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Raitán (02-03-2012) | ||
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Pero no flaquees, inténtalo y persevera, sin ir más lejos hace un par de semanas quedamos unos cuantos amigos en ir a cenar por el borne, te aseguro que hacía años que no iba...mi sorpresa fué mayúscula...todavía estaba casi todo allí, habia cambiado bastante lógicamente, pero me hizo recordar mi época de crio y lo pasé estupendamente, hasta entré en la Catedral del Mar, como el libro, Santa María del Mar, hasta me entraron ganas de volver a leerlo. Lo dicho, que me enrrollo, vuelve de noche por esos sitios que aunque estén llenos de gente de fuera si buscas el "olorcillo" a viejo, lo encontrarás. Un saludo a todos.
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![]() "Aprender es como remar contracorriente: en cuanto se deja, se retrocede" |
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#54
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Por cierto, que os informo que mis personajes, tras llegar a la plaza de la Barceloneta por las calles de Ginebra y del Mar, están comiendo en 'Can Ganassa' unas anchoas y un arroz negro regado con una botellita de 'Juvé i Camps'. Por la tarde se van a navegar en el 'Bernard'. (¡Qué envidia). Bueno, ahí va, se titula: Un final feliz No hacía falta que nadie le diera un diagnóstico; él mismo había tratado en sus muchos años como médico a docenas de pacientes con los mismos síntomas y la imagen de la resonancia magnética que le había tenido que mostrar su amigo y colega no venía sino a confirmar un desenlace próximo que Luis ya daba por descontado. Tampoco es que viviera la noticia con dramatismo. Desde que enviudó había perdido la ilusión por hacer cosas nuevas y su próxima jubilación se presentaba más como una amenaza que como una nueva vida. Sus hijos tenían sus propios caminos bien trazados y sus asuntos personales se encontraban ordenados, de modo que estaba listo para soltar amarras. Claro que le angustiaba la pena que le causaría a los suyos, e incluso sentía cierto temor al dolor propio, aunque sabía que los cuidados paliativos actuales casi le podían garantizar que el final sería llevadero. Sin embargo pensaba que quedaba algo pendiente, aunque no conseguía saber de qué se podía tratrar. “En fin –pensó- supongo que llegado este momento siempre queda algo pendiente. El trance final siempre es un trago, pero yo hubiera firmado por tener una vida como la que he tenido”. En la soledad de su cuarto –una ventaja de trabajar como médico en ese mismo hospital era no tener que compartir la habitación- se quedó absorto con la vista fija en un cuadro que decoraba la pared de enfrente, junto al televisor de monedas. Luis pensaba en el momento adecuado y las palabras que emplearía para dar él mismo la noticia a Lucía –la única de entre sus tres hijos que vivía en su misma ciudad-, aunque sabía que ella era lo suficientemente lista como para intuir cual sería el diagnóstico de su padre. Su mente saltó de repente de sus meditaciones a la pintura de la pared. Era una acuarela mediocre en lo artístico; una de esas marinas demasiado manidas, con un velero de velas blancas que surcaba un mar en calma bajo un cielo tamizado de suaves cirros. Ni la típica gaviota le faltaba a la escena. “Quien ha hecho eso ni sabe pintar ni ha visto de cerca un velero en su vida” –pensó con una sonrisa en los labios. El cuadro consiguió trasladarle de repente a su niñez, a aquellos veranos en los que acompañaba a su padre y a su tío a faenar en el “María Aurora”. Recordó los enfados de su madre, que no quería que su pequeño también acabara enganchado a aquella mar que llevaba siglos ganándose el amor y el odio de los suyos, que siempre habían vivido de sus frutos, pero que tenía en sus entrañas a más parientes que el cementerio del pueblo. –“El chico vale para otra cosa, no es como vosotros. Lo dicen los profesores, así que deja de meterle la sal en las venas o te juro que no te lo perdono” –escuchó en cierta ocasión cómo su madre amenazaba a su padre, que le contestó con un: “Tranquila mujer, que te prometo que el chico será lo que quiera ser, pero déjale que sepa también de dónde viene y que aprenda a apreciar lo que cuestan las cosas”. Luis recordó cómo con 17 años zarpó tierra adentro