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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#1
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Amanece el domingo. El día es soleado, de la tormenta de anoche no queda rastro. Afuera se nota que hay viento. Como la previsión era sur-siroco, creo que hoy disfrutaremos a vela.
Tranquilamente nos levantamos, nos aseamos y salimos a almorzar. La tarde anterior vimos un sitio sobre el puerto que, si está abierto, tenía buena pinta. Lo está y almorzamos bien. Bocata tortilla y bocata butifarra, pan tumaca y olé. Cafecito y repostería, mientras leemos dos periódicos, uno frente al otro. Relajados. Esto es vida. De vuelta hacia el barco pasamos por capitanía, que antes continuaba cerrada. Nos atiende una mujer muy amable, entablamos una agradable conversación . Le pedimos, y los tiene, un par de folletos desplegables con información sobre todos los puertos deportivos de Cataluña. Un pequeño tesoro. Nos devuelve los 50 euros de la fianza, y nos cobra 13. Los baños no estaban muy allá pero, bueno, con ese precio… Rellenamos una pequeña encuesta, y para mi sonrojo, pregunto qué son las coderas. Conste que aprobé el examen, ¿eh?, pero me he acostumbrado a llamarlas muertos. Bueno pues, sin más, vamos hacia el barco. No vamos a recoger mucho, ya lo haremos en Vilanova. Nos damos protección solar y pienso que debería arrancar el motor para que se vaya calentando mientras hacemos otras cosas. Oh, oh… Acciono el pulsador y no arranca. A ver, algo he hecho mal. A ver, a ver… el estrangulador está en su sitio… el contacto dado… el desconectador de baterías bien… pulso otra vez. Ni mención. Joder, joder…. Pulso otra vez. ¡Ni mención! Las luces y los instrumentos no bajan de intensidad mientras lo intento, con que no parece la batería. ¡Joder, jodeeeeeer…! A ver, no ponernos nerviosos (eso yo, la Almiranta me mira con cara de circunstancias) Ya está, seguro que es algo sencillo, llamaré al armador y será una chorrada. Le llamo, y no contesta. Insisto,y nada. A ver, tranquilo. El teléfono de la empresa, no estarán pero lo tendrán desviado. Sale un contestador que indica que llame a otro número, que es de otro de los armadores (como todos ellos, buena gente). A todo esto, el karma a tomar por saco. Le cuento lo que ocurre y se extraña mucho. Piensa, como yo, que será el motor de arranque. Mientras intento alguna cosa , le pregunto dónde está, y resulta que en el hospital cuidando a su madre, Joder, tío, déjalo, eso es lo primero, ya me arreglaré. Voy a quitar la tapa del motor, donde también están el pulsador y la llave, a ver si veo algo, luego te llamo. Busco si hay alguna conexión floja, toco los contactos en el pulsador y en el motor de arranque. Puenteo los contactos del pulsador con el atornillador, nada. Cierro la tapa, vuelvo a pulsar el contacto… ¡et voilá! Le vuelvo a llamar para decírselo, y decirle que ante la posibilidad de que vuelva a fallar mi idea es no apagarlo aunque vayamos a vela . Me dice, con razón, que si escoramos el sistema de refrigeración no irá bien y me lo puedo cargar. Que, de todos modos, el viento, que viene fresquito, es de levante total. O sea, de proa. Bueno, cuando salga afuera veré qué hago, pero está claro que el motor no lo pararé si puedo, y que deberé ir adrizado. Le digo que la ida la hicimos a motor y que su socio me dijo que el depósito era suficiente para ir y volver, pero no hay ningún indicador de nivel. Y yo, como santo Tomás, si no lo veo no me fío. Le pido que esté localizable. Po favó. Bueno, pues con el karma, como ya he dicho,a hacer puñetas, me dispongo a desamarrar. El viento me entra de popa, con que las amarras de proa no hacen nada, las suelto y el muerto (la codera) me sujetará. Nervioso, doy un poco atrás, largo el muerto, espero que se sumerja un poco para no pillarlo y, suavecito, doy atrás, giro la caña … tan suavecito, tan suavecito, que, a lo que me doy cuenta, el viento me empuja contra el muerto del vecino. Pienso qué hacer, rápido. Mi principal miedo es enganchar el muerto con la hélice, con que pongo punto muerto y pido ayuda por radio. Creo que es lo mejor que puedo hacer, y pasar por torpe antes de pasarme de listo. Enseguida vienen dos marineros, y, con otro punto de vista, observan que me he ido contra el muerto pero no estoy enganchado. A todo esto, dos amarres más allá, sale otro barco con tres hombres, sin duda mucho más expertos que yo… ¡y les pasa lo mismo! Solo que son menos humildes e intentan salir sin ayuda, y entonces sí que se enredan bien, han pasado el muerto entre la orza y el timón. Consuela un poco ver que no soy el único torpe del lugar. Los marineros me hacen indicaciones para salir, pero estoy tan nervioso que lo hago todo al revés. Al fin lo consigo, y enfilo la salida. Ahí afuera parece que me espera movimiento…
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Somos como esos viejos árboles batidos por el viento que azota desde el mar. José Antonio Labordeta. Y si quieres escucharla, pincha abajo |
| 3 Cofrades agradecieron a sargazos este mensaje: | ||
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#2
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Ya intuia que lo pasasteis bien
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#3
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Esto suele pasar después de una noche laaaaargaaaaaaa. Al dia siguiente no funciona nada. Yo que tu volvia al camarote, aunque no sea a dormir
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![]() "Aprender es como remar contracorriente: en cuanto se deja, se retrocede" |
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#4
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Cita:
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#5
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Claro entre mojitos y la Sirenita se le dieron las tantas.....
