La Taberna del Puerto Svb
"Se navega por los astros, por la mar, por la tierra, por las gentes, por los sentimientos...Se navega." Altair
VHF: Canal 77   
Regresar   La Taberna del Puerto > Foro > Foros Náuticos > Foro Náutico Deportivo

Avisos

 
 
Herramientas Estilo
  #1  
Antiguo 22-09-2011, 16:41
Avatar de Iñaki/Sinvergüen
Iñaki/Sinvergüen Iñaki/Sinvergüen esta desconectado
Hermano de la costa
 
Registrado: 12-01-2007
Localización: Puerto base en Cataluña
Edad: 61
Mensajes: 2,098
Agradecimientos que ha otorgado: 554
Recibió 403 Agradecimientos en 265 Mensajes
Sexo:
Predeterminado Travesía Guipuzcoa - Asturias

Reproduzco aquí el relato redactado por Capitan Henry sobre la travesía que hemos realizado este verano juntos, pues estaba insertado en el foro de tripulantes y quizás la experiencia interese a más cofrades de los que lo han podido ver en ese foro...

Lo he insertado textualmente sin quitar ni una coma:

Primera parte:

"
Crucero Agosto 2011
Finales de julio de 2011. El plan.
El Txiripa (Dehler 31) de Patxi y Esther, El Bocal (Oceanis 31) de Julio y Yoli y el Trapaia (First 32) de Enrique (ó sea el mío) teníamos planificado salir de Zumaia el domingo 31 con rumbo oeste. Patxi y Esther tenían todo el mes para navegar sin prisa y les apetecía llegar hasta Gijón. A mí me gustaba la idea de llegar hasta allí pero solo podía navegar hasta el día 15. Julio y Yoli tenían que volver para el día 12 por el compromiso de asistir a una boda, por lo cual quedaba prácticamente descartado que fuesen a llegar hasta Gijón. Por lo tanto navegaríamos en conserva de los tres barcos, hasta que cada uno se fuese descolgando para regresar, de acuerdo con las fechas de sus planes.
Dada la escasez de puertos, de fácil acceso y con servicios de pantalán, entre Santander y Gijón, se preveía la posibilidad de tener que hacer ese trayecto (unas 90 nm.) de un tirón. Para evitar hacer ese tramo en solitario se me ocurrió recurrir en Internet al foro de “La taberna del puerto” donde localicé a Iñaki, un capitán de yate, de Barcelona, con bastante experiencia en el Mediterráneo, por la costa de levante, islas Baleares e islas griegas, pero con muchas ganas de navegar por el Cantábrico, por su fama de mar brava y por probar eso de navegar con mareas, que evidentemente no se hace en el Mediterráneo.
Para tomar contacto antes de salir de viaje, quedamos el día 29 en Zumaia y allí se vino Iñaki con sus mochilas tras tomar un avión de Barcelona a Bilbao, después un metro a la estación de Atxuri y finalmente un Euskotren a Zumaia. Iñaki en realidad se llama Ignacio y no tiene ninguna ascendencia euskaldún, pero le “bautizó” así un amigo vasco y se quedó con Iñaki para todos los amigos. Hasta el momento de vernos las caras solo habíamos hablado un poco por teléfono y habíamos cruzado un par de correos electrónicos. Cuando le vi en la estación de Zumaia con sus dos mochilas y un traje de agua al brazo no pude menos que sonreír y le dije: “Eres un aventurero”. A lo que inmediatamente me respondió “El aventurero eres tú que no sabes a quien metes en tu barco”. Creo que los dos teníamos razón, pero avanzo desde ahora que todo fue muy bien con Iñaki. Sin aventura no hay ventura…
El día 29 de julio: Zumaia. Toma de contacto con el barco.
Salimos a dar una primera vuelta para que Iñaki se familiarizase con el barco. Luego le pude presentar a Patxi y Esther (que con su barco Txiripa nos acompañarían en la travesía) y fuimos a cenar los cuatro al chiringuito de la playa de Itxurun, donde las puestas de sol son preciosas, por eso de que teníamos a un “turista”, como argumentó Esther, y había que ensañarle las cosas bonitas de nuestra tierra. Al día siguiente, sábado, teníamos regata en Donostia de la liga Kutxa y ambos barcos (Txiripa y Trapaia, enconados rivales) íbamos a participar. Ello nos serviría a los dos tripulantes del Trapaia para acoplarnos mejor en la navegación a dúo.
Días 30 y 31 de julio: Regata en Donostia, incidente náutico, regata de traineras.