para estudiar, y vio de nuevo con toda nitidez la cara de orgullo de su padre y la felicidad de su madre cuando asistieron a su graduación como Licenciado en Medicina y Cirugía, a pesar de que sabían que su vida estaría ya para siempre alejada del pueblo, de esa mar de su niñez, y en cierta medida de ellos mismos, que serían reemplazados por una familia propia que ya entonces proyectaba con la que sería su nuera, y que conocieron ese mismo día para completar su felicidad. Desde su cama del hospital, volvió a mirar el cuadro y ya no le parecía una pintura tan mala. Se concentró en la escena y sintió deseos de entrar dentro de la acuarela, de sentir el olor de las algas, subir a bordo de ese velero, tomar su caña y hacerlo ceñir al viento. Quería ser él mismo el velero, o mejor aún, que su cuerpo mismo se convirtiera en el tajamar de aquel barco para arar las aguas con unos efímeros surcos sobre el océano. Entró en tal estado de excitación que por primera vez en su vida sintió literalmente cómo por sus venas corría esa sal contra la que le advertía su madre. Entonces lo vio claro, cayó en lo que le faltaba y descolgó el teléfono para llamar a su hija. Seis meses después, Lucía cumplía, acompañada por sus hermanos, el encargo de su padre desde la cubierta del “María Aurora Segundo”, el barco pesquero de sus primos. Mientras dejaba volar a sotavento sus cenizas, sintió rodar las lágrimas de emoción por sus mejillas y pensó que ni los faraones de Egipto, ni el emperador chino Quin Shi Huang con sus guerreros de terracota fueron capaces de superar a su padre a la hora de soñar un mausoleo más grandioso, bello y eterno.
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#55
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Muy bueno.
Tú, escribe, escribe, escribe, escribe, escribe, escribe. No lo dejes nunca. ![]()
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Raitán (02-03-2012) | ||
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Raitan, esperamos ansiosos esos relatos!
Y por cierto,consigas o no leer 'El Secret', se agradece la intención. Un saludo
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"My boat is my island" |
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#57
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Raitan, muchas gracias por tu relato, me parece muy bueno. Por un momento me he sentido identificado con el protagonista.
Qué mejor sitio para descansar eternamente!!! Sigue, sigue que esperamos otro y otro y otro.
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Raitán (03-03-2012) | ||
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#58
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Opppsss, no había visto que lo habias colgado... esto de mirar el foro con el móvil...
En cuanto llegue a casa lo leo, y gracias!
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Raitán (29-12-2017) | ||
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Unas copas de cava bien fresquito![]() si te gusta la buena cocina uno de los lugares con mucha solera .....y calidad es CASA LEOPOLDO desde hace mucho es uno de los buenos restaurantes de siempre y bien relacionado con la literatura... http://www.casaleopoldo.com/ .......Pero llegando ya a los años 70, empezaron a poblar sus mesas escritores, periodistas y mentes inquietas como las de Joan Marsé, Maruja Torres y Eduardo Mendoza, aunque el más habitual era un Manuel Vázquez Montalbán enamorado del restaurante, como noveló cuantiosas veces. “Casa Leopoldo era La Meca gastronómica de un barrio sin otros puntos cardinales gastronómicos que las aventuras de hambres y saciedades de los personajes de las publicaciones infantiles de posguerra. Era uno de los territorios escogidos para citas de personajes sensibles al placer de comer y beber, predispuestos a sorprenderse ante la opulencia de las bandejas de pescados y mariscos que ofrecía Germán a una clientela tan adicta como entregada a su inspiración de maître, heredero de una tradición restauradora y uno de los catalanes más expertos en cante jondo y tauromaquia”, (Historias de padres e hijo. Manuel V. Montalbán). no tiene desperdicio la biografía de la propietaria, La Rosa que te atiende a diario... http://www.casaleopoldo.com/restaurante/biografia_rosa si no te sirve para tu novela, no te lo pierdas cuando aparezcas por Barcelona de nuevo...... -para repostar el velero no hace falta ir al Port Olimpic pues la gasolinera más cercana está en el Moll de la Fusta entre Correos y Capitanía para que te hagas una idea. - ir al Port Olimpic a repostar serían entre pitos y flautas más cercano a 45-50 minutos que a 20'. La Taberna de La Calle de la Plata , en mi opinión es bastante auténtica. Mucha suerte con tu libro. |
