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leyenda de las gerras punicas de CARTAGO NOVA es decir mi ciudad natal CARTAGENA ![]() ![]() Enfrentamientos bélicos desarrollados entre los cartagineses y los romanos, durante los siglos III y II a.C., por la hegemonía en el Mediterráneo. Roma y Cartago, que desde el 510 a.C. habían vivido en paz por sucesivos tratados amistosos, durante el siglo III a.C. lucharon por la posesión de la isla de Sicilia, en un conjunto de guerras, llamadas Púnicas, que se desarrollaron en el entorno del Mediterráneo: Sicilia, Península Ibérica, Península Itálica y finalmente en la propia Cartago. Los antecedentes del conflicto se originaron al ser expulsado Pirro de la isla de Sicilia: los cartagineses atacaron Mesina, donde se habían instalado unos mercenarios procedentes de Campania (los mamertinos o hijos de Marte). Éstos pidieron auxilio a Roma, que de este modo encontró un pretexto para intervenir en Sicilia y disputar a los cartagineses el dominio del Mediterráneo central. ![]() 2.-Primera guerra púnica (264-241 a.C.). Roma, vencedora en Italia, era una poderosa potencia militar terrestre, en tanto que Cartago lo era por su flota. Roma construyó una escuadra tomando como modelo una nave quinquerreme púnica que había naufragado frente a sus costas y dotó a las naves de garfios para el abordaje. Esta flota derrotó a la púnica en la batalla naval de Mila, en el año 260 a.C., y poco después consiguió llevar hasta las costas africanas un ejército al mando de Regulo, amenazando la propia Cartago. Esta expedición fracasó al ser derrotada en Túnez por un ejército espartano mercenario al servicio de los cartagineses, del que formaban parte elefantes y una potente caballería. Ante este hecho, Roma renunció a los enfrentamientos navales y centró todo su esfuerzo en Sicilia. Tras veintitrés años de agotadora guerra terrestre de posiciones contra el cartaginés Amílcar Barca, Cartago, agotada, sufrió un nuevo y definitivo desastre en las islas Egates en el año 241 a.C. y aceptó la paz, por la que renunció a Sicilia, que pasó a ser la primera provincia romana, y fue obligada a pagar 3.200 talentos de oro a Roma en 10 años, en concepto de indemnización de guerra. Pero Cartago no estaba totalmente vencida: Hispania se convirtió en la despensa de metales preciosos para los cartagineses y éstos hicieron planes de conquista. 2.1.-Los cartagineses en España. El senado cartaginés, con el fin de compensar las pérdidas, ordenó la conquista y explotación de las tierras levantinas, mandando a Amílcar Barca, que desembarcó en Gadir en el año 238 a.C. para restaurar el imperio cartaginés y la hegemonía militar en la zona sur y levantina de la península. Un guerrillero oretano, llamado Orisón, ocasionó en el año 228 a.C. una noche de terror en el campamento cartaginés situado en Helice (Albacete), al introducir toros embolados con fuego que facilitaron el ataque de los iberos. En ese ataque murió Amílcar Barca. A éste le sucedió su yerno Asdrúbal que, en contraste con el anterior, ejerció una política pacificadora en los territorios conquistados mediante técnicas de acercamiento y comprensión con los iberos. Uno de los acontecimientos más destacados de la dominación cartaginesa del sudeste peninsular fue la fundación de Cartago Nova sobre la antigua ciudad ibérica de Mastia, en el año 226 a.C., denominada Quart-Hachaschat y luego llamada por los romanos Cartago Nova (actual Cartagena), y que tomaron como capital de sus posesiones. Asdrúbal firmó con algunos embajadores romanos el Tratado del Ebro, año 226 a.C., por el cual se tomó al río Ebro como la frontera que limitaría el avance de los cartagineses. A cambio, los romanos reconocieron la soberanía cartaginesa al sur de este río. La muerte de Asdrúbal, asesinado por un celta que quería vengar la muerte de su jefe Tago (ajusticiado por orden del general cartaginés), y la llegada de Aníbal Barca, con ideas menos conservadoras, fueron los hechos desencadenantes de las nuevas guerras entre cartagineses y romanos. El senado cartaginés mandó a la Península, en el año 220 a.C., al joven Aníbal Barca ( en el anexo véase ANIBAL BARCA ), hijo de Amílcar. A los 25 años asumió el mando de los ejércitos cartagineses e inició una política militarista y belicosa idéntica a la de su padre. Aníbal, durante el primer año de su estancia en la Península, lanzó desde Cartago Nova sus primeras campañas contra las tribus de la Meseta situadas en el alto Guadiana y al este de la Mancha, y se apoderó de Altaia, capital de los olcades. En la primavera del año siguiente, Aníbal reanudó el avance por la meseta septentrional y llegó a conquistar la