La Taberna del Puerto Almayer
"Se navega por los astros, por la mar, por la tierra, por las gentes, por los sentimientos...Se navega." Altair
VHF: Canal 77   
Regresar   La Taberna del Puerto > Foro > Foros Náuticos > Foro Náutico Deportivo

Avisos

 
 
Herramientas Estilo
  #25  
Antiguo 02-09-2019, 23:11
Avatar de dhow
dhow dhow esta desconectado
Piratilla
 
Registrado: 27-10-2006
Localización: Europa
Edad: 58
Mensajes: 74
Agradecimientos que ha otorgado: 78
Recibió 192 Agradecimientos en 32 Mensajes
Sexo:
Predeterminado Re: Traerme el barco a Suecia

Aterrizo en Amsterdam el 21 de julio. Cuando llego al barco, primer contratiempo: la antena del radar, que según lo acordado debería ya estar montada, no lo está. Como es domingo, hasta mañana no puedo saber el motivo. En todo caso, yo empiezo a preparar el palo para que sea arbolado. He guardado un poco de pan para la familia de gallinas que adoptamos en el varadero, pero no están a la vista. En cambio una familia de cisnes parece muy interesada en lo que pueda ofrecerles.



A las seis de la tarde aterriza Silvia. Sí, al final se ha lanzado y va a acompañarme hasta Suecia. Me reúno con ella en la estación de tren. Pasamos la noche llenos de dudas. ¿Cuando podremos irnos de este maldito sitio?
Al mediodia del dia siguiente finalmente llega la pieza y en seguida está montada la antena del radar. Por la tarde tengo hora para la grúa así que me apresuro con todos los preparativos. Al desplegar las crucetas la cubierta es un autentico caos de cabos y cables que voy intentando aclarar poco a poco. Cuando estoy tirando del backestay para dejarlo claro de pronto escucho un "Plof". ¿Que ha sido eso? Algo se ha caído al agua, algo grande y pesado, pero qué...? Pronto lo descubro. Para mi horror veo que es el arraigo de la botavara. No hay otra que ponerme las gafas de bucear y meterme en ese agua asquerosa, opaca y pronto compruebo que muy fría también.



Cuando meto la cabeza no veo nada más que una niebla amarilla. Imposible ver el fondo, imposible ver la pala del timón desde sólo medio metro de distancia. Misión imposible. Salgo del agua y hundo mi cara entre las manos. Esto sí que me remata. Conseguir un nuevo arraigo que encaje en mi botavara tal vez lleve semanas... Tal vez tenga que dejar el barco en Holanda. Me asomo otra vez por la borda. Joder, está ahí abajo. Vuelvo al agua. Me sumerjo un par de veces para ver si puedo tocar fondo al menos, porque no tengo ni idea de la profundidad. Después de los dos intentos sólo puedo decir que son más de tres metros. Joder, está ahí abajo. Me hiperventilo durante unos segundos y vuelvo a sumergirme con todo el impulso de que soy capaz, palpando la pared del muro para saber hacia donde me dirijo, porque en cuanto meto la cabeza me desoriento en un mundo amarillo. Doy la última brazada y veo brillar algo. Es el arraigo!!!! Por un instante pienso, "perfecto, a la proxima lo pillo", pero en seguida me doy cuenta de que si lo veo es porque está al alcance de mi mano, y efectivamente, alargo la mano y arriba!! Parece que la superficie no llega nunca, no soy demasiado bueno buceando y para mi bajar cuatro metros es una auténtica hazaña, y más en una agua así de asquerosa. Estoy eufórico, ¡Sí, joder, este barco va a llegar a Estocolmo! Silvia me manda a la ducha con buen criterio, y allí descubro que tengo diversos cortes en las manos y los pies, supongo que al rozar con el muro, pero estoy feliz.

A las cinco de la tarde pongo el barco bajo la grúa y comienza la operación arbolado. Todo va muy bien, son buenos profesionales, no como los de Sete, aunque tambien es verdad que me cobran el doble. Por la tarde la grúa me sube el palo y entonces empieza la carrera contra reloj.







