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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#1
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Giré levemente la muñeca izquierda y miré las manecillas fluorescentes del reloj deportivo, apenas visibles bajo la luz indirecta de una lámpara de abogado, situada en la esquina del escritorio.
Las tres de la madrugada. Tenía sueño. Concluí el párrafo de mi “opera prima” literaria y, cómo siempre hacía, esbocé entre paréntesis, cuatro o cinco palabras, que me permitirían continuar a la noche siguiente, el hilo conductor del argumento. Desplacé el puntero del ratón hasta el icono de disquette en la Barra de Herramientas superior y guardé el archivo en la carpeta Mis Documentos. Cerré la aplicación informática y tras desplegar el programa Inicio de Windows 98, hice un doble click sobre el comando Apagar el sistema y confirmé con una nueva pulsación la orden deseada. El cerebro del portátil conectó miles de artificiales neuronas a la velocidad de la luz y en la pantalla de cristal líquido, se hizo la noche. Me incorporé del sillón de skai, me desnudé y tras una postrera micción, deslicé mi anquilosado cuerpo junto a la tibia carne de mi esposa. Al instante, me dormí. [Noche + 1] Las doce de la noche. Pulsé el botón de encendido del ordenador. Prendí un cigarillo con el viejo Zippo americano y esperé a que apareciera el rutinario papel tapiz de la pantalla. Abrí el archivo dónde guardaba los miles de caracteres de mi primera novela y con la combinación de teclas Ctrl+End, me desplacé al final del documento. ¡¡Los últimos conceptos entre paréntesis habían desaparecido !! El cursor mostraba su intermitente señal, justo después del punto y aparte, con el que la noche anterior finalicé la trama del relato. No le dí demasiada importancia. Posiblemente, el cansancio me habría hecho imaginar la plasmación de aquellas cuatro o cinco palabras, a modo de apuntes para proseguir la historia. Pero lo cierto es que, al no recordarlas, la narración tomó un nuevo rumbo, ajeno a lo que pensé la primera noche. Proseguí con el relato. Giré levemente la muñeca izquierda y miré las manecillas fluorescentes del reloj deportivo, apenas visible bajo la luz indirecta de una lámpara de abogado, situada en la esquina del escritorio. Las cuatro de la madrugada. Los caracteres danzaban ante mi vista, una sardana y los párpados se abrían y cerraban pesadamente, al tiempo que la cabeza se tambaleaba sobre el teclado, a punto de desplomarse. Era hora de cerrar el telón. Esta vez, la frase quedaba inconclusa y, cómo siempre hacía, esbocé entre paréntesis cuatro o cinco palabras que me permitirían continuar a la noche siguiente, el hilo conductor del argumento. Guardé el archivo y completamente agotado, apagué el ordenador por la vía rápida, es decir, presionando durante más de tres segundos, el botón lateral. [ Noche + 2 ] |
| Los siguientes cofrades agradecieron este mensaje a GUATARRAL | ||
Flavio Govednik (09-10-2011) | ||
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#2
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Wuau!
![]() Promete..... ![]() Aquí llueve. Atmósfera ideal para leer relatos de misterio... ![]() ![]() |
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#3
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[Noche + 2 ]
Accedí al documento, no sin cierta curiosidad, para comprobar que la última línea estaba dónde la dejé. Suspiré aliviado y me recriminé mi infantil e irracional pensamiento. El contenido entre paréntesis se encontraba intacto. Lo borré con sucesivas pulsaciones de la tecla Backspace y reanudé la historia,basándome en aquellas breves notas separadas por comas. Cuándo llevaba escrito medio folio aproximadamente, quedé estancado en un punto de la narración. Deslicé la barra de desplazamiento lateral hacia arriba, al fin de retomar el ovillo de la descripción en la que me hallaba inmerso, y una punzada interior me recorrió la espalda. Allí dónde yo había cortado una frase, aparecía añadida una expresión contundente, que le otorgaba la fuerza precisa. Un adjetivo insustancial había sido sustituido – aquí o allí – por el sinónimo justo, enriqueciendo de forma magistral la estructura compositiva. Aquello ya no era normal. Noté cómo se me erizaban los pelos del antebrazo y decidí, en ese mismo instante, bloquear cualquier acceso a mi ordenador. Una remota posibilidad, sería que, mi hijo primogénito quisiera gastarme una broma y accediera al archivo durante mi ausencia, demostrando mejores cualidades que su padre, para las artes de escritor. Pero, inmediatamente, descarté esa absurda idea por dos razones. La primera era que mi vástago mayor, no leía jamás literatura alguna, de no verse obligado por su inflexible profesor, cómo materia de examen. Y, la segunda, se basaba en la expresa prohibición a cualquier miembro de mi familia, de utilizar mi ordenador personal, sin estar yo presente. No obstante, para asegurarme, desplegué el Panel de Control, pinché en el icono Contraseña e introduje por dos veces, una clave alfanumérica de seis caracteres, inexpugnable a cualquier lógica secuencial. Continué escribiendo sin parar, ausente al paso de las horas. Giré levemente la muñeca izquierda y miré las manecillas fluorescentes del reloj deportivo, apenas visible bajo la luz indirecta de una lámpara de abogado, situada en la esquina del escritorio. Las cinco de la madrugada. Era sábado y el silencio se adueñaba de la calle. Acababa de rematar el tercer capítulo y estaba satisfecho con el resultado. Sólo escribí al comienzo del inmaculado folio, el título del siguiente apartado, cuyas líneas maestras ya tenía esbozadas en mi mente. Archivo, Guardar como, Nombre de archivo, Guardar. El documento reposaba seguro en una porción del disco duro, cuyo acceso había sellado. Nadie podría retocar mi novela. [ Noche + 3 ] |
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#4
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Aprovecho la pausa para ir a por café.
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#5
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[ Noche + 3 ]
La reunión con los amigos, que mi mujer y yo habíamos invitado a cenar, se prolongó hasta muy tarde: cerca de las tres y media de la noche. Había bebido bastante, tanto durante la exquisita cena cómo en la sobremesa, y los vapores de tres cubalibres de ron, hacían estragos en mi consciencia. No obstante, antes de refugiarme en los brazos de mi compañera, quise cerciorarme de que mi historia, seguía intacta. Activé el ordenador, accedí a la carpeta Mis Documentos y pulsé dos veces, sobre el archivo que contenía mi primera incursión en la prosa. La mano quedo paralizada sobre el ergonómico ratón y la mirada fija sobre la vacía página. Todo cuánto había escrito la noche anterior, se había esfumado, volatilizado. Incluso el título que decidí para el nuevo capítulo. Únicamente una palabra, destacada en negrita, aparecía al final de la frase inconclusa de la segunda noche: Repítelo. No podía dar crédito a mis achinados ojos. Había errado en la auto evaluación de mi estado alcohólico. Con absoluta certeza, la próxima noche, encontraría el texto desaparecido allí dónde lo había guardado. Titulo incluido. Estaba demasiado ebrio para analizar aquella absurda situación. Seguramente habría abierto un archivo temporal, que no incluía las recientes aportaciones de la madrugada del sábado. Apagué el ordenador y rodeé con mis brazos el suave volumen de unas curvas femeninas. Mi mujer y yo hicimos el amor, entre cortinas de ron y susurros de whisky escocés. [ Noche + 4 ] |
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#6
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Re: El misterioso escritor: Dedicado al cofrade Flavio
¿Los demás podemos leer? ![]() Es que me está interesando mucho el sistema operativo de tu ordenador. ¡Me lo pido! ¡Muy apasionante. Parece una novela de misterio, con lo que me gustan! ![]() |
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