ciudad vaccea de Salmantica (Salamanca). Siguiendo más adelante por las tierras de los vacceos, se apoderó, tras un duro asedio, de la capital, Urbocola (Zamora). Cuando al final de la primavera de ese mismo año regresó Aníbal de las tierras de la meseta septentrional, derrotó a los carpetanos en Titulcia, al este de Toledo, asegurándose con esta victoria el dominio sobre buena parte de la cuenca del Tajo. A finales del año 220 a.C. el dominio cartaginés en la Península adquirió su máxima extensión: comprendía todas las tierras de la Meseta situadas entre la desembocadura del Tajo por el oeste y la del Ebro por el levante. En la primavera del año 219 a.C., Aníbal Barca emprendió campañas para asegurarse el dominio de las tribus ibéricas situadas en la parte norte de las costas levantinas. Su primer objetivo era Sagunto, acrópolis de los edetanos o arsetanos, aliados de Roma y por entonces enfrentados a los turboletas, protegidos de los cartagineses. Aníbal atacó Sagunto con el pretexto de defender a éstos. Sagunto, esperando la ayuda pedida a Roma, resistió al poderoso ejército cartaginés. Tras ocho meses de asedio, en el otoño del año 219 a.C., Aníbal ordenó el definitivo asalto a la acrópolis de Sagunto. Sus habitantes, abandonados a sus propias fuerzas, antes que rendirse prefirieron el suicidio colectivo en la hoguera. Este conflicto originó la Segunda Guerra Púnica. 3.-Segunda guerra púnica (218-201 a.C). El ataque cartaginés a Sagunto desencadenó la segunda guerra púnica, que habría de prolongarse hasta el año 202 a.C. y dio ocasión a Roma de intervenir en la Península Ibérica e iniciar su expansión por Occidente. Aníbal decidió trasladar la guerra a Italia, en tanto que los asuntos ibéricos quedan en manos de su hermano, Asdrúbal Barca. La guerra se desarrolló en dos frentes simultáneos.De una parte, Aníbal atravesó los Pirineos en la primavera del 218 a.C. Los galos le dejaron paso franco y, tras recorrer todo el sur de Francia, emprendió el paso de los Alpes. Le acompañaba un ejército formado por 50.000 hombres (de los cuales muchos eran mercenarios hispanos), 9.000 caballos y 37 elefantes. Las penalidades y las luchas redujeron los efectivos de la expedición a 26.000 soldados, con los que intentó conquistar Roma. El genio militar de Aníbal y los errores de los generales romanos le permitieron vencer a los ejércitos de la República romana, junto a los ríos Tesino y Trebia (218 a.C.), y junto al Trasimeno un año después. (En el anexo véase Batalla de Tesino y Trebia .). Por otra parte, un ejército romano al mando de Cneo Escipión desembarcó en el mes de agosto del año 218 a.C. en Emporion (hoy llamado San Martín de Ampurias), en el golfo de Rosas. Desde esta colonia griega, Escipión inició la conquista de la zona costera de la Península Ibérica con el fin de cortar el suministro que desde ella se podía mandar a los ejércitos de Aníbal en Italia. Cneo Escipión derrotó por vez primera al ejército cartaginés mandado por Hannón y auxiliado por las tropas indígenas de Indíbil. La batalla se desarrolló durante este mismo año en Cesse, en las cercanías de Tarraco; esta ciudad indígena se convirtió desde entonces en la principal base de operaciones romanas por la zona del Ebro. La llegada de Publio Escipión, hermano de Cneo, como procónsul al mando de nuevos refuerzos, hizo posible que ambos, después de derrotar durante el año 216 a.C. a Asdrúbal Barca en Hibera (cerca de Tortosa, en la desembocadura del Ebro), cruzasen por primera vez este río y se encaminaran por las tierras del sur hasta Sagunto, ciudad que conquistaron al año siguiente y que tomaron como punto de apoyo para proseguir sus conquista por el Levante y tierras del Guadalquivir. En el frente italiano, Aníbal puso en peligro a la misma Roma que, envuelta en luchas por el poder entre los populares y los aristócratas, había nombrado como general de sus ejércitos a Marco Terencio Varrón. El 2 de agosto del año 216 a.C. tuvo lugar la famosa batalla de Cannas (En el anexo o en la imagen véase batalla de Cannas), que se convirtió en la máxima derrota sufrida por los ejércitos romanos en su historia militar: el ejército romano fue destrozado y setenta mil ciudadanos romanos perecieron. Aníbal se retiró a la Campania para invernar y esperar refuerzos, a la vez que trataba de buscar alianzas con los pueblos contrarios a Roma. El dominio de los romanos sobre tierras cartaginesas fue notable hasta que Asdrúbal Barca, tras regresar con refuerzos desde el norte de África, donde había acudido para apaciguar una sublevación, con la ayuda del ilergete Indíbil y el númida Masinisa, derrotó a los ejércitos romanos en Castulo en el año 212 