La Taberna del Puerto Sergio Ponce
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Antiguo 17-11-2008, 13:20
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La niña de la caña
 
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Predeterminado Adaptación a mi barco (II): La epilady

Creo que cada vez es más difícil dar marcha atrás. ¡¡¡¡Diossss!!! ¡¡Ya he sustituido la gilette Venus por la epilady en el Cachalote. Es como cuando vas de viaje… no te llevas el cepillo de dientes eléctrico, si lo haces es porque la estancia va a ser larga. Pues lo mismo pasa con los artilugios depilatorios.

El sábado dejé ropa para lo que supuestamente iba a ser una semana (o sea pa un mes largo). El problema de un barco pequeño con una chica a bordo que no puede ir en chandal a currar es grave. No todos los zapatos pegan con todos los modelos, idem pasa con los bolsos. Y luego los collares… en una perchita que hay junto al tambucho he colgado algunos que llevé adecuados a la ropa (8 sin contar el que me he puesto hoy). Parece un puesto de feria. Los pendientes en un saquito, pero no sé donde los dejé así que esta mañana no los he encontrao.

Lo de los zapatos… puffff en una bolsa de deporte todos metidos. He intentado llevar los justos, unas botas, unos tacones marrones, otros negros y un par de bailarinas (suelo llevar algun par de bailarinas siempre en el bolso porque taconear todo el dia no es sano). Además un par de deportivas que siempre andan por ahí y las chanclas. Olvidé otras botas… pero de todos modos no sé donde las iba a meter. Los bolsos: como son enormes casi todos he metido uno dentro de otro (son 4 contando el que llevo “puesto).

La lencería va toda en un neceser de mano… creo que me he pasao con los sujetadores, como son de relleno abultan mucho y no sé porque llevo tantos (más que días tiene la semana).

Zapatos, bolsos, mochilas y varios efectos más lo he atrincherao en una conejera.

La ropa planchadita dentro de un portatrajes colgao en el mamparo. Y en proa a un lado he guardao dobladita la ropa deportiva y al otro los jerselitos y cositas así de vestir que no se cuelgan.

Trato de que no hayan cosas por medio, que esté todo bien estibado y a la vez a mano por si me da el barrunto y suelto amarras no tener que ponerme a guardar todo. Pero es difícil, muy difícil.

He redescubierto la radio de toda la vida. La verdad es que la tele me molesta, sin embargo me he llevado un pequeño transistor y escucharlo flojito acompaña muchísimo. Y por las mañanas lo mismo…

Lo de la ducha mañanera en el puerto me sigue dando mucha pereza, ¡están muy lejos! Eso sí, me llevo mi calefactor cuando voy en la mochila, que siempre están heladas. Compro una bolsita de hielo de un día para otro, me gustan los yogurts bien fríos, y dejándolos la noche antes al día siguiente se mantienen frescos, y eso que llego muy tarde. Normalmente el café me gustaba frío, pero cada mañana me lo caliento más. Voy cogiendo un nuevo ritual: antes de vestirme, según salto de la cama, me pongo el chaquetón y me siento en la bañera a tomarme el primer café. Es una gozada. Al abrir el tambucho el helor de la madrugada te pega un bofetón, pero es una torta agradable, huele a mar. Pones el primer pie descalzo fuera y ¡joderrrr! Frío y mojado, siempre olvido calzarme. Te sientas Y si olvidas poner una toalla te mojas literalmente el culo con el relente de la noche. Y bajas de nuevo a por el trapito para que no se te queden las posaderas congeladas y notas el calor de dentro, ¡qué bien!. Vuelves a salir, y con la gotilla de frio en la nariz, pegando tiritones bebes el café caliente a sorbos, lo saboreas… por el levante se adivinan los primeros rayos de sol, por poniente aún es noche cerrada. Empieza un nuevo día, pero empezarlo así solo puede presagiar cosas buenas.
Hay trasiego estos días al amanecer y al atardecer, es la época de los calamares y muchos zarpan antes de que se haga de día. Es la hora. A mi me toca irme a la oficina, les envidio, quisiera quedarme allí. Me visto recojo todo lo que puedo si voy bien de tiempo desenchufo todo y al tajo…. El recorrido de 15 minutos en el bus es un repaso mental de todo lo que debía hacer ¿me he dejado algo mal? ¿seguro que he desenchufao todo? ¿he cerrado el gas? Hoy olvidé fregar la cafetera y el cazo. No recuerdo si vacié el cenicero, odio dejar colillas por medio, además que me da miedo dejarme alguna mal apagada con el peligro que puede conllevar eso. Creo que colgaré una lista en algún lugar visible de las cosas que siempre debo hacer para repasarla y asegurarme de que todo está en orden.

En ell armarito que hace de despensa ha cambiado el orden. Antes lo tenía todo dispuesto de manera que las cosas de picoteo estuvieran más a mano por si se presentaban amigos. Ahora lo que tengo más a mano es el café y la leche. Y el biomanán y yogurts (suelen ser mi cena) ¡Ah! Y pasas, me encantan y de cuando en cuando por las noches me da el punto goloso y me como unas poquitas.

Esta noche toca desatarse…. Miguelito Epops se encarga de comprar pan y yo haciendo honores al nombre de su barco llevaré chocolate para fondue, cacao negro al 80 %. O sea que cena hipermegacalorica de pan con chocolate negro… Bueno, un día es un día… Por cierto ayer cenamos en el Kacao unos champiñones precocinados marca cidacos, un minutillo en la sartén y listos. Estaban buenos, así que os lo recomiendo (además no engorda tanto como el pan con chocolate)

Como entre semana solo llego para ordenar y dormir pues he quitado de enmedio todo lo que no uso a diario. La enorme caja de herramientas la he guardao en un cofre, y los trajes de agua también, así como el arnés y el chaleco salvavidas. Supongo que poco a poco iré poniendo más orden, en definitiva como el barco es tan pequeño he de intentar que esté todo a mano pero recogido a la vez. De momento medio me apaño aunque día a día voy cambiando cosas y adaptandolas para que me sea más práctica la estancia.

Lo mejor de todo es que no me resulta incómodo. Quizá algo complicao, pero me gusta. En cierto modo la vida es bastante austera, si no fuera por el tema de la indumentaria laboral pues todo sería más sencillo, pero bueno, la tranquilidad que estoy encontrando no se paga ni en el mejor balneario del mundo. Eso sí, cuando voy camino del autobús al cruzar el puerto paso una vergüenza que me muero, está todo muy silencioso y los tacones retumban huecos pero tremendamente fuerte, trato de ir de puntillas, tengo la sensación de que voy a despertar a todo el que esté durmiendo en su barco, ¡qué cosas! Los vecinos me van a conocer por la madrugadora escandalosa.

Pero me gusta, sí. Y cuento las horas para que llegue la noche y volver….
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el brujo (17-11-2008), KIBO (17-11-2008)
 

Sergio Ponce

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