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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#1
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Porqué será que leyendo estos relatos me meto en su piel y siento miedo... pero por otra parte... como un imán interno que me hace desear estar allí.... ¿seré masoca? esta noche pediré a la parienta que me dé un par de tortas bien dadas a ver si es cierto y me gusta
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#2
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Cuanta razón tienes Alex !!
Otro y paso la vez.. BALLENAS ...Mi pequeño barco de tan sólo treinta pies de eslora navegaba a una buena velocidad rumbo al oeste en medio de una mar apenas agitada por un viento franco del sur. Los días anteriores había visto un número inusual de grandes ballenas que tomaban el sol en la superficie acompañadas por juguetones ballenatos. La verdad es que, hasta ese momento, no me habían prestado la más mínima atención. Por las noches era impresionante escuchar los ruidos que producían: se parecían al paso del viento por un pequeño agujero. En la soledad de la mar, las escuchaba mandarse sus mensajes acuáticos cuyas vibraciones llegaban hasta la superficie. Yo ponía un bote de vidrio apoyado en el fondo del barco y así amplificaba los sonidos. Otras veces, provisto de un tarro de mermelada vacío, lo apoyaba contra la plácida superficie de la mar, y era cuando mejor las escuchaba hablarse entre sí. Eran silbidos o lamentos largos que siempre recibían respuesta. De vez en cuando, un resoplido me marcaba lo cerca que las tenía cuando subían a la superficie a respirar. No sé si era inconsciencia o que ya me había habituado a ellas, pero no sentía temor. Me parecía todo un privilegio poder compartir un espacio vital junto a estos gigantes casi en extinción que, gracias al tiempo tan bueno que reinaba, se recreaban en la superficie de la mar en juegos diversos. Mi posición era 46º 54’ N 28º 45’ W, cuando, un pequeño golpe, me advirtió de que tenía junto al barco a uno de estos animales. Salí de la cámara y traté de asustarlo haciendo ruido con una cacerola; de momento el animal desapareció. Regresé a la cabina, y cuando aún no había dejado el cazo en su sitio, sentí un tremendo golpe en la banda de estribor. Luego, tuve la sensación que pasaba por debajo del barco y se alejaba de nuevo. No habían pasado tres minutos cuando otra vez me embistió. Pero esta vez lo hizo con tal violencia, que todas las estructuras de mi nave crujieron. Luego se desató un ataque tenaz que abrió el casco y comenzó a entrar agua a bordo. Al principio traté de achicarla, pero enseguida advertí que era en vano. Por ello, metí algunas cosas en un saco de mano y lancé la balsa salvavidas, al tiempo que activaba la baliza de emergencia. Embarcado ya en la balsa pude contemplar la saña que emplearon las ballenas en hundir mi barco, con el temor añadido de que luego la tomaran con mi bote. Pero no fue así; pasados unos minutos de furor y terror, desaparecieron de mi vista para no volver en todo el tiempo que tuve que pasar a la deriva hasta que un avión Nimrod de la Armada británica me localizó y desvió de su ruta a un mercante para que me recogiese... DAVID SELLING |
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#3
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Cita:
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#4
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Cita:
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#5
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Del diario de a bordo del navio Palaset en La Ruta del Ron 1982
"...Tengo un miedo atroz. Las olas pasan sobre mi barco como si fuese un submarino. Diez metros de nave apenas es nada en mitad de este infierno. Me he atado a la bitácora y al balcón de popa con un doble arnés, y trato de mantener el barco a un descuartelar de las verticales paredes que me llegan. No quiero dejar el control del barco al piloto automático, estoy seguro que se rompería. La mar no viene de una dirección concreta; cambia a cada momento dejando ante mí valles interminables y agujeros profundos de los que intuyo sería muy difícil salir si pasase por ojo. Encapillo espumas tremendas. El aire se ha hecho espeso y la visibilidad es la justa para distinguir la proa de mi barco. Con la llegada de la noche me oriento por el ruido de las olas que me llegan y por la tenue luz del compás. Trato de mantener fría mi cabeza, pero hay momentos que es difícil conseguirlo. Una angustia paralizante invade mi cuerpo cuando quedo colgado en la cresta de una ola de más de diez metros. Parece mentira que el barco aguante a flote. Me he olvidado de rezar, pero me encomiendo a todo lo que recuerdo buscando un poco de consuelo a mi situación. Durante tres días apenas he dormido, y no tengo hambre, pero mis fuerzas van en clara disminución. Para las maniobras que antes tardaba unos minutos debo emplear horas. Y lo peor no es hacerlas, lo más difícil es diseñarlas en la cabeza y tomar la decisión de salir de la bañera..." Venga cofrades ¿No hay nadie que tenga relatos que impresionan?. para una tarde ya mas fresca. |
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#6
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Me encanta este hilo, gracias por iniciarlo.
