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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#1
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Hoy he debido de levantarme fatalista.
(Una de Jorge Guillén): Surge el ceño del odio y nos dispara con su azufre tan vil un arrebato destructor de sí mismo, de esa cara que dice: más a mí yo me combato. Y se consuma el hombre todo humano, rabia, terror, humillación, conquista. Se convence al hostil pistola en mano. Al sediento más sed: que la resista. O conmovido: (Pablo Neruda) Aquí te amo. En los oscuros pinos se desenreda el viento. Fosforece la luna sobre las aguas errantes. Andan días iguales persiguiéndose. Se descine la niebla en danzantes figuras. Una gaviota de plata se descuelga del ocaso. A veces una vela. Altas, altas estrellas. O la cruz negra de un barco. Solo. A veces amanezco, y hasta mi alma esta húmeda. Suena, resuena el mar lejano. Este es un puerto. Aquí te amo. Aquí te amo y en vano te oculta el horizonte. Te estoy amando aún entre estas frías cosas. A veces van mis besos en esos barcos graves, que corren por el mar hacia donde no llegan. Ya me veo olvidado como estas viejas anclas. son más tristes los muelles cuando atraca la tarde. Se fatiga mi vida inútilmente hambrienta. Amo lo que no tengo. Estás tú tan distante. Mi hastío forcejea con los lentos crepúsculos. Pero la noche llega y comienza a cantarme. La luna hace girar su rodaje de sueño. Me miran con tus ojos las estrellas más grandes. Y como yo te amo, los pinos en el viento, quieren cantar tu nombre con sus hojas de alambre.
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"...Cuando el nubloso viento se levanta, la canal de Bahama desemboca, con veinte y ocho grados en altura, y muchos de trabajo y desventura..."
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Atlántida (13-04-2012) | ||
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#2
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¿Fatalista? No es difícil sentirse así alguna vez. Mira sino a Miguel de Cervantes cuando escribió esto.
Busco la muerte en la vida, salud en la enfermedad, en la prisión libertad, en lo cerrado salida y en el traidor lealtad. Pero mi suerte, de quien jamás espero algún bien, con el cielo ha estatuido, que, pues, lo imposible pido, lo posible aún no me den. Pero, incluso lo fatalistas se sienten muchas veces conmovidos. A mí me asombraba nuestro Bécquer, con qué poquitas palabras lo expresaba. Un genio. Hoy la tierra y los cielos me sonrien; hoy llega al fondo de mi alma el sol; hoy la he visto..., la he visto y me ha mirado: ¡Hoy creo en Dios! ¿Quién no ha sentido ese momento, una vez al menos?. Él era casi único para decir tanto en tan poco tiempo. ¿Qué es poesía?, dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. ¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas? Poesía... eres tú. Te hacía sentir tan importante. Por una mirada, un mundo. Por una sonrisa un cielo; Por un beso..., yo no sé qué te diera por un beso! Pero sí, también tenía sus días malos. Me ha herido recatándose en las sombras, sellando con un beso su traición. Los brazos me echó al cuello y, por la espalda, partióme a sangre fría el corazón. Y ella prosigue, alegre, su camino, feliz, risueña, impávida. ¿Y por qué? Porque no brota sangre de la herida... ¡Porque el muerto está en pie! Así es la vida. Por una causa u otra, los muertos en pie somos legión. ![]() ![]() |
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Atlántida (13-04-2012) | ||
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#3
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Otro fatalista que se ha ido,
Sábato para mí su mejor libro Ernesto Sábato Sobre héroes y tumbas (fragmento) " Ya se alejan en medio del polvo, en la soledad mineral, en aquella desolada región planetaria. Y pronto no se distinguirán, polvo entre el polvo. Ya nada queda en la quebrada de aquella Legión, de aquellos míseros restos de la Legión: el eco de sus caballadas se ha apagado; la tierra que desprendieron en su furioso galope ha vuelto a su seno, lenta pero inexorablemente; la carne de Lavalle ha sido arrastrada hacia el sur por las aguas de un río (¿para convertirse en árbol, en planta, en perfume?). Sólo permanecerá el recuerdo brumoso y cada día más impreciso de aquella Legión fantasma. "En las noches de luna --cuenta un viejo indio-- yo también los he visto. Se oyen primero las nazarenas y el relincho de un caballo. Luego aparece, es un caballo muy brioso y lo muenta el general, un blanco como la nieve (así ve el indio al caballo del general). Él lleva un gran sable de caballería y un morrión alto, de granadero." (¡Pobre indio, si el general era un rotoso paisano, con un chambergo de paja sucia y un poncho que ya había olvidado el color simbólico! ¡Si aquel desdichado no tenía ni uniforme de grandero ni morrión, ni nada! ¡Si era un miserable entre miserables!) Pero es como un sueño: un momento más y en seguida desaparece en la sombra de la noche, cruzando el río hacia los cerros del poniente. "
