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Antiguo 01-04-2015, 19:21
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Predeterminado Re: Relato Marinero 2ª parte



De acuerdo con las más elementales reglas de navegación con mal tiempo, ante un ciclón o una baja, hay que navegar siempre por la parte que te “eche” del temporal, no por la que te “meta” dentro. Eso es lo que habíamos previsto al arrumbar más al N., de manera tal que confiábamos en que amurados a estribor poco a poco nos iríamos alejando de la borrasca por esa banda.

Por otra parte, habíamos amarinado el barco como mejor sabíamos. Algunas cosas no las pudimos hacer como se debiera. Por ejemplo, los “bimini” solo se desmontaron en su parte textil, pero los arcos de inox era imposible estibarlos en otro sitio, de manera que los aferramos al backestay bien trincados con sendos cabos. Igual hicimos con la capota antirociones, cuyos arcos quedaron a ras de cubierta también trincados. La verdad es que el barco habia cambiado su aspecto. Parecía más un racer que un barco de chárter.

Estábamos justo a medio camino de nuestro viaje, a 125 millas de la punta de la bota italiana y a 125 millas de Kakira, y lo que teníamos a nuestra proa era un cielo negro-marrón, y por nuestra popa el Sol.

Comenzó a llover, y el mar -cuyas olas estábamos acostumbrados a ver avanzar en la dirección en que navegábamos-, se tornó blanco de espuma por nuestra proa y una tras otra todas las olas se convertían en rompientes a poco de sobrepasarnos.

Había llegado la hora. izamos el tormentin y la capa. Más que velas, son tablas, pequeños triangulitos amurados “ a la mala” para compensarse entre si y procurar un cierto gobierno al barco. El tormentin va en una bolsa que se abre al cazar escota y driza y queda sujeto alrededor del propio génova mediante unas anillas textiles. Se tarda 1 minuto en izarlo y se hace desde la bañera.
La vela de capa va amurada al “aries”, se iza con la driza y las escotas se sujetan a las cornamusas de cada banda. La botavara no interviene en esa maniobra, ya había quedado inutilizada, debidamente trincada.

Yo creía -y esto era un sentimiento compartido-, que habíamos previsto todo lo previsible. Es más, aún con esa inquietud ante lo desconocido, en lo más hondo de nuestras conciencias, hasta pensábamos que podíamos “disfrutar” de las condiciones adversas que se nos venían encima.

Las primeras ráfagas de NE nos “golpearon” en el rostro junto con el agua de la lluvia y la de la mar rota.

En esos momentos iniciales, habíamos acordado quedarnos Laura y yo mismo en cubierta, mientras Ernest, Sara y Robert se quedaban en el interior. Laura iba sentada en el escalón de entrada al tambucho mirando hacia la popa y sujeta con el arnés a un cáncamo previsto al efecto, en el suelo de la bañera. Yo estaba sentado frente al timón de barlovento y sujeto el arnés a la linea de vida que recorre toda la banda de estribor. Los pantocazos se sucedían mientras el barco, buscaba apoyo en la escora. Abrí el rumbo a 50 grados del viento para intentar ganar velocidad, pensando que esta nos daría ventaja para alejarnos de la borrasca.

Miré el anemómetro y ya indicaba 43 nudos. La velocidad del barco era de 7 y el oleaje que hasta ese momento había sido de popa, se volvió confuso. Yo sabia que había que negociar las olas, pero ¿cuáles? ¿por dónde?.

Por el rabillo de mi ojo derecho, intuía los relámpagos, y en pocos segundos una sinfonía de truenos nos envolvía, mientras la oscuridad ganaba terreno.

De pronto Laura me señaló con el dedo hacia popa. Una “pared” enorme se nos acercaba con un rugido ensordecedor. Recordaré toda mi vida ese rugido. Era como el de 100 leones...

El palo del l'Aila mide 18 metros. La blanca cresta de la ola alcanzaba la 2ª cruceta, o sea los 12 metros y... subiendo, pues en la medida en que se nos acercaba, nos engullía, nos empujaba hacia abajo, sumergiendo la proa en un valle fosco y profundo de agua y espuma.
Di atrás toda al motor, para "frenar", igualando nuestra velocidad a la de la ola. El barco hundió la popa y levantó un poco la proa, como alzándola con intención de surfear.
Poco a poco la ola nos fue alcanzando, pero no rompió, levantó más el barco, iniciando el surf y alzando más y más la proa, como si del despegue de un avión se tratase. Y en ese momento, quizás una racha de viento. quizás la marcha atrás, quizás....el l'Aila empezó a virar y a escorar sobre su costado de babor, de forma tal, que quedamos atravesados a la misma ola pero por su parte posterior y tumbados unos 100º con la quilla al viento.

La perilla del palo estaba en el agua y los obenques de sotavento sueltos.

Mis pies, mis piernas y mi cintura -por ese orden-, se sumergían en la fría agua. Mi chaleco se hinchó al deshacerse la sal de la bomba de hinchado automático. Una fuerte opresión en mi pecho me impedía casi respirar, era el arnés y su cincha, que tensos como la cuerda de una guitarra me sujetaban.
Estaba aplastado a la rueda del timón. Casi por instinto conseguí meter la mano por entre los radios de la rueda del timón, y parar el motor pulsando el botón de stop que tenia ante mis narices, y el zumbido del contacto se perdió en la amalgama de sonidos y octavas de la mar y el viento.

La vhf portátil que llevaba bajo el traje de agua, me oprimía las ingles y había perdido las gafas.

Llamé a gritos a Laura. No respondía, pero siguiendo la linea de su arnés la vi asomar la cabeza por entre los candeleros de babor, aunque con más de la mitad del cuerpo fuera del barco -en el agua claro-.

La intensidad del viento era tal que nos arrastraba hacia atrás, atravesados, casi volcados y llevándonos irremisiblemente contra la ola que nos precedía.

¿ que podía hacer ? ¡ Podía morir ¡. ¡ Podiamos morir ¡.

En mi mente se cruzó la foto-finish: El barco quilla al sol y yo debajo glub glub glub. Cretino, eres un cretino me dije. Todo previsto, a disfrutar etc. Y ahora a morir, y contigo 4 personas más arrastradas por tu soberbia y engreimiento. Cretino no, eres un cabrón, patroncito de mierda...

Aquello no podía estar pasando.

Pero estaba pasando. Era real.

Y en esas fracciones de segundo, el instinto de supervivencia, los reflejos, o ese almacén de rabia que todos tenemos en nuestro interior, o probablemente la suma de todo, te sobreviene. Entonces es cuando te aferras a la vida, es cuando decides que quieres vivir y te niegas a aceptar la muerte como un destino inevitable.

Tenia que luchar. No podía abandonarme. A lo hecho pecho. Venga co.., tenemos que vivir hostia. Piensa. Piensa.... De reojo pude ver el rostro aterrorizado de Laura que se aferraba al guardamancebos intentando subir al barco cuando en realidad éste se iba hacia abajo, se le venia encima.

Mientras me iba sumergiendo más y más y el barco "pinchaba" la ola con su palo, me pedí a mi mismo un instante de frialdad, de serenidad y tomé una decisión, saqué de mi bolsillo la pequeña navaja solo-corta-pero-corta-bien y segué la linea de vida. Y me solté...

Continuará

Editado por AILANAUTIC en 01-04-2015 a las 19:25.
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