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Un saludo. José Carlos. |
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#7
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Ahí va otro...
Este del libro "La regata del Infierno" de la Sidney- Hobart de 1998. En la bajada a lo largo de la costa del día 26, la tripulación del "Stand Aside" gritaba y jaleaba mientras el barco marcaba una velocidad media de 18 nudos con un spinnaker hecho a medida. Con el spinnaker y la mayor tirando cada vez más con el viento creciente, el "Stand Aside" era empujado por el mar de popa y lanzado hacia adelante, planeando cientos de metros. Era una navegación excitante. Aquel atardecer, mientras se abrían paso entre dos espectaculares tormentas, iban monitorizando regularmente su radio, pero, al igual que muchos otros participantes, aún no estaban del todo seguros de qué era lo que les esperaba. En la mañana del 27, iban muy bien situados. A medida que aumentaba el viento y crecía la mar, la superficie vélica iba siendo reducida en proporción. El "Stand Aside" estaba aguantando aquellas condiciones sorprendentemente bien, siendo alcanzados por el dorso de las olas sólo en extrañas ocasiones. Aunque los miembros de la tripulación estaban todo menos cómodos, contentos con la manera en que respondía el barco. Navegaron con un tormentín hasta primeras horas de la tarde, cuando el viento pareció pasar de malo a horrible en sólo unos minutos. Las rachas eran cada vez más fuertes; al principio se registraron 55 nudos de viento, luego 60 y enseguida 70. El "Stand Aside" navegaba tan rápido con el tormentín que escoraba demasiado cuando las rachas les alcanzaban en la cresta de las olas, por lo que decidieron arriar el foque y correr a palo seco hasta que el tiempo mejorara. A esas alturas no se hablaba de retirarse o de volver a Eden. Era la 1 del mediodía y estaban en pleno Estrecho de Bass. Sabían que si podían volver a izar velas pronto y devolverle al barco su anterior velocidad, estarían frente a la costa de Tasmania hacia la medianoche. La previsión del tiempo del "Young Endeavour" no se correspondía para nada con lo que la tripulación del "Stand Aside" estaba experimentando. Hunter y Marriette discutían sobre el abismo que parecía haber entre la previsión y la realidad, y dedujeron que su posición indicaba que el barco estaba justo en el borde de lo peor de la depresión. También pensaron, basándose en la previsión meteorológica, que las cosas mejorarían en un espacio de tiempo más tirando a corto que a largo. Se enteraron de que numerosos barcos se habían retirado pero no se sorprendieron al oír el aviso del "Sword of Orion" a la flota de que tenían rachas de 78 nudos de viento. El "Young Endeavour"estaba más o menos a la altura de las tres cuartas partes del "sked" cuando oí a uno de los chicos gritar desde cubierta con gran alarma: "¡Una ola mala de verdad, CUIDADO!", recuerda Marriette. El barco subía y subía y entonces empezó a volcar, a volcar rápidamente. El ruido fue escalofriante; primero era sólo agua que entraba como si fuera un río a través de la escala, y luego el ruido del crujir y de la rotura. La cubierta y la parte superior de la cabina se habían partido. El techo de la cabina había implosionado. La fuerza del agua al volcar el barco había arrancado una parte enorme del techo de la cabina alrededor del tambucho. Colgaba hacia abajo como una trampilla gigante e inmovilizó a Hunter y a Marriette en la mesa de derrota. Para sorpresa de Marriette, cuando el barco se adrizó se encontró en la misma posición que estaba al empezar, aguantando el micrófono de la radio. Los dos se abrieron camino a golpes para salir de la mesa de derrota y salvarse a sí mismos y a quien quiera que estuviera aún a bordo. Bob Briggs salió como una flecha de la cabina y empezó a gritar nombres como si pasara lista. Quería asegurarse de que todos estaban aún en el barco, pero para horror suyo vio a John Culley nadando frenéticamente hacia lo que entonces era ya