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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#1
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Esta mañana ojeando una revista profesional he dado con un artículo firmado bajo pseudónimo que me ha gustado.
Lo transcribo: Escorbuto y Vitamina C La gran amenaza para la vida de un marino de los siglos XV-XVIII eran las enfermedades a bordo; es sabido que la mortalidad por enfermedad era bastante superior a la causada por los combates y naufragios. Así, por ejemplo en 1790 el navío británico Hannibal, de 74 cañones, perdió 200 hombres en el Caribe a causa de la fiebre amarilla. Las patologías más comunes eran las referidas a la falta de higiene y a la alimentación (escorbuto, gastroenteritis, intoxicaciones por salazones en mal estado, agua infectada). El escorbuto fue una de las enfermedades que diezmaron las tripulaciones transoceánicas durante siglos. Los síntomas de esta enfermedad aparecían al cabo de 75 días de navegación y se caracterizaban por debilidad, dolor muscular y articular, hemorragias espontáneas a nivel de las encías y en la piel, y úlceras cutáneas que cicatrizaban muy lentamente. A esta enfermedad los navegantes españoles la denominaron “la peste de las naos” y los portugueses la conocían como “mal de Loanda” y los ingleses “peste del mar”. Para que nos hagamos una idea de la importancia de esta enfermedad, en 1588 sir Francis Drake perdió a 600 de sus 2.300 marineros a causa del escorbuto. Se postuló durante mucho tiempo que se trataba de una enfermedad contagiosa, o bien que era debida a la sangre corrompida o al viento frío que azotaba las embarcaciones o bien a la madera verde de las naves. Se adoptaron todo tipo de remedios, entre los que se encontraban, por ejemplo, comer luciérnagas o determinados tipos de helechos, sangre de cobaya o incluso realizar transfusiones con sangre de otros animales. Un médico de la marina inglesa puso remedio a esta enfermedad, su nombre era James Lind y es considerado por diversos autores como el padre de la Medicina Náutica. A él se debe el primer ensayo científico de la Historia. Este se produjo en el mes de mayo de 1747, en alta mar y a bordo del HMS Salisbury escogió a doce marineros afectados de escorbuto e hizo seis grupos de dos marineros cada uno, a los que suministró seis tratamientos diferentes, para observar su evolución. A cinco parejas les suministró los tratamientos dietéticos en boga en ese momento (aceite de vitriolo diluido, sidra, vinagre, agua salada, nuez moscada con ajo y mostaza), tan sólo a la sexta pareja le dio un tratamiento innovador: zumo de limón y naranja. Este galeno descubrió que sólo la pareja a la que se le suministraba zumo de limón y naranja evolucionó favorablemente. A pesar de todo aquello no le permitió identificar el agente causal de la enfermedad, la falta de vitamina C. En 1753 el doctor Lind publicó sus experiencias en un libro titulado “A tretatise of the scurvy”, si bien no fue hasta 1795 cuando el consumo de limón se hizo obligatorio en las embarcaciones inglesas. A partir de ese momento los marineros de la armada inglesa recibieron el apodo de “limely” o bebedores de limón, ya que se impuso ese cítrico como parte adicional de la dieta. Al parecer se tomaba concentrado y con una pequeña cantidad de aguardiente. Debido a que la conservación del limón era difícil a bordo se dictó la siguiente receta: “Colóquese en una cazuela de barro nueva y bien vidriosa el jugo de los limones, bien amarillos, poniéndolos al baño María, con fuego claro, que haga hervir al líquido, manteniéndolo en éste grado de calor hasta que el jugo adquiera consistencia de jarabe, dejándolo enfriar y embotellándolo”. Según Lind sus propiedades se mantenían durante cuatro años. El remedio no tardaría en ser adoptado por el resto de países. Este galeno también persuadió a las autoridades inglesas que la suciedad de la ropa contribuía a la propagación de las infecciones a bordo y recomendaba enérgicamente que se dieran prendas de vestir nuevas a los hombres enrolados, que se fregasen los camastros una vez al mes, que se mantuvieran las cubiertas y los ranchos escrupulosamente limpios y que “cuando un barco tocara puerto después de una travesía o un viaje y llevara a bordo casos de fiebre perniciosa o de tabardillo pintado, de flujo o de cualquier otra enfermedad, manifiestamente contagiosa; el capitán o el cirujano de a bordo pusiese en conocimiento del médico o del cirujano del hospital el estado de los pacientes antes de desembarcarlos, de manera que pudiesen habilitarles locales apropiados y aislados para hospitalizarlos”. Gracias a todos estos consejos el célebre capitán Cook pudo efectuar años más tarde su célebre viaje alrededor del mundo sin perder un solo hombre por causa de enfermedades evitables. Paracelso Bueno cubatas con naranja o limón para todos.
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“Beati Hispani, quibus vivere bibere est.” "....hoy no es día de mojar la polvora." ![]() |
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