Erase un matrimonio de mediana edad de origen sudaficano, que vivían desde hace ya bastantes años los meses invernales en Andorra trabajando él en una estación de esquí, y los seis restantes en el puesto de Mataró, en un barco a motor de 30 pies; durante este período el hombre que responde al nombre de Luis, colaboraba con una náutica del lugar, y así iban pasando los años, viviendo la vida que querían y cada día de la misma con ilusión, felicidad e intensidad.
El martes pasado, al volver Luis al barco por la tarde, encontro a la mujer desvanecida, y ante la situación intentó pedir ayuda, realizar ejercicios de reanimación y todo con la desesperación de no lograr hacerla reaccionar. Murió y dejó al hombre en el más espantoso vacío y con la necesidad de empezar de cero y reescribir su vida por completo, ya que su universo eran los dos y el mar y la montaña y se ha quedado sin la mitad más importante para él de la misma.
Aún ha tenido la entereza de agradecer a todos los que de todo corazón nos hemos puesto a su disposición para lo que quiera, pero no es más que un triste consuelo.
No quería dar un tono de tristeza a estas fechas, pero necesitaba contarlo.
Unas

a la salud de la gente que realmente sabe vivir cada momento con la importancia que merecen.