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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#3
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[Noche + 2 ]
Accedí al documento, no sin cierta curiosidad, para comprobar que la última línea estaba dónde la dejé. Suspiré aliviado y me recriminé mi infantil e irracional pensamiento. El contenido entre paréntesis se encontraba intacto. Lo borré con sucesivas pulsaciones de la tecla Backspace y reanudé la historia,basándome en aquellas breves notas separadas por comas. Cuándo llevaba escrito medio folio aproximadamente, quedé estancado en un punto de la narración. Deslicé la barra de desplazamiento lateral hacia arriba, al fin de retomar el ovillo de la descripción en la que me hallaba inmerso, y una punzada interior me recorrió la espalda. Allí dónde yo había cortado una frase, aparecía añadida una expresión contundente, que le otorgaba la fuerza precisa. Un adjetivo insustancial había sido sustituido – aquí o allí – por el sinónimo justo, enriqueciendo de forma magistral la estructura compositiva. Aquello ya no era normal. Noté cómo se me erizaban los pelos del antebrazo y decidí, en ese mismo instante, bloquear cualquier acceso a mi ordenador. Una remota posibilidad, sería que, mi hijo primogénito quisiera gastarme una broma y accediera al archivo durante mi ausencia, demostrando mejores cualidades que su padre, para las artes de escritor. Pero, inmediatamente, descarté esa absurda idea por dos razones. La primera era que mi vástago mayor, no leía jamás literatura alguna, de no verse obligado por su inflexible profesor, cómo materia de examen. Y, la segunda, se basaba en la expresa prohibición a cualquier miembro de mi familia, de utilizar mi ordenador personal, sin estar yo presente. No obstante, para asegurarme, desplegué el Panel de Control, pinché en el icono Contraseña e introduje por dos veces, una clave alfanumérica de seis caracteres, inexpugnable a cualquier lógica secuencial. Continué escribiendo sin parar, ausente al paso de las horas. Giré levemente la muñeca izquierda y miré las manecillas fluorescentes del reloj deportivo, apenas visible bajo la luz indirecta de una lámpara de abogado, situada en la esquina del escritorio. Las cinco de la madrugada. Era sábado y el silencio se adueñaba de la calle. Acababa de rematar el tercer capítulo y estaba satisfecho con el resultado. Sólo escribí al comienzo del inmaculado folio, el título del siguiente apartado, cuyas líneas maestras ya tenía esbozadas en mi mente. Archivo, Guardar como, Nombre de archivo, Guardar. El documento reposaba seguro en una porción del disco duro, cuyo acceso había sellado. Nadie podría retocar mi novela. [ Noche + 3 ] |
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