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Avrei voglia di correre all’infinito e vedermi arrivare sempre prima di me e Avrei tanta voglia di te B. Costa |
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#4
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Frente a los fatalistas, siempre ha habido quien se toma la tragedia con humor por el gran amor que sienten por la vida. Así comienza la visión de un genio de cómo se debe enfrentar la vida:
"Cuando pienso, amables señoras, que por naturaleza tenéis el corazón sensible y compasivo, seguro estoy de que esta introducción os causa tedio y disgusto por el espantoso recuerdo que va a ofreceros de la peste tremenda que tan crueles estragos hizo donde penetrara, empero, no es mi intención, al relatar ese cuadro apartaros de la lectura de este libro, sino haceros más agradable lo que seguirá a tan triste preliminar. Así como el viajero que trepa penosamente hasta la cima de un elevado monte, goza mucho cuando, al término de su viaje, descubre la vasta y sonriente llanura que a su vista se extiende, asimismo, damas deliciosas, me atrevo a prometeros que, más adelante, os resarciréis rápidamente del fastidio que mi introducción puede causaros. No quiere decir esto que no hubiese deseado conduciros, por un sendero menos penoso, a los agradables sitios que os anuncio y habría empezado de buena gana por las divertidas historias que me propongo publicar; sin embargo, el relato que vais a leer es de necesidad que las preceda. Por él se sabrá lo que les ha dado la vida y cuáles son los personajes que van a contarlas. En 1348, la peste invadió a Florencia, la más hermosa de las ciudades de Italia. Algunos años antes se había dejado sentir esa plaga en diversas comarcas de Oriente, causando numerosísimas víctimas. Sus estragos se extendieron hasta una parte del occidente, de donde, sin duda en castigo de nuestras iniquidades, cayó sobre mi ciudad querida. En pocos días hizo rápidos progresos, a pesar de la vigilancia de los magistrados, que nada omitieron para poner a los habitantes al abrigo del contagio. Empero, ni el cuidado que se tuvo en limpiar la ciudad de varias inmundicias, ni la precaución de no dejar penetrar ningún enfermo, ni las rogativas y procesiones públicas, ni otras muy discretas medidas, nada fue bastante para preservarnos de la calamidad. Durante este tiempo y un martes de mañana, siete damas jóvenes, en traje de luto, como parecía exigirlo las circunstancias que se atravesaban, se encontraron en la Iglesia de Santa María La Nueva" El Decamerón.- Giovanni Boccaccio |
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#5
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Amoavéeeeeeeeeeee amoavéeeeeeeeeeeeee...
Que han festejao el día de las mamis y no me enteraoooooooooooo ![]() Pues venga que les dejo mi más cálida felicitación y sinseros respetos para todas y cada una de ellas.... ah pero sin dejar fuera a las que han sido madres sin haber pario.. o bien sin ser más que tia, amiga de alguien que a necesitao del apoyo..... Feliz día de las madres a todo el mundo..... que en México es el día 10 ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() ![]()
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La belleza de la vida la podemos encontrar en ...la sonrisa de un niño, en un bello rostro, un cuerpo hermoso, pero lo más divino de la creación esta en... el Corazón... Chiquisunica
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#6
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Ralph le quitó la caracola y sintió correr por su brazo unas gotas de agua. La concha tenía un color crema oscuro, tocado aquí y allá con manchas de un rosa desvanecido. Casi medio metro medía desde la punta horadada por el desgaste hasta los labios rosados de su boca, levemente curvada en espiral y cubierta de un fino dibujo en relieve. Ralph sacudió la arena del interior.
