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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#1
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Recuerdo el verano del 74 como envuelto en un aura de cielo altísimo, mar en calma y aire limpio y transparente. Me parece sentir aún aquel azul rabioso del Tirreno, del Jónico, invadiéndome las retinas, el cerebro y hasta los pulmones.
Había terminado mis prácticas de alumno en la marina y cuando me ofrecieron la posibilidad de embarcar como marinero en el yate de una familia griega que, por algún motivo, había estado en reparación en La Ciotat, acepté encantado. El viaje desde La Ciotat hasta Famagusta nos llevó casi un mes, pues fuimos haciendo el típico crucero de los millonarios de la época con escalas en Cannes, Saint Tropez, Antibes, la Riviera italiana, la Costa Esmeralda, Portofino, Capri y algún otro lugar que ya apenas recuerdo. Con tantas millas y tanta escala, los tripulantes no salíamos mucho del barco y las horas de guardia o de simple espera permitieron que intimáramos bastante. A los tres o cuatro días de viaje ya me había enamorado perdidamente de la “au-pair” que cuidaba a los hijos de los jefes; una estudiante española de vertiginosos ojos grises, como la bruma, que había encontrado una manera espléndida de pasar el verano, hacer unos ahorros y perfeccionar el griego demótico, que hablaba bastante bien. Como todos los demás, llevaba siempre el uniforme blanco del barco, pero en ella parecía especialmente luminoso, tal vez por el tono indescriptible de su piel bronceada o, simplemente, por su porte de reina joven. Yo era capaz de hacer cualquier cosa, cualquier papelón, para verla un instante o para, ya no digamos, rozar un milímetro la tela de su vestido. Cuando ella salía a tierra con los armadores en el bote auxiliar, yo no le quitaba ojo al portalón de la escala, espiando su regreso, para acudir antes que nadie a tenderle la mano y ayudarla a subir. En una ocasión, el bote se movía bastante y tuve que sujetarla por el brazo, justo por encima del codo. Mis dedos se hundieron en la delicia de una carne firme, pero suave; cálida de vida, pero fresca; de esencia, si se me permite la elipsis, frutal. Llegamos a Famagusta sobre el siete de julio, y lo recuerdo porque ese día ella apareció con un pañuelo rojo anudado al cuello y nos contó que en su tierra aquel era un día de fiesta, de sangre y de arena. Pasamos varios días entrando y saliendo de Famagusta para ir a fondear en algunas calas o frente a la playa de Varosha. Por las tardes regresábamos a puerto a una hora razonable que nos permitía, si lo deseábamos, salir a cenar a tierra o tomar una copa en algún local. Una tarde le compré dos claveles reventones a una gitana, uno rojo y otro amarillo, que acabaron enredados en su pelo con un descuido estudiado, como si fuesen a caerse en cualquier momento. Puede ser que el concepto esencial de lo que para mí es la belleza quedase maduro y fundamentado para siempre en el momento en que, ya colgados en mágico equilibrio los claveles, me miró, me sonrió, se aproximó hasta que su pecho rozó levemente el mío, me dio un casto beso en los labios y me dijo “a mí también me gustas mucho, bobo”. Durante la semana siguiente casi no nos dimos cuenta del creciente nerviosismo de nuestro armador ni de que el ambiente en puerto se había crispado notablemente entre los chipriotas griegos y los turcos. La ciudad amanecía salpicada de pintadas y carteles con las palabras ENOSIS y TAKSIM, pero yo no sabía qué significaban exactamente. Ni me interesaba lo más mínimo. Un día le propuse que me dejara entrar en su camarote, pero ella me contestó que en su tierra, una pequeña ciudad provinciana, hacer el amor antes del matrimonio no era un pecado, sino un milagro. Bueno, le dije, no estás en tu tierra y yo estoy dispuesto a creer en los milagros. Tal vez se produzca algún día, contestó, pero el camarote de un barco con una litera de sesenta centímetros no es lugar para una virgen. |
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Alandris (02-11-2012), Atarip (24-06-2012), Atlántida (21-07-2012), boooom475 (26-06-2012), bureba (22-06-2012), Crimilda (22-06-2012), desvelada (29-06-2012), Dibujito (26-01-2013), DUDU (22-06-2012), eilnet (24-06-2012), El Piloto (21-07-2012), Fausto (30-06-2012), Flavio Govednik (22-06-2012), gelo (07-02-2013), genoves (18-07-2012), humberto (26-07-2012), J.R. (25-06-2012), JoeTe (05-05-2013), jotajota (26-06-2012), KUMI (22-06-2012), lachica (24-06-2012), mar y luna (06-11-2012), mirabras (01-07-2012), Nochero (02-08-2012), Pakito (29-06-2012), peibol306 (24-01-2013), Sahel (15-01-2013), TAMAMOANA (26-06-2012), tragavents (17-07-2012), Xinanhook (30-01-2013), Zephyr (07-08-2012) | ||
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#2
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Uff!!
