Cuando me hice con el barco, hace 6 meses ahora, ya supuso para mi algún sacrificio, lo hice con gusto, pero si las cosas se ponen peor... Buf no quiero ni pensarlo, evidentemente van primero la almiranta y mis peques y su futuro, el barco evidentemente después.
Antes que deshacerme de mi cascarón recorto de donde haga falta, de hecho ya lo he hecho cambiando de puerto base. En el peor de los casos, tengo la suerte de tener un familiar con nave, y vivir en una casa con finca donde poder atracarlo bien tapadito.
Sólo pensarlo me entristece un montón, que alguien tenga que renunciar a su afición, su ilusión, su sueño, como fue lo que hizo que me convirtiera yo en armador, porque pensar en renunciar a lo que tanto me costó conseguir me aterroriza. Es más, desde aquí, aprovecho para decir que si algún cofrade se ha visto en esa situación y no puede salir a navegar, en la Peregrina siempre habrá un hueco para él, sólo tiene que traer un pack de birras (quintos preferiblemente) e hielo.
Una ronda señores