![]() ![]() (joder que envidia de travesia). va sigue "Sargui".....
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Algunos gallos... creen que el sol sale para ellos!!(Fontaine)
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#6
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Cita:
![]() ![]() ![]() Aquí le llaman codera a la línea que amarrada al noray, permite recoger las amarras fijadas al muerto. Una vez localizada la primera amarra y hecha firme, se continúa tirando de la codera hasta dar con la segunda. ![]() ![]() ![]()
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Miembro de Cofrades de Tarragona de La Taberna del Puerto
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| Los siguientes cofrades agradecieron este mensaje a Capitán Victor | ||
lidiana (23-05-2012) | ||
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#7
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Pido disculpas por demorarme tanto en esta entrega. Esta vez no ha sido adrede…
![]() Al fin lo consigo, y enfilo la salida. Ahí afuera parece que me espera movimiento… Según me voy asomando afuera va en aumento mi preocupación. Hay bastante movimiento, y viento , pero de proa. Todo de proa. Maldito Murphy, algún día te atraparé y te colgaré de alguna entena, quizá en tu propio navío. A ver, decisiones, ya. Está claro que hay que navegar, hay que regresar sí o sí. Bueno, no tan dramático, si el mar estuviese mal de verdad habría que quedarse y buscar alternativas. También está claro que a vela no puede ser. Caso de que realmente fuera capaz de hacerlo, los bordos me retrasarían demasiado. No queda otra que confiar en el motor, que no presenta problemas de funcionamiento, sólo de arranque. Eso sí, habrá que izar la mayor para estabilizar un poco el barco. Lo hacemos con las dificultades propias del viento existente y salgo un poco más afuera para enfilar hacia el faro de Torredembarra. Cuanto más voy saliendo se va perdiendo el poco refugio que nos ofrecía la costa y el movimiento va in crescendo. Bueno, lo dicho. Hacia Torredembarra. Habrá que poner el piloto automático. El día anterior lo usé por primera vez para descubrir que sí, que llevar la caña en la mano es muy romántico, pero el piloto es muy cómodo. Quito el tapón, conecto el conector y … ¿adivináis? ¡no funciona! Carajo, pues si ayer iba bien. Toco la conexión, la desconecto, la vuelvo a conectar pero … ¡tururú! ¡Ah, Murphy maldito…! Pues nada, toca mentalizarse de que me esperan al menos seis horas de caña a brazo con oleaje. Conforme hemos ido perdiendo el abrigo de la costa, como os dije, aumentaba el oleaje. De modo que también aumentaba el cabeceo hasta que empezamos a tener pantocazos, lo que se convertiría en la tónica del viaje. Y claro, donde hay pantocazos hay rociones. El motor lo pongo a unos cuatro nudos, no lo quiero forzar, y cuando “clavamos” un poco en alguna ola baja hasta 3, incluso 2,5 nudos, para volver a coger arrancada. Vemos alguna aleta de peces luna, pero hoy maldita la gracia que me hacen. Sólo quiero ir cubriendo etapas, a saber: llegar al faro de Torredembarra, llegar a la chimenea de Cubelles, llegar a puerto, llegar a Zaragoza, llegar a casa… Esta vez me importa más bien poco la belleza del paisaje, de hecho voy un poco más alejado de la costa. Tampoco os penséis que mucho, ¿eh?. El viento viene fresquito y yo voy en camiseta, pero no voy a soltar la caña ni para bajar a por ropa. A todo esto la Almiranta, mi campeona, va mucho más tranquila que yo, intentando tranquilizarme a mí. Esta vez no disfruto nada, nada. En una de las “clavadas” de proa, me quedo mirando cómo el agua entra por proa… y la veo caer al camarote. ¡Mierda, me he dejado la escotilla abierta! Desde que no arrancaba el motor no hice nada como debiera. Las defensas no las he subido, y las amarras de proa no las he recogido. La de babor está sobre cubierta , pero la de estribor se ha caído y la llevo a rastras. Valoro que es corta y no hay peligro de engancharla con la hélice, con que ahí se va a quedar. Creo que ha sido la primera vez que ha entrado agua por la escotilla, pero evidentemente hay que cerrarla y tengo que hacerlo desde fuera. Pongo a la Almiranta a la caña, miro fijamente a las olas que vienen y cuando creo que hay varias pequeñas voy hacia ella aferrándome a todo lo que hay, y en estas veo venir una dos un poco mayores. Tumbado, agarrado con una mano al hueco del tambucho y con la otra al hueco de la propia escotilla, espero el latigazo que , efectivamente, me da el barco. Parece que las siguientes vuelven a ser pequeñas, cierro la escotilla y regreso a la bañera. No voy a bajar a echar los cierres de la escotilla desde dentro, ya sé que quedará una pequeña rendija y puede entrar un poco de agua, pero ya lo ha hecho antes, y lo que hay debajo son los sacos de dormir que absorberán el agua que pueda entrar. Todo esto sin chaleco, inconsciente de mí. Ya os dije que no estoy haciendo nada a estribores, que diga a derechas. Lentamente, muy lentamente, vamos llegando al faro.
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