Lo que marca ese amor en teoría a entornos tan dispares (mar y montaña) es el amor a la naturaleza en estado puro.
Amamos la naturaleza tal como es, y nos aporta las sensaciones de estar vivos, de que somos algo en parte de ella.
Hemos domesticado tanto nuestro entorno que cuando salimos a la naturaleza en estado puro, sale de dentro de nosotros algo profundo que nos hace sentir sensaciones posiblemente olvidadas, y eso nos enamora y nos engancha.
Para mi es ese contacto el que me atrae hace que sintamos lo que sintamos.
Saludos