a.C. En esta confrontación murieron los dos jefes romanos: en la propia Castulo falleció Publio Escipión y en Ilori (Lorca) sucumbió su hermano Cneo. En el año 210 a.C. llegó un nuevo comandante para el ejército romano: Publio Cornelio Escipión, posteriormente llamado el Africano, que consiguió reorganizar las fuerzas romanas, que por entonces contaban con más de 35.000 hombres, y emprendió la ofensiva contra los ejércitos cartagineses. Con los indígenas estableció alianzas pacíficas. A principios del año 209 a.C., Publio Cornelio Escipión, tras una marcha rapidísima, atacó por mar y por tierra la capital cartaginesa de Cartago Nova, la cual cayó en poder de los ejércitos romanos el 1 de abril de ese mismo año. Tal conquista le permitió atraerse la confianza de las comarcas vecinas y asegurar el control sobre el levante. Estas ventajas lo animaron a intentar por segunda vez la conquista del valle del Guadalquivir. Poco después de la toma de Cartagena, en la primavera del año 208 a.C., Asdrúbal Barca fue derrotado en la batalla de Baecula (posiblemente Bailén), haciendo factible la entrada en Andalucía de Escipión y de sus tribus aliadas de ilergetes, edetanos e ilercavones. A partir de entonces, Asdrúbal se trasladó a Italia en auxilio de su hermano Aníbal. A finales de este mismo año, Publio Cornelio Escipión ordenó a su hermano Lucio que ocupara la región de la Bastetania, es decir, las tierras montuosas de las actuales provincias de Almería, Jaén, Granada y Murcia; se libró una operación militar de relativa importancia en Auringuis (Jaén). En el año 207 a.C. tuvo lugar la gran batalla de Ilipa (hoy Alcalá del Río), a la derecha del río Betis (Guadalquivir), entre romanos y cartagineses dirigidos por los generales Magon y Giscon. En este combate, Escipión contó con la ayuda de fuerzas auxiliares de la Turdetania (Andalucía) mandadas por los príncipes turdetanos Culcas y Attenes. Siguiendo los planes de conquista del valle del Betis, el general romano Silano, durante este mismo año, sitió y rindió la ciudad de Castulo, el más importante centro minero argentífero de la comarca del alto Betis (se corresponden con Linares y La Carolina actuales). Poco después, éstas llegaron hasta Carteia (Algeciras) después de sitiar la localidad de Estapa (Estepa). Escipión fundó, cerca de Santiponce (Sevilla), a finales del verano del año 206 a.C, la primera colonia romana a la que en honor de Italia dio el nombre de Italica, para establecer en ella a los legionarios veteranos, con un marcado carácter fronterizo y defensivo, dada la posición estratégica de su emplazamiento: a la orilla derecha del Betis y en su confluencia con el río Cala. La situación para Aníbal en la Península Itálica no era mejor que para los cartagineses en España. Aunque al principio siguió manteniendo sus éxitos (conquista de Siracusa y Sicilia), su situación se fue haciendo cada vez más comprometida por su alianza con Filipo V de Macedonia, que lo entretuvo en una guerra contra Iliria que, finalmente, resultó un fracaso. Igualmente fracasó su hermano Asdrúbal que desde España acudió en su ayuda. Asdrúbal murió en la batalla de Metauro, victoria romana que puso a Aníbal en una grave situación.La dominación cartaginesa en la Península Ibérica concluyó con la conquista romana de Gadir (Cádiz). Derrotados y desmoralizados, los ejércitos cartagineses no pudieron evitar que en el otoño del año 206 a.C. los romanos entraran en dicha ciudad, el último baluarte del imperio cartaginés en la Península Ibérica, lo que forzó la retirada del general cartaginés Magon. Tras asegurar el dominio romano en Hispania, Escipión pasó a África y amenazó directamente a Cartago. Acudió Aníbal en defensa de su patria y en el año 202 se dio la decisiva batalla de Zama, en la que el ejército cartaginés quedó aniquilado y Aníbal hubo de huir a Hudremetum. Finalmente fue aceptado un acuerdo de paz con Roma muy humillante, en el que apenas se le reconocía su independencia y por el que debía pagar en concepto de indemnización 10.000 talentos en 50 años y entregar su flota. Además de esto, su territorio exterior fue anexionado por los vencedores. Cartago desaparecía como potencia marítima y era sustituida en el Mediterráneo por Roma, que en el año 195 a.C. exigió la destitución de Aníbal, el cual tuvo que huir de su patria a Siria, donde Antíoco lo acogió. Pero derrotado éste por los romanos, Aníbal hubo de huir de nuevo, esta vez a Bitinia, donde el rey, Prusias, se vio obligado a entregarlo. Aníbal, para evitar caer en manos de Roma, se suicidó en el año 183 a.C. 4.