un barco naufragado. Culley estaba en el proceso de salir a cubierta y enganchar su arnés de seguridad en un punto sólido cuando el "Stand Aside" volcó. *** Mike Marshman estaba entre los ocho miembros de la tripulación que se hallaban en la cubierta cuando la monstruosa ola barrió todo a su paso. Recuerda haberse vuelto a tiempo para verla venir pero sabía que estaban indefensos. La cresta rompió y con un crujido tremendo le lanzó por el aire. Tan pronto como se hubo tumbado, el barco se adrizó solo, arrastrándolo por el agua cogido por el arnés de seguridad y dejándolo debajo del aparejo que estaba en el agua. Instintivamente, Marshman se palpó el pecho buscando el clip de sujeción de su arnés de seguridad. Entonces, se acordó de una de las primeras lecciones que recibió en este deporte que dice que nunca debes soltarte del barco. Notó que la jarcia que estaba enrollada alrededor de su brazo derecho se estaba aflojando, por lo que intentó enrollarla aún más en el mismo. Las vueltas eran cada vez más grandes y antes de que se diera cuenta, el extremo del cable fino y flexible que le tenía atrapado se le escapó. La tripulación de cubierta vio su cabeza salir repentinamente a la superficie como si fuera un globo soltado desde las profundidades. Mientras salía a la superficie, Marshman se dio cuenta de que Simon Clarke estaba en el agua justo a su lado. Él también había sido atrapado bajo el agua por el aparejo a menos de un metro de él. Marshman vio delante la botavara doblada por la mitad y se agarró a un candelero con su mano derecha. John Culley estaba en el agua a barlovento del barco. Un par de olas grandes, además de sus brazos, que se agitaban salvajemente, le devolvieron hasta el "Stand Aside" rápidamente. Los tripulantes lo agarraron y lo izaron a bordo. El resto de la tripulación de cubierta se había quedado colgando de los cabos de sus arneses de seguridad por el costado tras volcar. Halaron de ellos uno a uno y fueron izados a bordo y dejados en cubierta sin contemplaciones. Marshman no había hecho ninguna clase de esfuerzo para volver a la cubierta. Seguía colgado de la base rota del candelero y se balanceaba, recordándose a sí mismo todo ese tiempo que estaba vivo. Hayden Jones le ayudó a subir, y fue entonces cuando Marshman se dio cuenta de que de uno de sus dedos manaba sangre. Había perdido prácticamente la mitad de la última falange del dedo anular de su mano derecha. Aunque no notaba el dolor. Andy Marriette, enfermero ayudante de quirófano, descubrió que había otros heridos. Clarke se había hecho daño en el tendón de Aquiles; Bob Briggs tenía una herida grave en la frente, entre los ojos; Trevor Conyers mostraba un gran tajo en la parte posterior de la cabeza; y Marriette tenía un corte grave en el pulgar. Aquellos que seguían bajo la cubierta estaban con el agua a la cintura. Los mamparos y gran parte de la estructura interior del barco se habían caído y los costados del casco se movían hacia dentro y hacia afuera con cada ola que pasaba. Había trozos del techo de la cabina y de la cubierta flotando por todas partes y piezas muy cortantes de fibra de carbono y fibra de vidrio amenazando rebanar manos, dedos y piernas. Las maderas del plan y la comida flotaban, las literas habían sido arrancadas del costado del casco, el gasoil salía a borbotones del motor, las baterías estaban sumergidas y la ropa de los tripulantes estaba también en el agua. Había pocas dudas de que el "Stand Aside" estaba destinado a irse a pique en cualquier momento y se tomó la decisión de inflar las balsas salvavidas. La primera, para seis hombres de color naranja y negro, que había estado estibada abajo, fue accionada y, para gozo de todos, sólo tardó unos segundos en desplegarse e inflarse en la popa, amarrada con un cabo. La segunda balsa salvavidas, de una marca nueva, había estado estibada en la cubierta. ¡Y no se infló! La tripulación miraba incrédula mientras se hacían desesperados esfuerzos para inflarla. Nada funcionaba. Probaron de subirla