Sereno, seguro, casi místico tome la iniciativa, nunca lo habíamos hecho solos, pero al fin, decidimos disfrutarlo. Asinstió solo con la mirada, dulcemente cuando se lo propuse. Embarcamos a las 23.00 después de cenar en el puerto, asegure a nuestras pequeñas tripulantes, y soltamos las amarras. cuatro horas de navegación nocturna, sin cruzarnos con ningún otro barco, divisando tenuemente, a medida que nos alejabamos de los acantilados rumbo al mar abierto alguna luz de pescador, después de haber dejado el bullicio de la ciudad. Las otras dos ocasiones en que navegamos por la noche lo hice acompañado del iltre cofrade cierraelpico y cuando baje a Valencia, me acompañó un profesional. Esta vez, el barco era solo mio y, por supuesto, la emoción tabién, lo dicho casi místico.
Nada, solo era para contarlo, que tengo a mi socia hartita con mi emoción.
Rondas para todos