Quiero marcharme esta misma tarde para aprovechar vientos portantes que se me volveran en contra si espero otras 24 horas. Pero según van transcurriendo las horas me voy dando cuenta de que es misión imposible. Ya son las nueve de la tarde cuando termino de tensar los estays, montar botavara, lazy y mayor y empiezo a izar el génova. Ya es noche cerrada y todavía sigo pasando los cabos por sus poleas y stoppers. Cuando me voy a poner con el cableado me doy cuenta de que la foto que hice para saber como se conectaba el radar la descargué del movil y no la tengo aquí. Pero después de un largo examen de los más de veinte cables que hay que conectar, solo hay dos conexiones que no estoy seguro como van. A pesar de ello, como son cables finos de electrónica decido que no debe ser demasiado grave si los conecto mal, simplemente no funcionará. Así que pruebo una de las dos posibilidades y enciendo el radar. Funciona!!! A la primera!!! Genial. El único problema es que ya es la una de la mañana, llevo el día entero sin para de currar y todavía tengo que conectar la antena vhf, y para eso necesito un soldador y una conexión eléctrica, y enfrente de la grúa no hay ninguna. Muevo el barco unos metros más atrás para lograr que llegue hasta la torreta más cercana y finalmente consigo conectar el cable, aunque algo tirante. Pero resulta que la torreta no funciona. Bueno, pues ire con la antena VHF de cubierta, la que he usado en los ríos, hasta llegar al próximo puerto. Conecto y pruebo las luces mientras Silvia prepara una cena tardía. En mi checklist todavía quedan tres o cuatro cosas así que ya me he resignado a salir mañana.

Dormimos y a las ocho de la mañana ya estoy despierto, recorriendo la cubierta. El cielo está totalmente despejado y a las nueve ya hace demasiado calor. Tenemos que irnos cuanto antes. Momento de ducharnos. Una horas después estamos en el Ij. Son dos horas hasta la esclusa que nos da acceso al mar.





Tenemos la inmensa suerte de que la esclusa se abre justo cuanto llegamos. Somos unos diez veleros dentro de la esclusa. Estoy en la primera fila. En cuanto se abre la compuerta estoy impaciente por arrancar. Quiero mar. Miro al barco de al lado para decirle que si quiere salir primero y esta cortesía me salva. Por sus gestos entiendo en seguida. Hay un puente levadizo a la salida!!! Madre mía, para habernos matado. Esperamos a que se abra el puente y ahora sí. Pronto tenemos agua libre ante nosotros.



Mi sensación de alivio por dejar atrás la etapa fluvial del viaje es inmensa. Disfruto de las primeras horas de mar, de poderme meter en la cabina y olvidarme de todo por cinco minutos. El radar funciona de maravilla, Dios salve a Furuno. Lo dejo funcionando para no tener que asomarme y refugiarme del sol, de vez en cuando me acerco a mirar la pantalla. Una de las veces que me asomo veo esto:



Por un instante pienso que el radar, a fin de cuentas, sí que está averiado. Pero pronto me doy cuenta. Me asomo y allí están. Los había visto en la carta pero me había olvidado.



El viento es contrario pero flojo. Podría ser peor. Hago bordos un par de horas para disfrutar de las velas a las que tanto he echado de menos y cuando ya voy a poner el motor el viento rola y me permite seguir ciñendo, pero esta vez paralelo a la costa.




Esto vuelve a ocurrir una hora más tarde. Y otra vez. Ciñendo y ciñendo y el viento al caer la noche aumenta de intensidad. Decido dejar todo el trapo y el Rey Arturo cabalga con la regala besando el agua. Vamos a más de siete nudos. Estoy contento. Bajo a la cabina y voy hasta el camarote. Allí está Silvia hecha un ovillo en la oscuridad. "Que tal?" "Pues mal" "Estás mareada?¨. No, no está mareada, o bueno, sí que está un poco mareada, pero sobre todo está asustada. La trato de tranquilizar, le explico que son buenísimas noticias, vamos a llegar mucho antes al puerto al que queríamos llegar. Pero a ella la escora no le gusta, tiene la sensación todo el rato de que el barco va a volcar, y los cientos de millas que ha hecho de ceñida en este mismo barco no cambian nada. Contra ese vértigo no hay razonamiento que valga. Y es el Mar del Norte, y tiene miedo de que vaya a más. Le explico que ese miedo a que todo fuera a más era siempre mi miedo cuando empecé a navegar. Y le hablo de Juan, aquel jubilado que me acompañó en pleno invierno desde Almería a Barcelona, y de cómo aprendí de él que lo importante no es lo que pueda venir, sino lo que hay ahora mismo, y es en eso en lo que uno se tiene que fijar, en como manejar mejor el presente, no dedicando ni un segundo a formular hipótesis desfavorables. Su lección no me la dio de palabra, sino que me llegó en dos detalles. Cuando estábamos en el golfo de Valencia comenzó a soplar un poniente de más de veinte nudos, y como estábamos bien lejos de la costa, se comenzaron a formar buenas olas. Yo estaba de guardia y salvo por el resplandor de Valencia en el cielo cerca del horizonte, la noche era negra como lo es ésta. Llamé a Juan y propuse tomar un rizo. Juan me dijo que le parecía que tomar un rizo a oscuras no era buena idea. Entonces enrolló unos metros de génova y la abrió lo suficiente como para que el barco no escorase salvajemente. Y se volvió a dormir. Y allí me quedé yo, preocupándome. Y si va a más? A mi cabeza venían los consejos de otros navegantes: "mejor rizar demasiado pronto que demasiado tarde". Pero lo cierto es que aquello no fue a más y a la mañana siguiente entrábamos en el puerto de Burriana a descansar. La noche siguiente, a unas doce millas de la costa de Tarragona el viento comenzó a soplar del norte. También estaba yo de guardia y mi razonamiento fue "Si me va a saltar una tramontana, lo que quiero es estar lo más cerca posible de la costa cuanto antes", de manera que el rumbo que decidí tomar fue "ceñir a rabiar". Juan se despertó con los pantocazos y salió a la bañera, le expliqué que quería acercarme a la costa porque cuanto más cerca habría menos olas y me dijo, como siempre muy suave y pacientemente, que mucho mejor era abrir un poco el rumbo y apuntar a la costa unas millas más adelante. En cuanto colocó el barco a rumbo en seguida se notó la diferencia, era obvio que el presente no era tan terrible como yo lo estaba viviendo. El miedo al futuro no me estaba dejando ver el presente, y habría supuesto un viaje mucho más incómodo que habría hecho aumentar mi fatiga. No volvimos a navegar juntos pero la lección de Juan me la llevé aprendida.
Silvia no queda convencida de mi historia de Juan. Le ruego que intente dormir y que confíe en mí. Si ahora quitamos las velas va a ser mucho peor, créeme. No le convence, pero se resigna. Han entrado algunas gotas por la escotilla y el camarote está húmedo, me da pena no poderla complacer. Afuera la noche es negra. El viento sigue rolando al mismo ritmo que la línea de costa, de manera que puedo seguir ciñendo y ya llevamos muchas millas. Tan deprisa estamos yendo que la tablet ya muestra como hora estimada de llegada las cuatro de la mañana. Esto no son buenas noticias porque el puerto en el que pensaba recalar tiene una entrada muy complicada y no sé si me atrevo a hacerla de noche...

