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| VHF: Canal 77 |    | ![]() |
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#1
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La puerta de la 211 había ocupado un lugar importante en mis reflexiones de los últimos días. Por un lado estaba el hecho de que la llave había sido conservada por Iulia y, del modo que he narrado, había llegado a mis manos. ¿Habría cerrado la puerta después de su visita en el 2004? Por otra parte, ¿cabía esperar que, después de treinta años sin uso, la cerradura hubiese obedecido a las intenciones de Iulia?
Por si acaso, y saltándome las estrictas normas de Mustafá, la llave, desprovista de su vistoso llavero, estaba convenientemente alojada entre el calcetín y mi tobillo derecho. Mientras dudaba, un poco mareado por la impresión que me causaba aquel retroceso brutal en el tiempo, vi aparecer la mano de Mustafá en el halo de iluminación empujando suavemente la puerta, que se abrió a penas un par de centímetros. Apoyé entonces mi mano derecha en la hoja y empujé con decisión. Tal vez duró el tiempo que tarda mi corazón en dar dos latidos. Tal vez fuese algo menos, o poco más, de un segundo. Pero la vi con total claridad: Iulia estaba sentada en la cama, con un libro sobre las rodillas y ambas manos apoyadas en el colchón. La misma postura que, según los astrónomos griegos, tiene Casiopea en el cielo. La misma en la que tantas veces me esperó. Ese segundo escaso fue suficiente para que viese cómo su cabeza giraba hacia la puerta y que nuestras miradas estuviesen a punto de cruzarse. Pude ver que sonreía y también vi sus ojos, pero antes de que llegasen a mirarme francamente, antes de que se clavasen en mí y me transmitiesen algún sentimiento, la visión se desvaneció en el polvo y la penumbra. También tras un cortísimo espacio de tiempo mi mente analítica e incrédula elaboró una respuesta plausible: había tenido una alucinación causada por aquel ambiente tan denso. Pero entonces noté que Mustafá se aferraba con fuerza trémula a mi brazo. Did you see that? Allah, Allah! Lady Iulia must be dead! |
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Atlántida (21-03-2013), cristosail (15-02-2013), Enrana (14-02-2013), enric rosello (14-02-2013), Gambucero (14-02-2013), J.R. (16-02-2013), JAQUE MATE (14-02-2013), lachica (14-02-2013), Nochero (14-02-2013), pelorus (18-02-2013), SAGHARBOUR (19-02-2013), ventresca (11-03-2013) | ||
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#2
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Disculparán ustedes el mes de silencio. Parece que la sesentena no me ha sentado muy bien y he pasado unas semanas en astillero. Nada que altere esencialmente mis planes. Ahí va la siguiente entrega (ya falta poco).
++++++++++ Pero no, no fue un fantasma lo que vimos. Mi visión estaba sentada en la cama, mientras que, según contó más tarde, Mustafá la vio en pié al fondo de la habitación. La mía llevaba el pelo suelto; la suya no. La mía tenía apenas 20 años. Ha sido el polvo que se ha levantado al abrir la puerta, Mustafá, tranquilo; el polvo y esa mierda de luz que te has inventado, que parece que estemos en el triángulo de las Bermudas, le solté de corrido y en español. Y pareció entenderme. Dust? Yes, only dust. Cosa curiosa lo de las lenguas. Tal como cabía esperar, la habitación contenía exactamente los mismos elementos que treintisiete años atrás: las cortinas dobles, a punto de desplomarse; las alfombrillas a pie de cama; la banqueta para el equipaje… Vi, sobre la cama, el resto desecado de dos claveles. En aquella tiniebla era imposible saber de qué color habrían sido. Entré en el cuarto de baño. El lavamanos consistía en una pica soportada por un pedestal, ambos de porcelana. El pedestal era hueco y se podía acceder a su interior pasando la mano entre la pared y su cara posterior. En aquel hueco solíamos guardar los pasaportes y el dinero, a falta de mejor caja fuerte. Ya el propio gesto de agacharme y pasar brazo y mano tras el pedestal me transportó un poco, pero la sensación que tuve cuando mis dedos tocaron algo escondido allí dentro fue como un viaje por el túnel del tiempo. El objeto resultó ser un envoltorio de plástico muy bien sellado y, pegado a él, un sobre con una carta en su interior. La carta iba dirigida a mí. “Si estás leyendo esta carta es porque, de algún modo, os habéis encontrado. Conociéndote, sé que el modo más probable es que hayas sido tú quien ha vuelto a Varosha y al viejo escondite de nuestros papeles de aquellos días tan intensos. Tal vez el motivo de tu regreso sea que te han informado de mi muerte. Según los médicos ya no me queda mucho. Me da un poco de miedo pensar en eso. Como ves, también yo he regresado. En mis recuerdos tú no salías muy nítido. No he vuelto por ti. Quise volver al lugar en el que había perdido la virginidad de un modo tan romántico (ante Júpiter nada menos ¿te acuerdas?), al recuerdo del ruido tremendo de las bombas y al descubrimiento de que era capaz de mantener la calma y una cierta serenidad incluso en situaciones así. Varosha era una especie de diploma en mi vida. Yo estuve allí. Y tú, evidentemente, también estabas en mis recuerdos pero desdibujado, sin mucho protagonismo. Como una más de las cosas estupendas que me ocurrieron en el 74. Pero una vez aquí tu recuerdo me ha invadido. Inundado más bien. Es como si te volviera a ver caminando por la playa, moreno, sano, guapo y fuerte. Deliciosamente tímido; tratándome como si yo fuese algo extremadamente delicado e irreemplazable. Tal vez no tendrías que haberme querido tanto. Te salí “rana”. No voy a justificarme ahora. El hecho incontrovertible es que os abandoné a ti y a nuestro hijo. Yo pensaba que había cometido una monstruosidad singular, pero luego he visto que ni siquiera soy la única. Otras muchas mujeres lo han dejado todo atrás para correr tras una quimera. Paseando estos días por Famagusta y a lo largo de la valla de separación, tu sombra se ha ido situando junto a mí, ajustando su paso al mío como solías hacer. Y todo nuestro amor juvenil me ha vuelto a hervir en el corazón y el vientre. Yo también te quise locamente. Luego se me olvidó que te quería. Y, ahora, como dice la canción de Lolita de la Colina, se me olvidó que te olvidé. A mí, que nada se me olvida.” En este punto me interrumpió el susurro apremiante de Mustafá: patrol, patrol outside. Turn out the light. Totalmente a oscuras oímos pasar el motor diesel de un vehículo de patrulla. Cuando se extinguió el sonido, Mustafá señaló su reloj. Era hora de volver. |
