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Predeterminado Travesía a Melilla (En 3 partes)

Para ser leido por quien desee navegar un poco con la imaginación. Sé que esto no se parece en nada a la realidad, pero cuandoestás unos días sin subir a bordo, la imaginación hace travesías por su cuenta. Por eso comparto éste idilio con el mar. Os invito a todos, con un copazo de ron Barceló. (El mallorquín Don Antonio Barceló fue uno de los mejores marinos que tuvo España)

Melilla, una aventura cercana (Parte 1/3)


Esta es una travesía imaginada durante la última semana del mes de febrero de 2008. Espero que se realice muy pronto. Ahora solo la imagino y así la escribo.

Cruzar el Mar de Alborán es navegar de un continente a otro por las mismas aguas que fueron surcadas por antiguas naves de viejas civilizaciones… Y no se dejarán de rememorar las leyendas de piratas y bucaneros, como el famoso turco Al Borani, al que llamaban “Tempestad-tormenta”. Este pirata utilizó la isla que lleva su nombre, como cuartel y refugio después de sus correrías…

También nosotros navegaremos cerca de la isla de Alborán para visitar la ciudad de Melilla y poder descubrir su sabor, convivir con su amable gente, respirar ese ambiente donde conviven, con mutuo respeto, tan variadas y distintas culturas… Y navegaremos por la costa marroquí, para descubrir sus calas casi vírgenes, aparentemente desérticas.

La idea es de mi buen amigo A.M. Iniciativa que fue rápidamente aceptada y apoyada por mi hijo y por mí. Quizás tengamos la suerte de que nos pueda acompañar algún otro amigo, con quien ya hemos compartido otros días de navegación en este mismo velero. Para nosotros, la calidad de la tripulación es tan importante como el propio barco.

A.M. es capitán de yate y propietario de un impresionante Beneteau de 16 m. Un velero con un diseño casi perfecto, con aletas inferiores en la orza, que tiene la amplitud y las comodidades de los veleros modernos preparados para grandes travesías. Dispone de cuatro camarotes dobles con sus respectivos cuartos de aseo, que permiten navegar hasta un total de 10 personas con la máxima comodidad. Al tiempo hay que añadir que es un barco muy marinero. Inspira confianza tanto su potente motor de 80 CV, como su majestuosa y firme manera de cortar las olas. Las escoras nunca llegan a ser molestas.

La tripulación en otras ocasiones que hemos navegado, se compuso de A.M., A.O., J.E. y yo. Los tres primeros siempre acompañados de sus medias naranjas. Nos conocemos desde hace bastante tiempo y sabemos que nunca tendremos problemas de convivencia. Nos respetamos en nuestras diferentes opiniones. Mantenemos de continuo un excelente buen trato, buenas conversaciones, sentido del humor en cantidades industriales, buenos cantes jondos y andaluces, con excelente, exquisito y buen yantar cocinados in situ…Todos confiamos en todos, sin desconfianzas. Iríamos juntos donde fuera, si ellos pudieran salvar los compromisos laborales e industriales que les atan. A mí, jubilado, esos inconvenientes no me afectan desde hace años.

La idea inicial es cruzar el Mar de Alborán desde el puerto de Málaga hasta un puerto marroquí que, según A.M., está regentado por españoles. Después, casi seguro amarraremos en Melilla durante un día o unas horas, y disfrutaremos de ese ambiente que se genera en su españolísimo puerto.

Ya me imagino la travesía.

Seguro que al final por cuestiones de trabajo saldremos mas tarde de lo previsto. Verificamos que la meteorología es la mas favorable para cruzar directamente desde Málaga -nuestro puerto base- De acuerdo con las previsiones esperamos que, como mucho, tengamos Levante Fuerza 5 con rachas de 6 hacia alta mar y hasta las aguas costeras de la isla de Alborán. Así ganaremos barlovento pegados a la costa durante algunas horas teniendo después el viento por la aleta durante el resto de la travesía, con rumbo directo al sur. Salimos la tarde del jueves del día 28 de febrero.

Día primero. Jueves 28.

Pegados a tierra. No hay Levante, mejor dicho no hay nada de viento, por lo que vamos a motor y con la mayor izada.

Disfrutamos de la vista de la costa a menos de 3 millas. Vamos identificando pueblos de nombres tan evocadores como El Palo, Rincón de La Victoria, La Cala del Moral, Benajarafe, Torre del Mar, Caleta de Vélez, Torrox, Nerja, Punta de la Mona, Almuñecar, Motril… 24 millas más adelante alcanzamos el puerto de Adra. Desde esos momentos estamos gozando con la contemplación de la puesta de Sol por nuestra popa. La caída lánguida de la tarde nos hace pensar y tenemos la sensación de ser privilegiados. Como seres vivos nos sabemos partícipes de ese infinitesimal porcentaje de la materia del universo que es consciente de sí misma y de su entorno…

Desde Málaga a Adra hemos recorrido 70 millas. Nos faltan unas 11 millas más para encontrarnos frente al puerto de Almerimar.

La isla de Alborán, desde Almerimar, la encontraremos navegando al Rv de 186º y a la distancia de 45 millas. Y siguiendo el mismo rumbo llegaremos, unas 33 millas más, a Melilla.

Empieza a cubrirnos el manto de la noche y nos vamos acercando a nuestro primer punto de referencia: Almerimar. Sobre las 23:00 comprobamos que nuestra posición se encuentra exactamente al sur del puerto de Motril. Por través de babor vemos las luces de la bocana del puerto. A esas horas se despierta nuestra sed y alguno de nosotros lanza la gran idea de abrir una cerveza bien fría, acompañada de lonchas de jamón y unos taquitos de queso, que arranca aplausos entre nosotros. Dejamos atrás Motril. La mar sigue como un plato y la navegación nocturna es casi un ensueño del que disfrutamos todos. Desde nuestra posición podemos divisar enormes cargueros que se encuentran fondeados. El puerto de Motril es muy grande y tiene una gran actividad comercial.