![]() ![]() Supongo que escribir así de bien lo produce entre otras cosas la inspiración del recuerdo. Una canción que le va al pelo. http://youtu.be/oofSnsGkops |
| Los siguientes cofrades agradecieron este mensaje a bureba | ||
Tahleb (22-06-2012) | ||
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#3
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Me ha encantado el relato.
Para mí, salvando las distancias, fue un verano muy especial. ![]() Era el último verano sin "agobios". Entraba en el servicio militar (dos añitos de na) y era consciente de que luego, como así fue, mi vida sería otra. Si los estudios iban vien, cerrabas la cajita de las responsabilidades y no la volvías a abrir hasta septiembre. Al terminar la mili, la cajita se convirtio en un cajón y ya no me preocupé ni de ponerle cerradura. ![]()
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Los políticos y los pañales se han de cambiar a menudo... y por los mismos motivos. (George Bernard Shaw) |
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#4
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El mundo exterior se fue complicando rápidamente. El día 15, que cayó en lunes, hubo un golpe de estado en Chipre y el arzobispo Makarios, un tipo que vestía como Belfegor y que era a la sazón el presidente de la república, huyó de la isla en un caza inglés, según publicaron los periódicos. Supongo que iría como pasajero. Nuestros armadores y sus hijos se marcharon a Atenas el miércoles y nos dijeron que regresarían la próxima semana para continuar sus vacaciones. Mientras tanto podíamos hacer lo que quisiera el capitán, que, por cierto, llevaba un par de días con la mirada huidiza y haciéndose nerviosos tirabuzones en el pelo del pecho.
Mi joven reina y yo pedimos permiso para pasar todo el viernes en tierra para ir a la playa y, luego, de compras por la ciudad. Por suerte, y pensando en las compras, cogimos ambos nuestras carteras con los pasaportes y el dinero, porque serían sobre las doce del mediodía cuando, desde la playa, vimos pasar nuestro barco navegando a toda máquina hacia el Sueste. Nos quedamos boquiabiertos y sin saber qué hacer. En aquel tiempo feliz, aún no se habían inventado los teléfonos móviles y no había modo de saber si el barco iba a regresar más tarde o si se estaba marchando por alguna razón y, a la vista estaba, por patas. La duda nos la aclaró el amable señor Potonidis, que era un consignatario de buques que se encargaba también de los asuntos del yate, a cuya oficina acudimos a toda prisa. El barco había recibido la orden de salir hacia El Pireo sin perder ni un instante. Nos habían dejado en tierra puesto que no podían esperar a que regresáramos de nuestro día de playa y shopping, pero también porque ya no iban a necesitar más nuestros servicios debido a que ciertas circunstancias adversas obligaban a suspender las vacaciones sine die. Le habían dejado al consignatario, en dólares americanos, la parte de nuestro salario del mes en curso, un generoso premio por nuestra dedicación y una cantidad adicional que debería cubrir el precio de los billetes de avión para regresar a Marsella o a donde tuviéramos a bien dirigirnos. Gentilmente nos permitió llamar a nuestras familias desde su oficina para que, en la medida de lo posible, las tranquilizáramos. Salimos a la calle un poco desorientados pero sintiéndonos bastante ricos. Yo no había empezado a pensar todavía cuando sentí que ella me sujetaba el brazo y me obligaba a detenerme. ¿No notas algo raro en el ambiente? Se ven muy pocos turistas. Le contesté que el turista tendía a ser pusilánime y que era normal que abandonase un país en el que se acababa de producir un golpe de estado. Lo que debíamos hacer, le dije, era buscar un hotel donde pasar la noche (yo, a lo mío) e ir a comprar algo de ropa y un par de mochilas o, añadí rápidamente al ver su expresión, una mochila para mí y una maleta para ella. Mañana, le dije sin saber que el Destino tenía hechos sus planes, nos ocuparemos de ver el mejor modo de volver a casa. Editado por Tahleb en 23-06-2012 a las 16:39. |
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Atlántida (21-07-2012), mar y luna (06-11-2012), Sahel (15-01-2013), tragavents (17-07-2012), Zephyr (07-08-2012) | ||
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#5
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es muy bonito ![]() ![]() ![]()
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KUMI ![]() Después de una ola siempre viene otra |
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#6
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Muchas gracias que bonito relato
![]() ![]() Coronadobx |
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#7
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Cita:
no se te vaya a ocurrir dejarnos el fin de semana así ![]() Ese aire pesado que tiene la atmósfera en los primeros días de los gobiernos de facto, mezclado con la adrenalina del amor, me tienen completamente subyugado ![]() ![]() GRANDE Tahleb!!!! ![]() Vuelve pronto ¿si? ![]() |
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#8
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Muchas gracias, Flavio.