En la regata de Donostia el Txiripa nos ganó con una considerable ventaja, a pesar de que nosotros izamos el spinaker para la empopada, cosa que ni se me ocurre hacer en mis acostumbradas navegaciones y regatas en solitario. Pero la falta de entrenamiento es vital en el manejo de esa maldita vela, que tanto me gusta llevar cuando ya está izada y que tantos problemas es capaz de producir en las maniobras de izado, trasluchada y arriado cuando se anda escaso de tripulación.
Después de la regata, al regreso de Donostia hacia Zumaia, iba yo mostrando las peculiaridades de nuestra costa al “turista Iñaki”, demasiado cerca de la misma y con marea baja. La sonda nos iba marcando entre 10 y 15 metros (El Trapaia tiene un calado de 1,8m) cuando de repente tropezamos con una roca del fondo. Navegábamos a motor a unos 5 nudos. El barco frenó, clavando la proa en el agua, con un golpe brutal. De la punta del palo empezaron a llover trozos de aluminio sobre nuestras cabezas. Luego vimos que se había destrozado (no sabemos cómo) el reflector de radar fijo a un obenque y ese era el aluminio que nos caía, pero en el momento solo era un motivo más de susto y desconcierto. Inmediata y afortunadamente el barco escoró a babor y después quedó libre de la roca. Suponemos que el choque no fue sobre una roca vertical y además fue algo sesgado, no perpendicular, lo que permitió a la orza resbalar sobre el obstáculo y librarse de él.
Pero os juro que durante unos minutos me descompuse. Empecé a mirar en la sentina por si teníamos vías de agua y no hubo nada. Inmediatamente nos separamos de tierra y pusimos rumbo al puerto ya que estábamos a solo media milla de la bocana de Zumaia. Todo parecía funcionar bien, pero yo me imaginaba la orza de casi dos toneladas de hierro fundido, medio colgando y a punto de desprenderse del casco. Es evidente que eso habría causado probablemente extraños movimientos, ruidos y posiblemente una importante vía de agua, cosas que no ocurrían, pero en esos momentos no sirve de mucho el razonamiento. Después de sentir el golpe casi no puedes creer que no haya pasado nada grave. Así que decidimos pedir en Marina Urola turno para sacar el barco del agua el lunes a las 8 de la mañana, dejando condicionado el plan de salida al estado en que viésemos la carena y la orza del barco. Esa noche dormimos en el barco y por la mañana del domingo 31 comprobamos que seguía sin entrar agua por ninguna parte del casco. Eso nos tranquilizó tanto que decidimos salir (a motor) a la bocana del puerto para ver las regatas de traineras que se celebraban ese día. Después de esa prueba nos quedamos algo más tranquilos, pero por supuesto mantuvimos la idea de sacar el barco del agua por la mañana y verlo por debajo.
El lunes día 1 de agosto: Zumaia – Lekeitio. 12 millas.
A las 8 en punto llevamos el barco al travelift y lo izamos al área de carenados. Pudimos ver lo que había por debajo. A la orza le faltaba un pedazo de hierro fundido (como un kilito de lastre menos), en la parte delantera inferior. El golpe había sido afortunadamente muy abajo de la orza. Creo que con 7 u 8 cm más de agua habríamos pasado por encima sin enterarnos de la amenazadora existencia de la roca. En la unión de casco y orza ninguna grieta ni señal de debilitamiento. En la parte inferior de la pala del timón otro rasguño que habrá que reparar rellenando con fibra, pero que de momento no afecta al buen funcionamiento. No se ha torcido el eje y no hay síntomas de mayor daño. ¡Emprenderemos el viaje! ¡No quiero pensar en la faena que habría sido cancelarlo, para el bueno de Iñaki tras haber venido desde Barcelona…!
Ese día salimos de Zumaia a mediodía, después de comer, con intención de ir a pasar la tarde y dormir en el puerto pesquero de Lekeitio. A 12 millas de Zumaia. En estos puertos no hay pantalanes y se atraca amarrando un barco a los norayes o bolardos del muelle y después abarloando dos o tres barcos más al costado del primero. Hay que echar cabos a tierra muy largos, desde proa y popa de todos lo barcos, para dar margen a las oscilaciones de marea y evitar que la batería de barcos abarloados se mueva demasiado con la corriente llenante o vaciante del puerto. Para Iñaki estas maniobras eran una novedad.
