de llevar yo sola el barco hasta la cala esa. ¿No crees que ya podíamos ir torciendo otra vez hacia tierra?− Propuso. Peter no pudo evitar la tentación de corregirla. −No digas torcer. Suena como si estuvieras conduciendo un coche. Los barcos viran, ¿de acuerdo?− Ella afirmó con la cabeza. −En cuanto a lo otro, como quieras. Adelante, cuéntame lo que vas a ir haciendo. Susana frunció el ceño, como si estuviera pensando muy intensamente todos los movimientos que tenía que llevar a cabo para lograr el propósito de cambiar de rumbo. −Bueno, lo primero es preparar las…, ¿escotas?− Peter afirmó complacido. −Así es que, ¿te importa sujetar mientras el timón? |
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AILANAUTIC (08-03-2015), ARIELON (07-03-2015), ayapitas (08-03-2015), Coda di lupo (08-03-2015), esekon (08-03-2015), humberto (15-03-2015), jotayes (17-03-2015), leviño (09-03-2015), llanera (09-03-2015), pixuetu (10-03-2015) | ||
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#21
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Joé.........ya me tienes enganchado
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#22
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¡Oooooooh!.
Más, más, más |
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#23
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Por lo que veo, muchos hemos quedado alucinados con el relato de yan yun 3, alguno de los cofrades piden otro final.
Hay que respetar al autor y dejarlo tal y como está. Pero se podría iniciar una historia a multipluma, es decir que cada persona que se sienta con dotes literarias pueda ir añadiendo párrafos al relato que os parece? Creo que por méritos propios Yan Yun 3 podría comenzarla. Dejo abierta la iniciativa Enviado desde mi iPhone utilizando Tapatalk
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Nunca soplan buenos vientos para quien no sabe a que puerto se dirige
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| Los siguientes cofrades agradecieron este mensaje a Coda di lupo | ||
Yan Yun 3 (10-03-2015) | ||
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#24
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[quote=Coda di lupo;1765140]Por lo que veo, muchos hemos quedado alucinados con el relato de yan yun 3, alguno de los cofrades piden otro final.
Hay que respetar al autor y dejarlo tal y como está. Pero se podría iniciar una historia a multipluma, es decir que cada persona que se sienta con dotes literarias pueda ir añadiendo párrafos al relato que os parece? Creo que por méritos propios Yan Yun 3 podría comenzarla. Dejo abierta la iniciativa Me parece una idea interesante. Había pensado mandar otro relato desconectado del bueno de Peter y sus problemas submarinos, pero creo que es algo que puede dar mucho juego el proponer una continuación y que otros recojan el testigo. Muchas gracias por tu sugerencia, Coda di lupo. Unas birras a tu salud y a los demás cofrades. Tomen asiento en aquel rincón de la Taberna donde no molestaremos a nadie y a ver qué pasa ![]() ![]() ![]() Dadme cinco minutos para retomar la historia ![]() |
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#25
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¡Ea! ¡Ya está!
A Peter lo dejo dando de comer a los peces. Estoy seguro de que estaréis todos de acuerdo en que resultará más entretenido seguir las andanzas de su querida tripulante ![]() Sólo media hora más tarde la sonrisa dejaba paso a una mueca de escepticismo en el rostro de Susana. No podía dar crédito a que su estrella pudiera sufrir un revés semejante. Desde que Peter abandonara el barco de aquella forma tan poco decorosa, había mantenido un rumbo Noreste en busca de poner la mayor cantidad de agua posible entre su posición y el puerto base del desgraciado iluso. El viento había acompañado, llevando al velero acurrucado en un descuartelar muy cómodo y gratificante, a una velocidad constante que flirteaba con los siete nudos de GPS. Tenía una cita para aquella noche, tiempo de sobra para alcanzar las coordenadas previstas y toda la paz del mundo para soñar con el destino del hermoso pellizco a que se había hecho acreedora con su apabullante actuación. Pocas veces le había salido el golpe tan redondo. Por eso se resistía a creer que la fortuna pudiera regatearle de aquella manera la mano, cuando estaba tan cerca de alcanzar la meta. Un brillo repentino acababa de llamar su atención muy cerca del horizonte, en un lugar donde no debería haber nada. Un destello que había revelado, al desaparecer, un punto oscuro orlado de blanco, cuyo tamaño no cesaba de crecer. No necesitaba los prismáticos, ni electrónica ninguna, para reconocer lo que veía. Tenía los suficientes años de experiencia para reconocer a millas de distancia la patrullera de la Guardia Civil. En especial, cuando mantenía una enfilación constante y una velocidad que dejaba pocas dudas sobre el blanco que estaba fijado en su mesa de derrota. -¡Mierda! ¡Mierda! Y ¡Mierda- Golpeó con el puño la rueda que aferraba, volvió a conectar el piloto automático sin alterar el rumbo ni una décima, y se deslizó volando hacia la cabina. Sería mejor que se cubriera mínimamente y que fuera pergeñando alguna explicación plausible. En dos, tres minutos como máximo, estaba segura de que sería abordada. ![]() Ahí lo dejo. El que quiera puede continuarlo como le dé la gana. A ver dónde termina todo esto. |
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