Descubro que cuando uno se pone a escribir se vuelve muy sensible a la opinión de los que tienen la gentileza de leer. Así que, aunque lo que sigue sale de la pluma sin mucho pulimento, ahí va. Encontramos alojamiento en el hotel Golden Mariana, que, al estar situado en segunda línea y a pesar del montoncito de dólares que llevábamos repartidos por los bolsillos, tenía una tarifa más acorde con nuestros planteamientos juveniles. Nos detuvimos junto al mostrador y, apoyados en él, nuestras miradas se entrelazaron durante largos segundos de silencio. El recepcionista nos saludó con una espléndida sonrisa. Yasas! Y quedó a la espera de que le contestásemos. Hay momentos que valen por una vida sin que importe mucho su brevedad. Nuestros ojos se escrutaron unos instantes más y, separando su mirada de la mía, fue a clavarla en el recepcionista. Con admirable aplomo y mientras me tomaba de la mano pronunció una de esas frases que, sin tener ningún valor intrínseco, se guardan para siempre en el cajón de los recuerdos más preciados. Ena diclino domatia, paracaló. Que dicho en español no me suena tan mágico, pero como el griego no es una de esas lenguas que un autor modesto pueda esperar que la generalidad de sus lectores entienda, me veo obligado a traducir. Intentad pronunciarla con la emoción de una muchacha de veinte años, procedente de una pequeña ciudad a los pies de los Pirineos famosa por su religiosidad y que acaba de decidir dónde y cuándo va a conocer varón por primera vez. Era el viernes 19 de julio de 1.974. Una habitación doble, por favor. Sin subir a la habitación, salimos de compras. Esto hay que hacerlo bien, me dijo. Compramos ropa, dos maletas (y una mochila que compré en un momento de distracción), zapatillas de tenis, artículos de tocador y cosas así, y, como parte de lo que ella denominó “el atrezzo”, muchas velas, un ramo de flores diversas, una cinta plateada y no sé qué más. En una de las tiendas se cambió de ropa, y salió vestida con una casaca, de las de cuello mao de aquella época, de fondo blanco sobre el que había estampadas florecitas de varios colores (muy hippy). Es curioso que lo recuerde todo tan nítidamente… Cenamos de maravilla en un restaurante con vistas al mar y, con cierto nerviosismo, emprendimos el camino hacia el hotel, amarradísimos y, como canta Sabina, besándonos en cada farola. Ya en nuestra habitación hubo que montar el atrezzo: colocar velas por todas partes, confeccionar una corona de flores que se colocó en la cabeza y vestirnos con las sábanas de la cama como si fueran túnicas, ciñéndolas con la cinta plateada. De esa guisa salimos al balcón con las manos entrelazadas y medio muertos de risa. Que se note que tengo un notable en Derecho Romano. Tú, que eres marino, ¿sabrás cual de esas estrellas es Júpiter? Sin estar seguro en absoluto señalé un lucero que, como no podía ser Venus por la hora, tal vez fuera Júpiter. No iba yo a arruinar el momento por minucias astronómicas. Ahora, me dijo, para Júpiter te llamarás Vulpex. Y yo seré Iulia. Puso mi mano sobre su hombro y la suya sobre el mío. Mirando al lucero declamó: Ante ti comparecemos, Ius-Pater, para formular nuestra promesa. Vulpex, mi amor, a partir de ahora, ubi tu Caius, ego Caia. A mi vez, y ya consciente de que aquello no era exactamente un juego, declaré convencido: Iulia, amor mío, ubi ego Caius, tu Caia. Y, a la luz de las velas, despojándonos de las túnicas mientras nos besábamos desesperadamente, pasamos al capítulo de la Consumatio. Nos lamimos, nos olfateamos, nos dimos mutuas instrucciones, nos amamos y, muy cerca ya del alba quedamos brevemente dormidos. Nos despertó el estampido de un caza turco rompiendo la barrera del sonido. El Mundo había enloquecido. |