Es la primera noche, y entre el mar de fondo de levante que comienza a sentirse y la animada conversación que mantenemos acompañada de cerveza y algún que otro excelente Chivas Regal con hielo…, el caso es que no nos apetecía dormir, y en nuestros corazones veníamos estibando todas y cada una de las vivencias de esos momentos de camaradería, de sincera amistad, de buen saber estar y mejor navegación.

Gozamos del mar, de la brisa, de la navegación, y de la felicidad personal de compartir una entrañable compañía tan difícil de describir. Hé de confesar que, aunque navegaba en compañía de mi hijo, J.E., echaba en falta el brillo azul de los ojos de una de mis nietas, L.L., a la que tanto le gusta la mar. ¿Qué extraño hipnotismo de amor tienen los hijos y los nietos, sobre los abuelos? ¡Siempre están presentes en el corazón!



Día segundo. Viernes 29.

El capitán (A.M.) nos designó turnos nocturnos de guardia entre los varones. Se cumplieron con exactitud, aunque ninguno de nosotros estuvo solo durante su guardia. Quizás pensábamos que dormir la primera noche era un desperdicio de sensaciones. Claro que las medias naranjas estaban cansadas y utilizaron los respectivos camarotes.

El amanecer del nuevo día se anunciaba por levante con una tenue claridad. La coronilla del huevo frito gigante se asomó tímida sobre la línea del horizonte, tornando lentamente del rojo al naranja y al final, triunfante, en un oro vivo que impedía la mirada directa. ¿Por qué siempre nos maravilla contemplar el amanecer en la mar? Aunque el fenómeno natural de la salida del Sol se repite desde hace millones de años, no creo que ningún ser humano en la mar, durante el amanecer, no se quede extasiado durante minutos absorto contemplándolo. Todos los amaneceres parecen siempre diferentes a los demás.

Todos nos levantamos temprano. Desperezar del cuerpo y refrescante aseo personal. Desayuno como mandan los cánones y las buenas costumbres, esto es, dos veces.

Habíamos dejado muy atrás Motril y comenzábamos la mañana de un sábado que casi nos parecía veraniego. Nuestro rumbo nos llevaba directo hacia Almerimar. En la pantalla del Reymarine nos veíamos navegando separados de tierra unas 6 millas, como habíamos previsto. Hay levante flojo, pero el magón, la mar de fondo, empezaba a incordiar un poco.

Pasando por el cabo Sacratif y por Adra, nos aparecen los característicos invernaderos almerienses… ¡Como brillan los plásticos! No nos extraña que se vean desde el espacio como un gran espejo de enormes dimensiones. Esa fue la descripción que hizo el primer astronauta español Pedro Duque, cuando en los primeros días de noviembre de 1998, observó la piel de toro de España. El vuelo espacial del primer astronauta español tuvo una duración de nueve días y nuestro compatriota se dedicó a la investigación del estado en falta de gravedad y al estudio del Sol. También Duque se responsabilizó, entre otras cosas, de las cinco instalaciones científicas de la ESA a bordo del transbordador, así como del sistema informático empleado en el transbordador. ¡Magnífico representante de España ante el mundo entero!

En esos momentos, la sorpresa de unas tostadas de pan de molde fregadas con tomate y lonchas de jamón, acompañadas de un café riquísimo humeante, nos supo a gloria y nos mató el gusanillo. Nos encontramos, mirando al norte, frente a Almerimar.

Mi hijo y yo fijamos la vista y allá a lo lejos divisamos la torre del puerto… Allí se encuentra amarrado nuestro FARAMÁN. Tenemos la sensación de que nuestro barco también sabe que estamos cerca y seguro que está alzando su mirada por encima del malecón para observarnos con nostalgia. ¡Qué extraños lazos unen al hombre con su barco!

En el puerto de Almerimar siempre hay sitio para un amarre improvisado y, la verdad es que el personal que lo regenta mantiene siempre un trato muy amable. Es, por otra parte, un puerto con mucho trotamundo. En él hemos visto banderas holandesas, alemanas, americanas, subafricanas, canadienses… además de las francesas e inglesas que nunca faltan. En los restaurantes y los bares se hablan todos los idiomas.

Por radio solicitamos información meteorológica fresca, y ante sus datos decidimos cruzar rumbo sur, a 187º Rv.

(Si nos hubiésemos quedado en Almerimar habríamos soltado amarras a las 5 de la madrugada. Sería noche oscura. Aseo y reparto rápido de tareas, -uno prepararía un frugal desayuno, otro comprobaría los niveles del motor…-, para estar saliendo de puerto a las 6:00 a.m. Salir de madrugada de un puerto tiene un encanto especial. La tranquilidad y el silencio que imperan te dan la auténtica dimensión de lo que es un puerto, nada más y nada menos que un refugio donde los barcos permanecen seguros y las tripulaciones descansan)

Noche cerrada aún, la mar sigue bastante calmada. El Mar de Alborán nos espera. Sigue sin haber suficiente viento y seguimos a motor y arriba la mayor. Poco a poco, a medida que nos alejamos de la costa, va clareando el día. Poco antes, A.O. pudo fotografiar un amanecer espectacular. Y a medida que nos alejábamos de la costa, el viento de levante empezó a refrescar, lo que nos permitió sacar génova y ver como el barco se alegraba, porque los veleros están hechos para navegar a vela. Paramos motor.
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Los siguientes cofrades agradecieron este mensaje a dobleazur
jologa (28-04-2016)
 

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