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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#1
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Me gusta A Costa da Morte, porque navegando por ella, entrenas tu cuerpo, tu alma, tu mente y tu embarcación para enfrentarte a un Océano. Allí encontré la personalidad de los cabos, cada uno con su orografía cada uno con su historia, cada uno con sus vientos, con sus penachos de brezal y caramíña. Cada uno tiene su temperamento y , muchas historias, tantas que son imposibles de contar, pues hay infinitas vidas, ilimitadas gestas entregadas a la mar sembradas unas encima de otras, todas reales pero difuminadas por el viento y los espuméiros de la memoria.
Finisterre es redondo y barrigudo, en suave caída se descuelga encima de la peña do Cintolo. Está tan cerca que se funde con el cantil cuando se ve desde el mar con suficiente respeto. El cabo no se merece el título de su nombre porque no es el más occidental. El que si lo es: Touriñan, se esconde agazapado, parece pequeño, apenas una lengua de tierra baja adentrándose en la inmensidad. Maquiavélico y traidor, se esconde en el mar, como un depredador en la foresta. Esperando que su presa caiga en la trampa del bajo del Farelo. Apenas se aprecia en bajamar y a media milla cuando el navegante ya se siente libre lo atrapa la roca donde duermen los pecios unos encima de otros, por generaciones, por estratos. El Farelo ostenta todos los récords de destrucción, erigiéndose sobre los huesos de sus víctimas, como las islas madrepóricas o las culturas construyen sus cimientos sobre los cadáveres de sus antecesores. El Roncudo se deja caer al sur protege la ría pero parece doblegado. Apartándose prudentemente parece buscar el socaire de Trece y Cabo Laxe. Esconde en sus barbas el peligro de los bajos de” la avería”, cuando nos parece que ya nos hemos librado del embate, camino del pequeño puerto de Corme patria de Mourelle y de grandes marinos como el. El Villano es una daga que se adentra en el Océano. A este desafía con la Cara del Vilan de fora, con ese inmenso Mohai que representa una cabeza humana gigantesca, orientada al horizonte, desafiando con bravura el abismo rodeado por las olas mas grandes nacidas en Terranova para estrellarse contra el pedernal de Reira contra la vanguardia de la tierra, donde la furia de Poseídón es mas desatada. Pero el Villano es noble, no se esconde acurrucado, se eleva recio y desafiante, pero desnudo, sin vegetación que en el pueda aposentarse , enseñando sus siniestras armas coronado con el faro mas orgulloso y potente. El ojo que más se adentra en ma, para alertar de su poder inconmensurable y enseñar el camino de vuelta. En medio de la niebla su potente sirena suena como el bramido infinitamente aumentado de un toro bravo. Sus fauces son las Baleas responsables de la destrucción del Serpent y de sus ciento cincuenta tripulantes. El Bufardo es su colmillo que solo se esquiva pegándose al cantil gigantesco. Venciendo el miedo, pasando por los morros del monstruo, rezando para que no se despierte y con un leve gesto nos mande al otro mundo. Los bajos del Corno son las cornamentas puntiagudas del promontorio que se descuelgan al norte de las Quebrantas. Sortearlos obliga al navegante a realizar un rodeo mientras mira a un lado y a otro pendiente de ellos babor, y a estribor las Quebrántas. Entrando por el canal norte con nordeste, viramos cara a la Virgen del monte, el viento se pone de través, se encañona y el velero vuela y vibra en la rompiente levantando bigotes de espuma en la proa. Un paso más, descubriendo las luces de Merexo dejando por la aleta la Virgen solitaria que es lugar de rezo y enfilación marcando con su figura sobre su propia montaña como un pedestal inmenso magnífico y sencillo a un tiempo. Los nombres de los escuderos del Vilan no engañan, Moedór, Quebrántas, Corno, o Bufardo componen su corte de ángeles infernales dispuestos a completar la labor de su líder orgulloso. Ninguno de ellos engaña evidenciando que solo los mas avezados podrán plantarle cara Es tan clara su amenaza que muchas tripulaciones buscando el camino seguro se alejan