
16-04-2018, 12:32
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Grumete Pirata
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La fosforescencia nocturna del mar: como encontrar tan impresionante espectáculo
Invito a una ronda -virtual- para todos y, aprovechando la ocasión, propongo disfrutar con uno de los más impresionantes fenómenos que, en ocasiones, nos brinda el mar: navegando de noche a veces podemos ver como el océano fosforece intensamente fascinándonos con un impresionante espectáculo luminoso. El mar brilla con tal intensidad que incluso ilumina las velas. Si se va a motor se verán nítidamente espirales de luz que marcan la trayectoria de las palas de la hélice. Los peces que nadan a poca profundidad dejan una intensa estela luminosa. Uno puede coger esta agua fosforescente y echársela por encima para verse a sí mismo iluminado. Pocos fenómenos naturales puede competir en esplendor con la espectacular fosforescencia que dejan a veces las trayectorias de miles de pingüinos y focas en el estrecho de Magallanes. O la inmensa estela fosforescente que deja una ballena franca austral en el golfo de San Matías... Otras veces esta fosforescencia es mucho más modesta, quedándose en simples destellos luminosos en forma de bolas de luz que estallan de repente. Pero siempre sorprende.
¿Cómo podemos encontrar este impresionante fenómeno?
La mayor parte de las veces el causante de este extraordinario suceso es un organismo microscópico, casi siempre Noctiluca scintillans, un dinoflagelado, que produce luz mediante un sistema bioquímico de luciferina-luciferasa (el mismo que usan las luciérnagas y otros animales como algunas medusas o peces abisales). En una zona de intensa luminiscencia, una gota de agua puede contener más de 5000 de estos dinoflagelados. Así, si queremos ver este impresionante fenómeno de luminosidad, tenemos que encontrar las grandes acumulaciones de estos microorganismos.
Para que se acumulen en tales cantidades estos microorganismos necesitan una zona rica en nutrientes. Por eso en zonas como las Rías Bajas gallegas, o algunas zonas del litoral de Chile estos fenómenos luminosos son mucho más intensos que en zonas como el Mediterráneo. Pero un efecto colateral de los “tiempos modernos” es que la actividad humana está enriqueciendo en nutrientes grandes zonas costeras, por ejemplo, en Almería o Murcia, donde los fertilizantes agrícolas permiten que los microorganismos alcancen mayores densidades.
Además de nutrientes, también se necesita que estos microorganismos (cuya velocidad de natación es de solo unos pocos centímetros por hora) puedan acumularse. Para ello se requiere buen tiempo mantenido durante varios días (cuantos más mejor). Si no, el mar los dispersa. Así que una buena estrategia para encontrar esta bioluminiscencia es navegar de noche hacia finales de verano o principios de otoño, después de un par de semanas de buen tiempo y poco viento por zonas donde la riqueza en nutrientes esté asegurada, bien de forma natural (p.e. frente a las Rías Gallegas) bien en zonas donde los arrastres de agua de agricultura permitan que estos organismos bio-luminiscentes se concentren en grandes cantidades y en el E y SE del Mediterráneo español hay bastantes zonas así.
Compañero tabernario, una última reflexión: la próxima vez que por la noche veas esta fosforescencia en el mar piensa que para producirla hacen falta muchísimas más Noctilucas, que todos los seres humanos que a lo largo de la historia han existido (más de 100.000 millones). Y piensa que de la enorme variedad de especies que alguna vez poblaron nuestro planeta, tan solo a dos grupos se les asignó el prefijo dino (que significa monstruoso): los saurios monstruosos o dinosaurios y los flagelados monstruosos o dinoflagelados. Es evidente que los dinosaurios destacan por su tamaño descomunal. Pero también lo hacen los dinoflagelados: aunque Noctiluca scintillans es lo suficientemente pequeña para que no podamos verla a simple vista (aunque la gente de vista más aguda podría distinguirlas como diminutos puntitos), es enorme: un millón de veces más grande que una bacteria típica. Y es un depredador mucho más feroz que el temible Tyrannosaurus rex: Noctiluca devora ávidamente a los microbios que están a su alrededor.
Así que suerte en la búsqueda, buena proa, buena guardia, buena mar.
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