Una hora más tarde, el viento sigue rolando con la costa, el barco vuela a más de ocho nudos ayudado por más de un nudo de corriente, y nuestra hora estimada de llegada ahora son las tres de la mañana. Le comunico a Silvia la mala noticia. Hemos ido tan deprisa que tenemos que seguir hasta el siguiente puerto. Llegaremos sobre las seis de la tarde de mañana. Refunfuña pero se resigna nuevamente. Es más valiente de lo que se cree. Se tiene a si misma por muy miedosa pero la verdad es que al final siempre se atreve con todo. Al fin y al cabo decidió acompañarme en el Mar del Norte que tanto miedo le daba. La valentía que ha necesitado es comparable a la que yo necesitaría para afrontar el Cabo de Hornos.

A las dos y media ya veo la luz de la marca de aguas navegables que marca la entrada al puerto: una entrada de seis millas entre bajíos, con corrientes. La costa deja de girar y el viento también deja de rolar pero baja un poco de intensidad, para alivio de Silvia y de mi mismo, ya que no quiero que pase una noche infernal.
A las cuatro de las mañana ya hay claridad en el cielo. Ya hemos ganado bastante latitud y las noches empiezan a ser más cortas. Estoy agotado, y el viento ha aflojado tanto que bajamos de los cuatro nudos así que enrollo el génova, enciendo el motor y le pido a Silvia que me haga la guardia. Entro al camarote húmedo y frío, y en seguida me quedo dormido arrullado por el motor.

Cuando despierto el día está soleado y no hay ni una gota de viento. Silvia me cuenta el enorme alivio que le supuso ver la luz del sol y entender que ya había acabado su pesadilla.

Editado por dhow en 22-01-2021 a las 19:30. Razón: errata
Citar y responder
21 Cofrades agradecieron a dhow este mensaje:
Acasimirocasper (10-09-2019), ANTARTIC (27-04-2022), azogue (05-09-2019), Chemaximus (03-09-2019), deigloria (03-09-2019), Fer.druida (04-09-2019), Hakuna Matata (03-09-2019), Inquieto (05-09-2019), iperkeno (03-09-2019), J.R. (03-09-2019), jesmal (03-09-2019), Kiro (03-09-2019), lamardealboran (03-09-2019), luther4000 (03-09-2019), norte (03-09-2019), Pititis (03-09-2019), socarrat (03-09-2019), Tristan Primero (03-09-2019), Tritongolfo (03-09-2019), Woodenboat (03-09-2019), xento (18-08-2024)
 

Almayer


Reglas del foro
No puedes crear discusiones
No puedes responder a mensajes
No puedes editar tus adjuntos
No puedes editar tus mensajes

BB code está activado
Emoticonos está activado
El código [IMG] está activado
El código HTML está desactivado
Ir a


Todas las horas son GMT +1. La hora es 16:34.


Powered by vBulletin® Version 3.7.0
Copyright ©2000 - 2026, Jelsoft Enterprises Ltd.
© La Taberna del Puerto