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Raitán (02-03-2012) | ||
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En cuanto a lo de ir a la gasolinera del Port Olimpic, en realidad no es para repostar , sino para abarloarse al muelle y deshacerse de un tripulante antes de seguir rumbo al Este... ¡Es que me tiráis de la lengua! ![]()
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pero menos mal que no tienes que ir a una reunión un miercoles cualquiera a las 10 de la mañana en la calle Valencia entre Aribau y Roselló... coges la Calle Valencia y a partir de Urgell y hasta la calle Muntaner, para avanzar cada manzana, se te pone cuatro veces los semaforos en rojo. Eso por manzana ![]() llegas al parking de Aribau-Valencia y petao!! que no hay sitio, vamos!! ![]() ![]() ![]() ya verias que entonces te parece menos bonita!! ![]() ahora bien, de vacaciones, o de assitencia a un congreso, o a un Salon Nautico, o incluso de escapada de fin de semana, y si te mueves por el centro, y la zona del puerto, entonces sí... entonces es muy bonita... pero solo así ![]() ![]() |
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#62
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Qué buen relato Raitán, emotivo y real.....genera mucha reflexión
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Raitán (02-03-2012) | ||
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#63
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Cuanta intensidad en pocas líneas, Raitán! Me ha gustado de verdad, los que te hemos leído hemos visto que tienes madera, o sea que... duro con ello!
Muchos ánimos y adelante Un saludo Francisco
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Raitán (03-03-2012) | ||
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#64
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Para que rabies un poco y los barceloneses que correspondáis un poco en la envidia que os tengo, desde mi casa a mi trabajo tardo diez minuitos de reloj en llegar caminando, después de cruzar dos parques. Ni te imaginas lo agradable que es... ¡y barato, claro!
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#65
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#66
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Ya lo creo! pero tiene un inconveniente grande, muy grande. No hay mar. Está cerca, a hora y cuarto, pero no tengo el mar cerca.
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#67
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Ahí va otro, y si os gusta, cuelgo más (algunos íncluso han ganado algún certamen
).Este es un micrórelato de sólo 20 líneas, y el protagonista podría ser el mismo que el del anterior. Se titula: Añoranza Esa ciudad de la Meseta le había dado todo lo que había conseguido en una vida que consideraba afortunada. Allí conoció a la mujer a la que amaba, allí nacieron y viven sus hijos, fue allí donde alcanzó el éxito profesional y donde sus vecinos le otorgan un notable reconocimiento social. Aún así cada día recuerda esa mar frente a la que nació y se crió, pese a que hace ya más de cuarenta años que se trasladó al interior. Cuando la añoranza es grande, se va a dar un paseo por el campo, sube a un otero desde el que se divisa una inmensa extensión de trigales que se une con el cielo en un horizonte solo roto a lo lejos por una encina solitaria. Mira bien el paisaje, cierra los ojos y se concentra en la sensación de la brisa sobre su cara; en su mente, los ocres y amarillos del campo se tornan grises y azules, los reflejos y las sombras que produce el viento al agitar la superficie de las espigas se convierten en borreguitos de espuma, y la encina es de repente una vela blanca en rumbo de arribada. A veces, si se concentra mucho, siente en la nariz y el paladar una sensación salina y entonces consigue incluso escuchar a las gaviotas y a los cormoranes.