Como el mundo de los navegantes es pequeño, cuando apenas habíamos terminado de amarrar los tres barcos a la pared, apareció por allí otro velero, cuyo patrón me llamó por mi nombre y me pidió permiso para abarloarse al mío. Era Gabriel, un viejo conocido, policía municipal de Pasajes, con el que estuve en una ocasión negociando una posible compraventa de barcos (un intercambio) que no se llevó a efecto. Yo casi no me acordaba de él, pero nos regaló uno de los dos túnidos (listados) que había pescado. Con eso y con un verdel que había pescado alguien de nuestra expedición (creo que Yoli) prepararon Yoli y Esther un marmitako y cenamos todos de maravilla.
Cada día dedicábamos un rato a discutir el itinerario del día siguiente. Yo era partidario de hacer más deprisa el recorrido de ida, llegando cuanto antes al punto más lejano para luego volver con tranquilidad en etapas más cortas. Pero era el único partidario de esa tesis y naturalmente acepté de buen grado la decisión contraria, tomada, como debe ser en democrática asamblea.
Día 2 de agosto: Lekeitio – Elantxobe. 8 millas.
Continuamos ruta, como en días anteriores con poco viento y buena mar. Tratamos de aprovechar los ratos de ventolina y hacemos bastante trayecto a motor, que evidentemente no es lo que más nos gusta. Vamos al puerto pesquero de Elantxobe, a 7 u 8 millas de Lekeitio. Como seguramente conocéis es un encanto de puerto y de pueblo. ¡Pero sus calles tienen una pendiente endiablada! Y nosotros no satisfechos con callejear decidimos subir andando desde el puerto hasta lo alto del cabo de Ogoño, para divisar la playa de Laga, la isla de Izaro, Mundaka, y Urdaibai. Una subidita que valió la pena, pero que a mí me pilló muy desentrenado. La subida la hice muy bien, pero en la bajada las rodillas me dolían cosa mala. A final tenía que bajar sin doblar las piernas, como si las tuviese de palo. En el bar del puerto cenamos algo de picoteo y nos prepararon una tortilla estupenda.
Día 3 de agosto: Travesía Elantxobe – Getxo. 26 millas.
Bordeando la isla de Izaro, el cabo de Matxitxako, visitando de cerca la plataforma gasera de La Gaviota, costeando por San Juan de Gastelugatxe, la playa de Bakio, poniendo motor a la altura de la central nuclear de Lemoniz (afortunadamente inconclusa), aprovechando para comer navegando con relativa tranquilidad, pasando cerca de Arminza y luego el cabo Villano, la bahía de Plencia y las playas de Sopelana, Larrabasterra, Azkorri y por fin Punta Galea y la entrada al superpuerto de Bilbao y allí al fondo, 3 millas tierra adentro, la dársena deportiva de Getxo con pantalán, corriente eléctrica, agua y unas duchas ¡con agua caliente y todo! (cosa que no habíamos tenido desde Zumaia). Por cierto, a casi todos nos pareció que el edificio de las duchas se movía mucho. Es lo del mareo de tierra…
Día 4 de agosto: Getxo – Laredo. 22 millas.
Hasta la salida del superpuerto, entre el muelle de Ciérvana, con sus enormes aerogeneradores, y “el cajón” navegamos en ceñida con unos 15 nudos de aparente, bastante bien aunque “si tenemos que seguir haciendo zigzag hasta Laredo llegaremos pasado mañana”. Al salir del superpuerto el viento baja de intensidad sensiblemente. Los tres barcos tomamos diferentes opciones más o menos alejados de la costa. Antes de pasar por Castro el viento casi desaparece. Ponemos motor a bajas revoluciones y aprovechamos la calma para comer algo. Un poco más tarde, antes de pasar frente a Oriñón, se nos pone el viento de popa y vemos como el Txiripa ha izado el spinaker. Nosotros también lo hacemos e intentamos alcanzarlo, pero solo conseguimos mantener la distancia, hasta que finalmente antes de entrar en Laredo trasluchan y nos dejan atrás. Se están poniendo ¡intratables!.