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Atlántida (21-07-2012), Flavio Govednik (24-06-2012), genoves (18-07-2012), Hegaluze68 (24-06-2012), jotajota (26-06-2012), mar y luna (06-11-2012), Nochero (02-08-2012), Sahel (15-01-2013), TAMAMOANA (26-06-2012), Zephyr (07-08-2012) | ||
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#9
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Publica 1 libro de cuentos naúticos, me ENCANTAN tus relatos, seguro que mezclan realidad y ficción, y este relato pertenece a lo
segundo!!. |
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#10
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![]() ![]() ![]() Qué fuerrrte!! lo de Júpiter me mató ![]() ![]() ![]() Te pido mil discúlpas por esto, pero no lo puedo evitar ![]() pero como el griego no es una de esas lenguas que un autor modesto pueda esperar que la generalidad de sus lectores entienda, me veo obligado a traducir. Intentad pronunciarla con la emoción de una muchacha de veinte años, procedente de una pequeña ciudad a los pies de los Pirineos famosa por su religiosidad y que acaba de decidir dónde y cuándo va a conocer varón por primera vez. Era el viernes 19 de julio de 1.974. Lo que está en rojo me ha distraído y le ha quitado magia a ese momento sublime. Quizá a otros les haya pasado igual que a mi ![]() Excelente pluma camarada!! ![]() ![]() |
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#11
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Los recuerdos son la parte hermosa de la vida porque volvemos a revivir momentos que nos traen risas y tristezas, que nos hacen recordar a persona que en algún momento quisimos, lugares que visitamos, sentimientos y emociones, ausencias.....
Los recuerdos se van sumando en un ejercicio de paciencia que nos pone nostálgicos en demasiadas ocasiones. La melancolía de los recuerdos nos sensibiliza y a veces nos hace mejores, pero sin dejar que esta nos embargue. La vida son recuerdos, aunque como dice Serrat, "los recuerdos suelen contarte mentiras". Bonito relato campeón y bonitas letras y formas para describirlo ![]() Salu2 ![]() Pirata |
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#12
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Uff!!!
Que torrente de emociones, amor y sensibilidad. Muchas gracias Tahleb! ![]() ![]() |
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#13
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FELICIDADES THALEB, ESTAS INCONMENSURABLE ¡¡¡
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![]() "Aprender es como remar contracorriente: en cuanto se deja, se retrocede" |
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#14
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Me ha encantado
![]() ![]() ![]() Muchas gracias, Tahleb! ![]() ![]() ![]()
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Buena proa! ![]() Lachica |
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#15
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![]() Gracias a tod@s! Flavio: tienes razón. Encajé esa pieza (sin pulir) para reducir un poco vuestro nivel de azúcar en sangre, pero reconozco que hace descarrilar al lector. Qué se le va a hacer. Ya no es mía. Atarip: Con tu permiso, creo que pondré un link a esa canción al final del relato. Va perfecta. Demasiado perfecta y todo... Dentro de un rato os pongo otra entrega (la estoy barnizando). otra vez. |
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DUDU (28-06-2012), Flavio Govednik (25-06-2012), jacarejack (25-06-2012), SAGHARBOUR (25-06-2012), Sahel (15-01-2013) | ||
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#16
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Al otro lado de nuestra puerta, el pasillo se pobló de ruidos, de pasos y de voces asustadas que, en todas las lenguas de Europa, se preguntaban qué estaba pasando. Desde el balcón nos llegaba el fragor de los aviones de caza y el retumbar de explosiones lejanas.
