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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#1
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Todos los años, cuando llegan estas fechas en que comienza la campaña del bonito aquí en el Cantábrico observo un fenómeno curioso.
Muchos pescadores deportivos encuentran en su afición una satisfacción añadida. La de el vil metal. Porque el bonito, además de divertido, puede llegar a ser muy rentable para el pescador deportivo. Y llegar a puerto con 100 o 200 kilos de bonito a principio de temporada, cuando está más caro, y venderlo a uno o dos restaurantes a 5 ó 6 euros kilo es muy goloso. Por eso son muchos los que en estas fechas encuentran en su afición un sobresueldo con la excusa de "una ayuda para el gasoil". Claro, 600 ó 800 euros de ayuda por salida. Un día sí y otro no, así todo el verano. Pues bien. Esta es la cuestión: Tradicionalmente observo que si los profesionales comienzan bien la campaña, no hay problema. Pero cuando la campaña comienza mal para los profesionales y los deportivos empiezan a vender surgen los problemas. Presión constante por parte de la Guardia Civil, del SEPRONA y de Aduanas si fuese preciso. Controles en alta mar a los barcos y titulaciones de los patrones, así como sus atribuciones para navegar a más de 12 millas. Número de capturas y tamaños mínimos con sanciones (casi siempre a los más inocentes o despistados) muy elevadas. Pues bien. Ésa es la cuestión. Calculo que en una semana, máximo 15 días los bonitos estén aquí y "los de siempre" comiencen su campaña personal. ¿Qué va a pasar entonces? ¿Cómo van a reaccionar los profesionales y a remolque suyo las autoridades competentes? ¿Va a merecer la pena ir a bonitos o será mejor quedarse a pescar julias y cabras? No sé. me parece un año muy complicado. Un saludo a todos |
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