Originalmente publicado por Luis Martí
Buenas tardes.
En fin... dicen que cada maestrillo tiene su librillo...
Vaya por delante que huyo de la navegación de popa o aleta con mayor izada. Si hay viento razonable, con el génova vamos más que servidos. Si son ventolinas, asimétrico. Con viento duro, ése que intento esquivar con toda mi alma, trinqueta alguna vez acompañada de tres rizos en la mayor, porque no llevo cuatro.
En mi caso, que ni paso ni pasaré de aprendiz de marino, me ha tocado más veces de las que me gustaría y no tengo librillo, apenas cartilla. Mi fino olfato para adelantarme a los acontecimientos brilla por su ausencia; y no será por tamaño del apéndice nasal...
Balandro grandote, tripulación familiar escasa (mi esposa y yo, con dos hijos pequeños durante bastantes años; ahora, con mucha frecuencia, mi esposa y yo solos; a veces, algún amigo).
Nuestra mayor es gansa, 42 metros poco más o menos. Cada rizo incorpora en el grátil una fuerte anilla inox para enganchar en los cuernos de carnero (gancho de rizos). Llevamos el winche de rizos donde casi todo el mundo, empernado al palo bajo la botavara, más otro winche de mayor potencia en el mástil, en el lado de estribor.
Si la opción de aproar no la veo clara, hago firme un cabo en la base del palo, donde llevo varias cornamusas, lo paso por la anilla más cercana y lo devuelvo a uno de los winches del palo con el que fuerzo la bajada.
El primer paso, claro está, es amollar driza en longitud algo superior a la necesaria (nuestras bandas de rizos están a metro y pico una de la otra). La vela permanece quieta por la presión del viento. Al aplicar tensión con el winche, el grátil baja a empentones, acompasado a los movimientos bruscos del barco al pasar la ola. Sé que a la vela no le hace maldita la gracia pero, como dice un amigo, que hubiera nacido princesa...
Son pocos minutos, pero muy largos. Como en la maniobra llevo arnés y, en casi todas las ocasiones, linterna frontal, resulta poco divertido máxime si tu nariz soporta un par de culos de vaso considerables, que es mi caso, y que en esas circunstancias llevan toda el agua que pueden retener.
En fin, no digo que sea un buen método, pero a mi me sirve. En realidad, veo más problema con mantener bajo control la enorme cantidad de trapo suelto que queda sobre la botavara y tiende a caer (cosa que limitan las chaquetas o lazy-jacks; bueno, lazy-bag para ser más exactos) hasta que la hacemos firme con los amantes de rizo porfiando por no caernos, así como tener la serenidad suficiente para recoger cuidadosamente la importante cantidad de cabos sueltos que quedan colgando del penol de la botavara.
Saludos,
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