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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#1
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Buenas tardes a todos
En honor a Kibo, que nos honra un poco a todos, y con el permiso de la presidencia (si he puesto esto en mal sitio pido disculpas). Propongo una de historias de rescates graciosos (aunque en su momento no lo fuesen). Seguro que con las historias de los cofrades podríamos escribir un libro (no descartar esta idea como fuente de futuros ingresos tabernarios). La mejor de las mias: navegando en el Mar Menor, Agosto, sol de justicia, medio día, hace ya algunos años. Entre la isla Mayor y la Perdiguera, avistamos una colchoneta hinchable, y su ocupante boca abajo. La verdad es que dado la distancia a La Manga, pensamos lo peor; pusimos motor, soltamos vela, y nos dirigimos al naufrago a toda velocidad, gritando y haciendo todo el ruido que podiamos, esperando ver signos de vida en el artefacto flotante. A eso de diez metros, por fin, el naufrago levanto la cabeza de la colchoneta, que alivio, ya empezabamos a imaginarnos llamando a la Benemerita. El color rojo de su espalda, dolia solo de verlo. El señor al principio parecio molesto por despertale de su SIESTA, pero al rato miro a su alrededor y al ver la distancia a la que se encontraba de la playa, torno su color rojo en morado de verguenza. Dio media vuelta a la colchoneta, a remo con los brazos y puso rumbo a La Manga. Le insistimos varias veces en que le quedaba una buena singladura, y nos ofrecimos varias veces a remolcarle o subirle a bordo, pero siguio insistiendo en que no hacía falta. Preocupados, nos quedamos un rato dando vueltas, siguiendole desde lejos, hasta que creimos que no necesitaba ayuda. Esta es la pequeña historia, no es tan impresionante como la de Kibo, pero se la dedico con todo el cariño PD: también se la dedico a Windi, con la esperanza que algún día me perdone el haberle estropeado su estupendo juego, al que os animo a concursar. Saludos |
| Los siguientes cofrades agradecieron este mensaje a antagallas | ||
KIBO (11-10-2010) | ||
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#2
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Lo nuestro sòlo sòn anecdotas, comparado con lo de Kibo.
Yo recogì, tambien en verano de hace un par de años, en el mar Menor a un señor que habia volcado con su piragua. Hacia muchisimo calor y cuando lo subimos a bordo èl y la piragua, le dimos agua casi helada. No os podeis imaginar como le sentò. Me dijo "Dios te lo pague". Todavìa me emociona. Saludos |
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#3
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Pues cuento el de mi amigo Emilo Waldosell, que nos relató un día en clase de capitán.
Nos dijo que navegando un día por aguas de la provincia de Málaga, a unas millas de la costa, se encontró a dos niños, con sus chalecos salvavidas, en medio de la nada. Preguntados estos, les dijeron que los había dejado allí el padre de uno de ellos y que volvería a por ellos. Subió a los niños abordo, pues ya tenían frío y al poco tiempo observo como un barco daba vueltas sin ton ni son. Se trataba del padre de los niños, que llevaba un buen rato buscándolos y no daba con ellos. ¡¡"Pabernos matao"!!. Saludos. ![]()
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![]() El cruce del Atlántico y posterior estancia en el Caribe de El Temido lll (2014/2016) http://foro.latabernadelpuerto.com/s...d.php?t=145184 |
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#4
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Yo tengo un par de ellas. Una graciosa y otra no tanto. Vamos por la primera:
En la ria de Ares ibamos mi hijo mayor y yo en mi barquito anterior, un Arcoa de 17'. En esa fecha él unos 14 años, guapetón y fuerte (es profesor de educación física). Soplaba de NE, como acostumbra a hacerlo con buen tiempo, con un F3 ó F4. A cierta distancia de costa vemos una piragua amarilla con dos personas que nos hacen señas desesperadas. Me acerco y encontramos dos chavalitas, de unos 13 a 15 años, que nos cuentan que el viento había alejado de la playa la piragua y, habiendo perdido uno de los remos, se veían incapaces de regresar. La subimos a la bañera, atamos la piragua y las devolvimos a tierra. Lo más gracioso fue las miradas que echaban a mi hijo durante el regreso. Lo que pasó después, no lo se... ![]() Y ahora la segunda: En la misma ria (¡cómo la echo de menos!) con 16 años en mi primer barquito, un chinchorro de la marina de 4,20 con vela latina, ibamos un amigo y yo a pescar chipirones. Estaba amaneciendo y aprovechábamos el terral para llegar a la zona. A cierta distancia nuestra un pescador jubilado de la zona iba en un botecito parecido con el mismo destino. En un momento dado, el tripulante del otro barquito se levanta y se mueve hacia proa. Tropieza y cae por la borda. Nos fijamos que queda colgando de la borda con una pierna enredada en la escota. El barquito sigue adelante remolcándole en esa postura tan peligrosa. Arrumbamos rápìdamente para abordar el barco. Salta mi amigo a bordo, coge de la mano al tripulante, que ya estaba medio ahogado, y suelta la escota de su pierna. Ya detenido mi barquito también, amarro ambos y salto para ayudar. Entre los dos le subimos y no tardó en recuperarse. Lo mejor de todo es que siguió navegando y estuvo próximo a nosotros pescando chipirones. Manda webs. A mi me pasa algo como eso y vuelvo a tierra cagando leches. ¿Y vosotros?