-Tercera guerra púnica (149-146 a.C.). Cartago, pese a las duras condiciones de paz, no estaba ni mucho menos dispuesta a someterse a Roma. Inició su recuperación una vez más, basada en sus importantes relaciones comerciales y en la ferocidad de sus combatientes; la recuperación de Cartago sorprendió a los romanos, que ya creían haber acabado con ellos. En el 153 el orador Catón fue el primero en percibir el peligro que podría suponer la recuperación de los viejos enemigos, al pronunciar al final de sus discursos la famosa frase delenda est Carthago ('Cartago ha de ser destruida'), en la cual abogaba por la destrucción completa del enemigo. Catón estaba en lo cierto, Cartago no suponía una amenaza para Roma, pero sí es verdad que se estaba rearmando. Su objetivo no era ya Roma sino defenderse de la amenaza númida de Masinisa. Roma aprovechó una de las cláusulas del tratado de paz del 201, que prohibía a Cartago rehacer sus ejércitos, para volver a atacar a su eterno enemigo. Las operaciones se encomendaron a la dirección de los cónsules L. Marco Censorino y M. Manilio Nepote, a los que se les dio un ejército de 80.000 infantes, 4.000 caballos y 50 galeras y un número indeterminado de naves de transporte. En un primer ataque cayó en poder de los romanos el enclave fenicio de Útica, que se rindió sin presentar combate y se convirtió en aliada de Roma, que estableció en esta ciudad su cuartel general contra Cartago. Por su parte, los cartagineses, que no deseaban un nuevo enfrentamiento, mandaron una embajada a los romanos, pero éstos pusieron unas condiciones tan duras -prácticamente suponían la conversión de Cartago en provincia romana-, que Cartago no tuvo otro remedio que rechazarlas y con ello declarar la guerra. En un primer momento los cartagineses acataron las condiciones de los romanos, que consistían en el total desarme y en ponerse a la plena disposición de Roma; pero ésta, que no buscaba otra cosa que la destrucción de su enemigo, impuso a última hora la entrega de la ciudad para su destrucción. Ante esto, los cartagineses se prepararon para resistir el asedio hasta el final y encargaron la defensa de la ciudad al general disidente Asdrúbal. Tras dos años de intensos ataques, desde el 149 al 147 a.C., en los que los romanos no habían logrado acabar con la resistencia de Asdrúbal, que incluso les había infligido algunas derrotas, el mando de las operaciones recayó en Escipión Emiliano que, con una serie de brillantes acciones, logró aislar la ciudad y tomar la colina de Birsa, lo que le abría las puertas de Cartago. Entró en el enclave fenicio en el año 146 a.C., Cartago era conquistada tras haber ofrecido una heroica resistencia. Cartago, derrotada una vez más, fue arrasada enteramente, sus templos demolidos, sus casas arrasadas, sus campos saqueados; se prohibió su reconstrucción y su suelo pasó a ser propiedad del pueblo de Roma. Las causas de la derrota cartaginesa fueron varias. Realmente Cartago no estaba preparada para hacer frente a Roma, carecía de generales competentes y los que tenía se dedicaban a competir entre ellos más que contra los romanos; el ejército cartaginés estaba compuesto en su mayor parte por soldados mercenarios a los que difícilmente se podía pagar si la guerra se prolongaba demasiado; por último, Cartago contaba con menos recursos, tanto humanos como económicos, que los su rival era capaz de movilizar. 5.-Consecuencias de las guerras púnicas. La destrucción de Cartago puso en manos de Roma un importantísimo botín de guerra, miles de libras de plata, incontables objetos de arte y un fértil territorio para asentar a nuevos colonos. Además de esto, Roma logró, tras casi un siglo de conflictos, establecer su supremacía en el Mediterráneo, lo que le permitió expandir su comercio a cotas nunca antes alcanzadas. El Senado romano se vio profundamente fortalecido por su victoria; los grandes latifundistas romanos prosperaron al adquirir las tierras de la antigua colonia fenicia, y se produjo un cierto éxodo de terratenientes y capitales hacía la nueva provincia. Esto motivó, en parte, un crecimiento relativo de la pobreza en Italia y una cierta despoblación de la misma. La religión y cultura romanas sintió, a partir de este momento, la influencia del mundo oriental al que tuvo acceso a raíz de esta conquista. Se inició en estos momentos la expansión de Roma hacia el Mediterráneo oriental, una vez conquistado el occidental.
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El fiero turco en Lepanto, en la Tercera el Frances, y en toda mar el Ingles. tuvieron de verme espanto. Rey servido y patria honrada diran mejor quien he sido, por la cruz de mi apellido y con la cruz de mi espada.Lope de Vega: 1588
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