de la sombra siniestra del Villano y la rompiente de las Quebrantas y se acercan al Xanboy que suele romper de imprevisto, como un felino saltando sobre su presa para entregarla al Moedor que la remata y desmembra en décimas de segundo. Allí acabaron las vidas de bravos marineros y orgullosos bajeles destrozados y rendidos a la Virxen da Barca de piedra y vela de granito. Los devotos libres de pecado hacen mover la pedra de avalar y la Santa Señora agradece los exvotos de fragatas y humildes chalanas mientras rescata las almas de los cuerpos abatidos a sus pies para conducirlas a la presencia del altísimo desde su limpia plataforma a donde un día dicen que la Santa Madre arribó desde el otro lado del mundo en su embarcación de piedra, para enseñar la fe de Cristo en aquellas tierras tan aisladas que mas bien parecen islas o barcos varados en medio de la mar. Pero si ese rosario de trampas y amenazas son superados, os espera mis marinos camaradas, un vergel de tierra febril y verde, con pequeños vallones recogidos, con ríos impolutos, pinares y arenales. Con una gente amable valiente y orgullosa. Con los marineros mas bravos, con los últimos estoicos del mundo moderno. Aquellos que están preparados para ganar la fortuna en un lance de pesca o desafiar con una sonrisa a la muerte cara a cara. Ellos te acogerán como hace la ensenada y el río Grande que te conducirá al viejo puerto del puente. Allí de donde partió el encaje para las mesas distinguidas de America, allí donde se armaron y acabaron sus días abandonados, los viejos pataches de vela, los galeones y traineras que habrían de alimentar generaciones con el pan del mar que es la sardina. Los mismos que llevarían desde el río negro la madera para el Puerto de Santa María, para vestir las botellas de los vinos mas refinados, para construir catedrales y palacios. Desde el Mediterráneo al Curbeiro, el viejo puerto de Camariñas elaborado con las piedras del viejo castillo, con sus almenas convertidas en cara maestra, con sus cañones, haciendo de noray de amarre. Desde San Pedro del Pinatar los mismos pataches trajeron la sal, que había de servir para curar las carnes para asegurar la vida en el invierno de los labradores del interior y para elaborar los salazones de pescado que habrían de ser posteriormente exportados, como el congrio seco de Muxía, curtido, secado al céfiro, extraído de las cuevas y las entrañas de los roquedales y las tocas mas fieras, para alimentar a los ganaderos de toros de lidia de Salamanca donde saben apreciar un tributo tan duramente arrancado a un mar tan alejado de aquellas tierras de secano. Mientras tanto los percebeiros de Santa Mariña escudriñan las grietas y las rompientes de Sabadelle, de Cabo trece, Arou y Camelle. Ellos saben que deben respetar la enorme fuerza del gigante. Se mueven respetuosos como los pajarillos que limpian las fauces abiertas de un gran caimán. Como los pequeños camarones limpian las barbas del Mero gigante que reina en el arrecife. Pequeños, diminutos salpicados por el mar, son una metáfora de la vida humana. Las piedras serán las mismas pero pasado el tiempo serán otros los hombres, otros percebeiros se descolgarán jugándose la vida entre la rompiente del mismo mar que tiempo atrás azotó las costas de Terranova, el mísmo Cabo de Hornos o el estrecho de Torres. El mar seguirá siendo el mismo mar y aunque los hombres que se subieron por la comisura de los labios de gigante del Villano, ya no sean los mismos aquellas piedras seguirán siendo las que albergan a aquellos habitantes de la tierra y la mar bravía, fuerte una y otra mas fuerte por reír cara a la muerte. Mal traducido del bardo Lopez Abente, -este último párrafo- para expresar la vida de las piedras, tanta vida que tienen personalidad, tanto orgullo que no se sabe si fueron antes hombres, animales o pedernal. Mientras tanto en mi avatar os mando una foto del Prometeo arribando al Villano, pegado a tierra para librar el Bufardo. Al través de las Baleas mientras apoyo mi mano abierta sobre el pecho y rezo por mis camaradas marinos que allí dejaron sus huesos. Un abrazo a tod@s |
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