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No es tan malo envejecer, si se considera la alternativa... (Katharine Hepburn) ... Pero que difícil es aceptarlo (Epops)
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#5
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Hombre, hace unos añitos me pasó que iba al puerto deportivo de Puerto Rico (Gran Canaria), donde trabajaba y como siempre iba en el coche mirando el mar (Es un mal de navegante) en eso veo en un espigón que esta derruido y sumergido un hombre y "algo mas" en una balsa de esas de playa que compras en los supermercados y las olas golpeando los
fuertemente contras los rocas sumergidas. Cuando llegué a puerto cogi una motora que tenia y fui a por el, cuando llego a la zona veo la balsa semihundida y al buen señor que llevaba algo en los brazos, ¡Una niña de unos tres añitos!. ¿ Y como hago yo para ir a por los dos si este hombre esta ya "mas p'alla que p'aca" . Pues me metí entre las piedras con la motora y pude izar primero a la niña y luego a su padre, la verdad es que fue bastante arriesgado, ya que la embarcación se me quedaba "al aire" chocando con las piedras.(Ahora lo pienso y....). Al final salio todo bien, se me dobló un poco una pala de la helice y unos toques en el casco, poco mas. Este hombre, que era de Madrid me quiso gratificar, a lo que me negué. A los cuatro o cinco dias, me empiezan a llamar por telefono los amigos, familia y demás. Que este buen señor habia escrito una carta de agradecimiento en el periodico local de mayor tirada. Como me puso el tio, estuve inflado como un pavo durante un par de semanas (Cosas de juventud). La carta la tengo colgada en mi actual barco, el Popeye IV. Bueno, ya les conté mi experiencia. Saludos. .
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| Los siguientes cofrades agradecieron este mensaje a popeye IV | ||
armensis (28-09-2010) | ||
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#6
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Yo tengo un rescate, bueno, varios, pero de este es del que más me acuerdo.
Sería el año 84, julio o agosto, navegando en una Cavale del CINA (6 m.); es un barco divertido que lleva trapecio. Era el último día de curso, y nos dejaron salir a cuatro alumnos sin monitor por la tarde, con un viento fresquito F3 o 4 supongo. A nuestro lado iban saltando los arroaces (delfines) y me tocába a mi ir al trapecio. De pronto miro arriba al pasador que sujetaba el trapecio al palo, que era el mismo soporte del obenque alto. Se soltó o partió y caí al agua con todo el tinglado, dejando el palo sujeto solo por los obenques bajos. Se aproaron y pudieron subirme a bordo, pero no pudimos evitar, por falta de reacción en bajar la vela, que cayera el palo inmediatamente. Recogimos todo y el primer fenómeno curioso del día, los delfines no se apartaban de nosotros como diciendo, 'nuestros amigos tienen algún problema, hay que cuidarlos'. En estos barcos no teníamos motor, solo una cinga, un remo largo que se utiliza por popa con un movimiento muy singular que te permite impulsar un poco esos barcos, y tratamos de llegar a unas bateas próximas a Pobra do Caramiñal, estaríamos a 3 millas de puerto, y nos abarloamos a una de ellas. Solo en ese momento, al vernos seguros, los delfines se marcharon (tengo varias anécdotas de este tipo con delfines, pero serían objeto de otro hilo). Desde la batea, sin radio ni móviles en aquella época, solo nos quedaba hacer señales al que pasara, y el rescatador fue un pescador en una barquita pequeña echando unos sedales no demasiado lejos; al hombre le fastidió dejar su pesca, decía que ya nos había visto, pero que esperaba que picara algo, para despues ayudarnos; vino a por nosotros, nos remolcó y nos llevó a puerto, donde le invitamos a unos ribeiros, ya que se negó rotundamente a que le dieramos dinero alguno. Volvimos por tierra a nuestra base, y al día siguiente a buscar el barco. Es mi peque historia con final feliz. ![]() |
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