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Atlántida (21-03-2013), botijo (14-03-2013), calama (02-04-2013), cristosail (14-03-2013), Enrana (14-03-2013), enric rosello (14-03-2013), Gambucero (14-03-2013), J.R. (14-03-2013), jacarejack (14-03-2013), JAQUE MATE (16-03-2013), Nochero (14-03-2013), pelorus (19-03-2013) | ||
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#3
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(ya falta poco)
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Si la vida es un barco,... que haya sueños en las velas, esperanza en el timon,... y no esclavos en los remos. |
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#4
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Aunque falte poco
es una pena que se vaya al fondo sin que los que disfrutan flotando lo aprecien.![]() |
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#5
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¿Todo bien camarada Tahleb?.
![]() Hace tiempo que no te leo por aqui y me preocupa. Un saludo. ![]()
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Si la vida es un barco,... que haya sueños en las velas, esperanza en el timon,... y no esclavos en los remos. |
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Tahleb (02-04-2013) | ||
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#6
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Tahleb , por favor continua
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Tahleb (02-04-2013) | ||
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#7
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Gracias por vuestro interés.
No te preocupes, Nochero. Tengo una de esas averías calificadas de "benignas" pero que llevan una mala hostia considerable. Una infección complicada en uno de los fuelles. Médicos, pruebas, antibióticos y más ganas de leer que de escribir. Pero esta partida la gano yo con toda seguridad. Y pronto. Ahí va lo que he podido componer: Reintroduje la carta en su sobre y metí el conjunto de sobre y paquete impermeable en mi mochila. Eché una última mirada a la penumbra de la habitación 211 y, con una extraña sensación de frío o, tal vez, de encogimiento del área próxima al corazón, cerré la puerta sin hacer ruido y me alejé con pasos quedos, como quien deja en su cuarto a un bebé dormido. El regreso fue un poco más largo y accidentado que la ida. En varias ocasiones tuvimos que quedarnos tumbados boca abajo, escondiendo la cara entre las hierbas, o que meternos en alguna de las casas a esperar que pasara una ronda. Mustafá estaba muy sorprendido por la inusitada actividad de las patrullas turcas aquella noche. ¿Le has contado a alguien que ibas a entrar en Maraş hoy? ¿Quién, yo? ¡Qué va! Respondí mientras pensaba, con cierto pesar, en que mi amistad con Metin tal vez no fuese tan profunda como yo había creído siempre. Qué más daba. Tampoco estaba en mis planes el volver a verlo nunca más. Así, lentamente, entre “cuerpos a tierra”, movimientos de reptil y ocultaciones en las casas, fuimos aproximándonos a la valla y conseguimos salir, antes de que la luz de la Luna complicase el escenario, por un punto algo alejado del que habíamos usado a la entrada. Mejor que dejes el coche donde está hasta mañana, me aconsejó Mustafá, esta noche pasa algo raro y a lo mejor lo están vigilando. Ya en el hotel, tomé una larga ducha y me prometí una copa del mejor whisky que pudiese encontrar. La salida de Varosha me había acelerado todo el sistema nervioso y sentía como si los residuos de la adrenalina actuasen sobre mi cerebro como una droga dadora de lucidez. Descarnadora de verdad, si se quiere. En mis años de soledad a bordo de los barcos había llegado a desarrollar y aceptar como cierto el concepto de que, así como el oído parece ser el último sentido que se pierde, el amor era la última función superior en desaparecer. Había comprobado que el amor brillaba por encima de las humillaciones, de la desesperanza y del miedo. En los momentos difíciles me bastaba con cerrar los ojos para ver la cara de Iulia y sentir la textura de aquellos labios suyos, capaces de sonreír mientras besaban. Cuando la perdí me quedé huérfano durante un tiempo, pero pronto recobré su imagen y la basé en la idea de que aquella mujer extraordinaria, alguna vez, me había amado intensamente. Y me convencí de que, seguramente, ella debía sentir algo parecido. Lo que había leído hasta el momento en su carta parecía situarme, para ella, en un plano mucho más frío y lejano que aquel en el que yo la mantuve. Y pensé que ese debía ser el enfoque correcto, normal o como quiera que se le desee llamar. Lo mío había sido una absurda ilusión. Un espejismo propio de alguien que vive en un estado de semilibertad y alejamiento encerrado en un barco mercante que, como tal, está sujeto a rutas específicas, horarios concretos y disciplina clara. Tuve la tentación de no continuar leyendo. Pensé en regresar a mi barco y planificar el verano que se aproximaba para, en lo posible, iniciar un proceso de olvido y renovación. Pero, evidentemente, no pude resistir la tentación. |
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