–...mugía como una vaca - siguió - y además tenía unas piedras blancas y una jaula con un loro verde. No soplaba las piedras, claro, pero me dijo... Piggy calló un segundo para tomar aliento y acarició aquella cosa reluciente que tenía Ralph en las manos - ¡Ralph! Ralph alzó los ojos. - Podemos usarla para llamar a los otros. Tendremos una reunión. En cuanto nos oigan vendrán... -Miró con entusiasmo a Ralph. - ¿Eso es lo que habías pensado, verdad? ¿Por eso sacaste la caracola del agua, no?- Ralph se echó hacia atrás su pelo rubio. - ¿Cómo soplaba tu amigo la caracola. - Escupía o algo así - dijo Piggy -. Mi tía no me dejaba soplar por el asma. Dijo que había que soplar con esto - Piggy se llevó una mano a su prominente abdomen -. Trata de hacerlo, Ralph. Avisa a los otros. Ralph, poco seguro, puso el extremo más delgado de la concha junto a la boca y sopló. .../ - Tenemos que decidir algo para que nos rescaten. Se oyó un rumor; Henry, uno de los pequeños, dijo que se quería ir a casa. - Cállate - dijo Ralph distraído. Alzó la caracola -. Me parece que debíamos tener un jefe que tome las decisiones. - ¡Un jefe! ¡Un jefe! - Debo serlo yo - dijo Jack con sencilla arrogancia -, porque soy el primero en el coro de la iglesia y soy tenor. Puedo dar el do sostenido. De nuevo un rumor. - Así que - dijo Jack -, yo... Dudó por un instante. El muchacho moreno, Roger, dio al fin señales de vida y dijo: - Vamos a votar. - ¡Sí! - ¡A votar por un jefe! - ¡Vamos a votar!... Votar era para ellos un juguete casi tan divertido como la caracola. Jack empezó a protestar, pero el alboroto cesó de reflejar el deseo general de encontrar un jefe para convertirse en la elección por aclamación del propio Ralph. Ninguno de los chicos podría haber dado una buena razón para aquello; hasta el momento, todas las muestras de inteligencia habían procedido de Piggy, y el que mostraba condiciones más evidentes de jefe era Jack. Pero tenía Ralph, allí sentado, tal aire de serenidad, que le hacía resaltar entre todos; era su estatura y su atractivo; mas de manera inexplicable, pero con enorme fuerza, había influido también la caracola. El ser que hizo sonar aquello, que les aguardó sentado en la plataforma con tan delicado objeto en sus rodillas, era algo fuera de lo corriente. - El del caracol. - ¡Ralph! ¡Ralph! - Que sea jefe ese de la trompeta. Ralph alzó una mano para callarles. - Bueno, ¿quién quiere que Jack sea jefe?. Todos los del coro, con obediencia inerme, alzaron las manos. - ¿Quién me vota a mí?. Todas las manos restantes, excepto la de Piggy, se elevaron inmediatamente. Después también Piggy, aunque a regañadientes, hizo lo mismo. Ralph las contó. - Entonces, soy el jefe. El círculo de muchachos rompió en aplausos. Aplaudieron incluso los del coro. Las pecas del rostro de Jack desaparecieron bajo el sonrojo de la humillación. Decidió levantarse, después cambió de idea y se volvió a sentar mientras el aire seguía tronando. Ralph le miró y con el vivo deseo de ofrecerle algo: - El coro te pertenece a ti, por supuesto. - Pueden ser nuestro ejército... - O los cazadores... - Podrían ser... Desapareció el sofoco de la cara de Jack. Ralph volvió a pedir silencio con la mano. - Jack tendrá el mando de los del coro. Pueden ser... ¿Tú qué quieres que sean? - Cazadores. El Señor de las Moscas.- William Golding |
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#7
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¿Hemos puesto algo de Lady Agatha? Para el verano es de lo más entretenido. Por lo menos para mí.