Laredo: Club Náutico en el puntal con amarres en boyas y botero de servicio 24 horas. Hay un precioso puerto deportivo sin estrenar, en el mismísimo centro de la city, al pie de la Atalaya y del casco viejo. Una preciosidad de puerto que no está utilizable porque hay algún problema entre la administración y la empresa constructora… Así que vamos al náutico del Puntal y allí mismo cenamos muy bien en un chiringo (si es que se puede llamar así) de la playa.
Día 5 de agosto: En laredo.
Dejamos los barcos en sus boyas y tomamos el “Ferry” (o “patera”) que pasa con gente del Puntal de Laredo a Santoña. Santoña es un bonito pueblo para pasear y un excelente sitio para comer, pero esta vez conseguimos comer mal en Santoña, lo que demuestra que somos capaces de hacer cosas difíciles… También hicimos compras en Santoña para la despensa del barco. Por la tarde-noche fuimos al pueblo de Laredo (unos caminando 5Km. y otros en el bus) y, después de subir al mirador de La Atalaya, paseamos el casco viejo y nos comimos algún pincho.
Día 6 de agosto: Travesía Laredo – Santander. 23 millas.
Julio y Yoli, con su barco “El Bocal” habían llegado al ecuador de su travesía que terminaba necesariamente antes del día 12 y decidieron que no nos acompañaban a Santander y que emprendían el retorno. Con algo de tristeza nos despedimos, de barco a barco, cuando largamos las boyas y partimos en distintas direcciones. ¡Agur. Buen viaje y que sea con buen viento!. Pero lo del buen viento no está fácil de conseguir. Iñaki empieza a creer que eso de la bravura del Cantábrico es una leyenda marinera. Le hemos hablado de galernas de verano con fuerza 9 y 10, de regatas con olas de 4m y más de 30 nudos de viento, y creo que piensa que los vascos tenemos demasiada imaginación.
Cuando estamos a unas 5 ó 6 millas de Santander nos avisan Patxi y Esther de que tenemos sitio de amarre en Puerto Chico (en pleno centro de la ciudad). Es casi el doble de caro que el puerto deportivo de Marina Cantábrico que está al fondo de la ría junto al aeropuerto y bastante mal comunicado con la ciudad. Así que a pesar del precio nos alegramos y casi nos alegramos más de que de pronto se nublara el cielo y empezase a soplar un viento fresco fantástico para ir a vela. Así que el Trapaia decidió aprovechar la racha hasta el límite del tiempo disponible (aún faltaban un par de horas para que anocheciera). El viento oscilaba del NW al W y aumentaba de fuerza por minutos. Entrando en la bahía, los desventes y roladas eran constantes. La isla de Mouro, la península de la Magdalena, cada islote de la bahía producía un remanso casi sin viento y al salir de su influencia un empujón cada vez más intenso.
Si hubiéramos tenido que navegar mucho más tiempo hubiera sido necesario tomar rizos, pero como estábamos muy cerca de la bocana de Puerto Chico aguantamos el tipo con toda la vela hasta que enfilando el puerto decidimos arriar y poner el motor, en medio de una enorme jauría desbandada de chalupas, chipironeras, veleros y cabinadas que intentaban entrar todos a la vez y cobijarse en el puerto. No es fácil atracar en un puerto con tan poco espacio entre barcos, sin saber bien donde está el sitio que te han asignado y como te convendrá maniobrar, teniendo en cuenta el fuerte viento… Pero con la ayuda de Patxi y Esther que ya estaban allí y la decisión y la pericia de los tripulantes del Trapaia y en especial la de su patrón que ya no tiene abuela que le alabe, el atraque fue rápido y exitoso. El parte meteo para el día siguiente era bastante malo, así que por este y otros motivos quedó decidido que Santander merecía por lo menos uno o dos días de tranquila y descansada estancia. Nos preguntábamos como les habría ido a Julio y Yoli. Si les habría alcanzado el frente o si se habrían librado de él.


Fin de la primera parte...
__________________
Iñaki
Citar y responder
 

Svb


Reglas del foro
No puedes crear discusiones
No puedes responder a mensajes
No puedes editar tus adjuntos
No puedes editar tus mensajes

BB code está activado
Emoticonos está activado
El código [IMG] está activado
El código HTML está desactivado
Ir a


Todas las horas son GMT +1. La hora es 00:30.


Powered by vBulletin® Version 3.7.0
Copyright ©2000 - 2026, Jelsoft Enterprises Ltd.
© La Taberna del Puerto