Siempre nos quedarán relatos como este

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Olas hasta en el pararrayos
Agustín Pallarés, servidor del faro de Alegranza desde mediados de los 50 hasta principios de los 80, dormía bajo la torre “tan pegado al mar, que cuando estábamos de permiso echábamos tan de menos el murmullo de las olas que nos costaba dormir”, dice en un plural que incluye a su esposa. Sus turnos de trabajo eran los que libraba el otro farero de servicio, José Olivera Jalón, cuya mujer, Carmen Fuentes, recuerda aún hoy horrorizada el temporal diciembre de 1959. “Me desperté porque sentía el agua dando en el muro del faro –relata–, y le dije a mi marido: ‘¡Pepe, el agua tiene que estar llegando aquí a casa!’. Me asomé por la ventana y efectivamente: ‘¡Mira, está el agua en el pararrayos!” Todo quedó en un susto, pero no le faltaron ocasiones para desesperarse, como una vez que tuvieron un hijo enfermo y encendieron unas hogueras para pedir auxilio.
“Una significaba enfermedad, dos era gravedad y tres muerte –explica– y mi marido, el compañero Agustín Pallarés que estaba con él y el ordenanza [Francisco] hacían tres porque ya no sabíamos ni qué hacer, los tres arriba en la montaña”.

De
www.pellagofio.com