Yo tenía sólo veintiún años y poca experiencia de la vida en general, pero, como ya he contado en alguna ocasión, soy un hijo de europeos nacido en Orán y, siendo un niño, me tocó vivir la huida del país tras haber escuchado unos cuantos tiros. Además, la guerra de Argelia y sus recuerdos eran un tema recurrente en las conversaciones de mi familia, así que tenía una idea general de lo que se debía y no debía hacer en esos casos. Salté de la cama e hice que Iulia se protegiera en el cuarto de baño. Puse el tapón de la bañera y el del lavamanos y abrí todos los grifos. Accioné el interruptor y comprobé que ya no teníamos corriente eléctrica. Con toda probabilidad, el hotel tenía un depósito de agua en el tejado que, una vez vacío, ya no se volvería a llenar mientras durase el conflicto. Era fundamental disponer y administrar personalmente una cierta cantidad de agua. Me miraba con los ojos muy abiertos, pero no hizo ninguna pregunta ni dio muestras de nerviosismo en ningún momento. Sólo cuando ya estuvimos vestidos y aseados, con un aire de serenidad muy a lo Laureen Bacall, me preguntó si tenía idea de lo que estaba pasando. Creo, le dije, que los turcos han invadido Chipre. Estamos en mitad de una guerra. Y aunque no tengamos enemigos en ninguno de los dos bandos, debemos ser conscientes de que tampoco tenemos amigos. O sea, repuso, que vamos a salir de aquí pitando. Le dije que, más que probablemente, eso no sería posible hasta al cabo de unos días, pues en esos casos el ejército necesitaba las carreteras para desplazarse y era mucho mejor quedarse en un hotel aislado, con poca posibilidad de convertirse en daño colateral, que ser empujados a una cuneta y tener que pasar varios días bajo un algarrobo o caminando campo a través. Además, ¿a dónde ir? ¿Al Sur? ¿Al Norte? Varosha era una ciudad jardín de vacaciones, llena de extranjeros que habían comprado chalets como segunda residencia y, así a primera vista, poco interesante desde el punto de vista militar. Quedaba el problema de las milicias turco-chipriotas que habíamos visto por la zona del puerto en los días precedentes y que, siendo Varosha más bien griega, no se podía descartar que hiciesen algo hostil. Pero, aún así, no se me ocurrió otro lugar más seguro que el discreto Golden Mariana. Le sugerí que se quedase en el hotel, intentando informarse de lo que pasaba, mientras yo iba a comprar las mismas cosas que recordaba de mi casa de Oran: galletas saladas, carne argentina en lata, mantequilla salada, mermelada, leche en polvo y agua mineral, pero me contestó categóricamente que este Caio y esta Caia iban a ir juntos a todas partes mientras alguien se estuviera dedicando a tirar bombas por ahí. El bombardeo, seguramente limitado a la central eléctrica, había cesado hacía rato y las cigarras del parque del hotel ya habían reanudado su rumor cuando, remolcando las dos maletas vacías, decidimos salir a por provisiones. Desde la puerta nos quedamos ambos contemplando nuestro tálamo un momento. Una de las sábanas estaba manchada de sangre. Pase lo que pase, me dijo, ya nunca te olvidaré. http://www.ebay.com/itm/CYPRUS-1960s...-/180896038720 |
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#17
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Cita:
saludos. |
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lachica (25-06-2012) | ||
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#18
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Esto pinta bien ... ya echaba yo de menos alguno de tus relatos!!!
Gracias y ![]() ![]() Salud!!! |
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#19
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![]() gran año aquel en marzo terminaba mi ultima campaña como pescador y comenzaba mi carrera de trapero solitario ![]() ![]()
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#20
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Mas por favor.........
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La vida es aquello que te va sucediendo mientras tú te empeñas en hacer otros planes. |
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#21
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![]() ![]() yo pago las frias. Esto me empieza a sonar clasico de los veranos. El mar, la piscina, el tinto de verano y los relatos de tahleb. ![]() ![]() ![]() |
| Los siguientes cofrades agradecieron este mensaje a SAGHARBOUR | ||
Tahleb (26-06-2012) | ||
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#22
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Conseguimos comprar lo necesario en la tienda de abastos de un libanés que, fiel a su herencia fenicia, había abierto las puertas como si la guerra no fuese con él. Conversamos brevemente en francés (era maronita) y nos informó de que los turcos habían desembarcado de madrugada en Kyrenia, al norte de la isla, y habían lanzado algunos miles de paracaidistas. Según su opinión, los turcos intentarían establecer contacto con el enclave turco-chipriota que había al norte de Nicosia y asentar una cabeza de playa estable en Kyrenia. Tal vez, con un poco de suerte, acudirían luego a la ONU para que mediara en el conflicto y obtener un alto el fuego en cosa de tres o cuatro días y Varosha no sería atacada. No, no tenía ni idea de cómo podíamos mandar un telegrama a nuestros padres y, desde luego, no funcionaba ningún teléfono.