«Hubiera podido continuar así si no hubiese topado con Elsa Greer. Elsa Greer... El señor Jonathan sacudió la cabeza. Poirot preguntó: —¿Y por qué Elsa Greer? Dijo el otro inesperadamente: —Pobre criatura... pobre criatura... —Conque... ¿esos sentimientos le inspira? Respondió Jonathan: —Tal vez sea porque soy un viejo; pero encuentro, monsieur Poirot, que hay algo en el desvalimiento de la juventud que me conmueve. ¡Es tan vulnerable la juventud! ¡Es tan despiadada... tan segura de sí misma! ¡Tan generosa y exigente! Se puso en pie y se acercó a la biblioteca. Sacó un volumen, lo abrió, pasó las páginas. Luego leyó en voz alta: SÍ la tendencia de vuestro amor es honorable, y vuestra intención matrimonio, mandadme aviso mañana por uno que yo procuraré para que a vos llegue, de cuándo y en qué hora ejecutaréis el rito, y mi destino a vuestros pies pondré y os seguiré a través del mundo, dueño mío. —He ahí cómo el amor aliado a la juventud, en las palabras de Julieta. Sin reticencias, sin retenciones, sin lo que llaman modestias de doncella. Es el valor, la insistencia, la fuerza despiadada de la juventud. Shakespeare conocía a la juventud. Julieta escoge a Romeo. Desdémona reclama a Otelo. No tienen dudas los jóvenes, ni temores, ni orgullo. Poirot dijo, pensativo: —Así, pues, para usted, ¿Elsa Greer habló con las palabras de Julieta? —Sí. Era una niña mimada de la Fortuna... joven, hermosa, rica... Halló su pareja y la reclamó... No un Romeo joven, sino un pintor de edad madura, casado. Elsa Greer no tenía principios que la cohibieran. Se guiaba por el código moderno: Toma lo que quieras... ¡sólo se vive una vez! Exhaló un suspiro, se recostó contra el respaldo de su asiento y volvió a tabalear dulcemente con los dedos sobre el brazo del sillón. —¡Una Julieta de presa! Joven, despiadada, pero horriblemente vulnerable. Jugándoselo todo a una carta. Y al parecer, ganó. Y luego... en el último instante... la muerte interviene... y la Elsa viva, ardiente, gozosa, murió también. Quedó sólo una mujer dura, vengativa, fría, que odiaba con toda su alma a la mujer cuya mano había consumado el hecho. Cambió su voz: —Vaya, vaya... perdóneme que haya caído en lo melodramático. Una joven cruda... con crudas perspectivas de la vida. Un tipo nada interesante en mi opinión. Juventud blanca, rosa, apasionada, pálida, etc. Quitemos eso y ¿qué queda? Sólo una mujer joven, algo mediocre, que busca otro héroe de tamaño natural a quien entronizar sobre un pedestal vacío. —Si Amyas Crale no hubiera sido un pintor famoso... —Justo... justo. Ha comprendido usted admirablemente. Las Elsas de este mundo son adoradoras de héroes. Un hombre ha de haber hecho algo, ha de ser alguien... Carolina Crale, con todo, hubiera podido ver calidad en un dependiente de Banco o un agente de Seguros. Carolina amaba a Crale el hombre, no a Crale el pintor. Carolina Crale no era cruda... Elsa Greer sí lo era. Agregó: —Pero era joven y bella, y a mi modo de ver, infinitamente digna de compasión. Hércules Poirot se acostó aquella noche muy pensativo. Le fascinaba el problema de la personalidad. Para Edmunds, Elsa Greer era una cualquiera, ni más ni menos. Para el viejo Jonathan era la eterna Julieta. ¿Y Carolina Crale? Todos la habían visto de distinta manera. Montague Depleach la había despreciado por derrotista... por la encarnación del romanticismo. Edmunds sólo había visto en ella «señorío». El señor Jonathan la había llamado una criatura tempestuosa, turbulenta. ¿Cómo la hubiera visto él, Hércules Poirot? Tenía el presentimiento de que de la respuesta a esa pregunta dependía el éxito de la investigación. Cinco cerditos.- Agatha Christie |
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