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#68
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Cita:
..... se te nota la añoranza... A ver como lo solucionas... deseo que le encuentres pronto una buena solución |
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Raitán (06-03-2012) | ||
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#69
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Gracias Antartic,
Voy a colgar uno que no tiene nada que ver con la mar y sin la morriña y el poso de tristeza de los anteriores. Se titula: Un amor imposible A Ramiro le tocaba pagar esa noche el peaje de la amistad y escuchar en un bar, frente a un torrente de cerveza, la historia de desamor de Martín. -Yo sé que le gustaba, lo mismo que ella me gustaba a mí, y también lo sabía. Esas cosas a veces se notan sin necesidad de decirlas de forma expresa. Las miradas al cruzarse, ciertas sonrisas, el tono de voz al saludar… a veces reflejan mejor el amor o la pasión que cien cartas de amor. –Ramiro asentía con un gesto de condescendencia- Pero eso lo sé ahora –continuó Martín- y mejor me habría ido de haberlo sabido antes de mostrarle mis sentimientos como lo hice, sin pensar en las consecuencias -lamentó. -¿Por qué dices eso? –intervino Ramiro por dar pie a su amigo para que siguiera con su desahogo. -Mira, la salida del colegio era el mejor momento del día. Lo esperaba con ansiedad desde que me levantaba cada mañana. Cuando los niños se subían a mi autobús, ella se sentaba a mi lado en el trasportín y, entre parada y parada, en medio de los gritos de la chavalería, entablamos una relación que me llevó a enamorarme... y de verdad creo que yo a ella también le gustaba. Me preguntaba con admiración cómo hacía para manejar un autocar tan grande por algunas calles estrechas de la ciudad; me contó todo de su etapa en Salamanca, donde estudió Filosofía y Letras, sobre su doctorado, del que se sentía orgullosa, y también me habló mucho de cuando obtuvo la plaza en el colegio para dar clases de Lengua y Literatura, una vocación por la que me confesó que había tenido que renunciar incluso al amor, pero yo, iluso de mí, creía que era una exageración, una forma de hablar... -¿Que no puede enamorarse por dar clases de Lengua y Literatura? ¿Exige votos de castidad a sus profesores ese colegio o algo así? –intervino su amigo, aunque Martín, absorto en su melancolía, siguió con su desahogo: -Con el paso de las semanas y de los meses –prosiguió- fuimos intimando. Ya llegaba el final de curso y no quería ni pensar en la posibilidad de pasar tres meses sin verla, con lo que me propuse hacer algo para mantener el contacto. Me había contado que adoraba recibir cartas a la antigua usanza, y no esos fríos correos electrónicos o los mensajes de teléfono móvil, que consideraba odiosos. Yo sabía en qué zona vivía ella por la parada en la que se bajaba del autobús cada día, así que lo que no me resultó demasiado difícil sacarle su dirección con charlas sobre un supuesto amigo que se había mudado a su barrio. Yo creo que ella intuía que quería verla durante el verano y la idea no le desagradaba, porque me dio los detalles que necesitaba sin mostrar extrañeza por ese interés mío. En cuanto tuve la calle, la guía telefónica me dio las señas completas. Pensé en llamarla por teléfono e invitarla a salir, pero entonces recordé las muchas veces que me había comentado cuánto le gustaba recibir cartas escritas a mano a pesar de que hacía años que nadie le enviaba una, salvo un puñado de tarjetas insulsas por Navidad. -¿Y le escribiste? -¡Pues claro! ¡Pero si hasta me compré folios y sobres con un tacto acartulinado y una estilográfica! Llenaría de pruebas una docena de folios antes de conseguir escribir con la pluma sin embadurnarme los dedos de tinta y conseguir una buena caligrafía. -Vaya, ¿en serio? ¿Pero qué le pusiste en la carta? –insistió Ramiro. -Le escribí una carta en la que le agradecía los buenos momentos que pasaba de charla junto a ella, le mostraba mi deseo de avanzar un paso más en nuestra relación de amistad. Después, le escribí otras muchas en las que me mostraba poco a poco cuáles eran mis sentimientos hacia ella. -¿Y qué pasó? ¿No te contestó? -¡Inmediatamente! Respondía a vuelta de correo a cada una de las docenas de cartas de amor que le envié durante todo el verano. -Pero entonces... ¿cuál fue el problema? Martín dio un trago a su botella de cerveza, bajó la mirada con gesto avergonzado, sacó del bolsillo un folio manuscrito, lo dejó sobre la mesa, y se sinceró con su amigo: -Me las devolvía corregidas. Las faltas de ortografía, subrayadas, y con anotaciones para los errores de sintaxis. Ramiro le echó un vistazo a la carta y leyó una frase al azar que decía: “No sabes lo que me duele cada día el dolor de no verte...” El redundante dolor de Martín enamorado estaba rodeado a rotulador con un grueso trazo de intenso color rojo sangre hacia el que apuntaba una flecha y una acusación de puño y letra de su amada que denunciaba rotunda: ¡¡¡PLEONASMO!!! -Lo mejor es que la olvides –le dijo su amigo mientras le acercaba otra cerveza.
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