Buscad a un inglés, nos sugirió, y pedidle que lo envíe él en cuanto salga de aquí. A esos seguro que los evacuan enseguida. Y con escolta. Volved al hotel pegaditos a las casas, como si estuviera lloviendo. Es cuestión de horas que tengamos francotiradores. Y procura no salir mucho por las calles con una mujer tan espectacular. El regreso fue un poco cómico. No había nadie más por las calles y ambos nos esforzamos en caminar delante, para proteger al otro (haz el favor de ponerte detrás de mi! Por qué, Caius plus durus est?), hasta que reflexionamos y nos dimos cuenta de que el hipotético disparo de un paco podía venir también de detrás. En el trayecto desde la tienda del libanés hasta el hotel descubrí una de las primeras consecuencias del amor. La sola idea de que Iulia pudiese recibir algún daño hacía que me faltase el aire, que me doliese el corazón y se me helasen las pelotas. No tuvimos que buscar mucho para encontrar un inglés. El hall del hotel estaba lleno de ellos, con sus equipajes, esperando a que los recogiese un convoy procedente de la base británica de Dekelia, que, curiosamente, se extendía hasta una zona llamada Fort Bravo cuya puerta estaba a tan solo tres o cuatro kilómetros del hotel. Pero solo podían evacuar ciudadanos británicos. So sorry, sir. No nos costó nada convencer a una pareja joven, de nuestra edad más o menos, para que aceptasen pasar un breve telegrama a mi padre en el que le decía que estaba a salvo y que se pusiera en contacto con la familia de Iulia para decirles lo mismo. La vida tiene cosas sorprendentes: mi amistad con ellos aún hoy dura. Peter, el chico aquel, es capitán de un gran yate, de esos que llevan helicóptero y todo, y nos vemos de vez en cuando. Este año piensa retirarse definitivamente. Dice que aún le duele recordar lo desvalidos que parecíamos Iulia y yo cuando su autobús se alejó, dejándonos en aquel lío. Recuerda también que no perdíamos el contacto ni un instante: o nos cogíamos de la mano, o del talle o, simplemente, nos agarrábamos por la ropa. ¡Eramos tan jóvenes! Tras la marcha de los ingleses el hotel quedó semivacío, con tres o cuatro parejas mayores - daneses, belgas e italianos-, y nosotros. Todos recomendaban no salir del hotel en las próximas veinticuatro horas, para ver la evolución de los acontecimientos, así que pasamos mucho tiempo en la habitación. Iulia se dedicó exhaustivamente a la observación anatómica de mi pene. Nunca había tenido la oportunidad de ver ninguno en detalle y aprovechó la ocasión y la luz diurna para hacer un reconocimiento completo que confirmase o descartase sus suposiciones previas. Lo miraba tan de cerca que bizqueaba, y a mí me entraba la risa. Así que esta salvajada es la circuncisión. Qué bestias, ¿no? Y cómo puede ser que tu madre lo permitiese. No lo entiendo. ¿Cómo? ¿Qué tu madre es judía? Anda que cuando se entere mi padre… Fíjate, ¡es como si tuviese vida propia! Le tocas aquí y… se mueve! Está claro que le caigo bien y que va bastante por libre. Será mi amigo Isaac, el Judío. |
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Atlántida (21-07-2012), ayapitas (26-06-2012), Flavio Govednik (26-06-2012), lachica (26-06-2012), mar y luna (06-11-2012), Sahel (15-01-2013), tragavents (17-07-2012), Zephyr (07-08-2012) | ||
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#23
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#24
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Talehb, magnífico relato, pero sigue por favor, que nos tienes en áscuas!
Salud y bunena proa ![]()
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Glory to Ukraine |
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#25
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Muy bueno
![]() ![]() ![]() Me ha encantado la parte romántica: .... pudiese recibir algún daño hacía que me faltase el aire, que me doliese el corazón y se me helasen las pelotas. Lo de dolerme el corazón lo he sentido en varias ocasiones ![]() ![]() , lo de que se me hielen las pelotas, no, claro ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]()
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Buena proa! ![]() Lachica |
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