a bordo para intentar disparar manualmente el mecanismo de inflado. Y acto seguido, para mayor horror, el cabo amarrado a la balsa se rompió. La tripulación se enfrentaba entonces a un barco que se hundía, con una balsa salvavidas para seis personas, doce tripulantes y un mar que les vapuleaba sin tregua. El barco era, en esos momentos, su única esperanza real de supervivencia y mantenerlo a flote era crucial. Subieron a cubierta enormes cizallas para cortar metales que, en cuestión de segundos, rompieron el aparejo metálico con sus mandíbulas gigantes como si fueran zanahorias. El mástil fue liberado de sus ataduras y lanzado por la borda; la posibilidad de que los trozos rotos de aluminio agujerearan el casco se había eliminado. Bajo cubierta, dos tripulantes achicaban con baldes continuamente mientras otros dos se encargaban de las bombas de achique manuales. Se tiró por la borda el máximo de cosas posible pues era imprescindible aligerar el barco todo lo que se pudiera; y era importante dejar también un rastro de restos porque así, si el "Stand Aside" se hundía, los equipos de rescate tendrían una zona definida de búsqueda y más oportunidades de localizar a los supervivientes. Se subieron a cubierta las bolsas de supervivencia, que contenían los pertrechos y provisiones esenciales. Se encontró una radio portátil VHF y se le encargó como única tarea a Charles Alsop el hacer continuamente llamadas de socorro. En medio de la confusión, una cámara de fotos sumergible salió a la superficie del agua en la cabina, justo delante de Hunter, que tomó algunas de las fotografías más gráficas y angustiosas imaginables. *** Gary Ticehurst, al mando del helicóptero de la ABC que cubría la regata, junto con un periodista y el cámara de la cadena, habían acabado las tomas del día y se dirigían hacia Mallacoota para repostar. Aquello ocurría a última hora de la tarde y Ticehurst estaba preocupado. Había estado grabando imágenes del "Foxtel-Titan Ford" luchando con olas de 15 metros y 60 nudos de viento, y se había sorprendido al ver al "Helsal II" abriéndose paso a trancas y barrancas en medio de la tormenta. -Volvíamos a Mallacoota para repostar combustible y dejar al periodista para que cogiera una avioneta y volara hasta Merimbula con sus cintas de vídeo-, recuerda Ticehurst. -Tenía mucho interés en cruzar el Estrecho de Bass hasta Flinders Island aquella noche porque los barcos de cabeza estaban navegando realmente muy rápido. Yo sabía que tenía que convencerle de que debíamos quedarnos a pasar la noche allí. Estaba un poco preocupado por los vientos que pudiéramos encontrarnos al cruzar el Estrecho, pero más importante aún, mi experiencia me decía que la mayor parte del drama ocurriría justo frente a la costa en la que estábamos. Cinco minutos después, un coche de policía llegó a toda velocidad por la pista de aterrizaje en dirección hacia ellos. El policía preguntó a Ticehurst si podía despegar con el helicóptero y salir hacia mar adentro. El AusSAR* había recibido una señal de radiobaliza y un mayday. Ticehurst salió disparado como un cohete de Mallacoota hacia las 3 de la tarde, alcanzando los 324 kilómetros por hora ayudado por un viento de cola de 110. Cuando se acercaban a la zona de búsqueda, se dieron cuenta de que entraban en un pequeño ciclón. El helicóptero estaba aguantando bien la situación y se tranquilizaron un poco cuando vieron un avión buscando también desde más arriba. Ambos localizaron al "Stand Aside" al mismo tiempo, unas 40 millas al este de Mallacoota. Cuando Ticehurst descendió sobre ellos, pudo establecer comunicación con el barco dañado. No tenía mecanismos de izado en su helicóptero; llamó por radio a AusSAR y les comunicó el estado y la posición del "Stand Aside" y que había tripulantes heridos a bordo. Le dijeron a Ticehurst que un helicóptero de rescate estaba en camino. A mi este libro me puso los pelos de punta en más de una ocasión y este trozo es uno de ellos.
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