La Taberna del Puerto Cleansailing
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Predeterminado Re: Rincón literario

Buenas noches,

Un elogio del albedrío... Y la cita que abre el prefacio de "El Miedo a la Libertad" de Erich Fromm.

"No te di, Adán, ni un puesto determinado ni un aspecto propio ni función alguna que te fuera peculiar, con el fin de que aquel puesto, aquel aspecto, aquella función por los que te decidieras, los obtengas y conserves según tu deseo y designio. La naturaleza limitada de los otros se halla determinada por las leyes que yo he dictado. La tuya, tú mismo la determinarás sin estar limitado por barrera ninguna, por tu propia voluntad, en cuyas manos te he confiado. Te puse en el centro del mundo con el fin de que pudieras observar desde allí todo lo que existe en el mundo. No te hice celestial ni terrenal, ni mortal ni inmortal, con el fin de que - casi libre y soberano artífice de ti mismo - te plasmaras y te esculpieras en la forma que te hubieras elegido. Podrás degenerar hacia las cosas inferiores que son los brutos; podrás - de acuerdo con la decisión de tu voluntad - regenerarte hacia las cosas superiores que son divinas"...


Pico della Mirandola, "Discurso sobre la Dignidad del Hombre"

Salud,
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"...Cuando el nubloso viento se levanta, la canal de Bahama desemboca, con veinte y ocho grados en altura, y muchos de trabajo y desventura..."
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Crimilda (30-12-2013), Enrana (20-12-2013)
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Predeterminado Re: Rincón literario

Fabrizio Corbera, Príncipe de Salinas y astrónomo piensa sobre su muerte.

Don Fabrizio conocía desde siempre esta sensación. Hacía decenios que sentía como el fluido vital, la facultad de existir, la vida en suma, y acaso también la voluntad de continuar viviendo, iban saliendo de él lenta pero continuamente, como los granitos se amontonan y desfilan uno tras otro, sin prisa pero sin detenerse ante el estrecho orificio de un reloj de arena. En algunos momentos de intensa actividad, de gran atención, este sentimiento de continuo abandono desaparecía para volver a presentarse impasible en la más breve ocasión de silencio o de introspección: Como un zumbido continuo en el oído, como el tictac de un reloj se impone cuando todo calla y entonces nos da la seguridad de que siempre ha estado allí, vigilante, hasta cuando no se oía.


En todos los demás momentos, le había bastado siempre un mínimo de atención para advertir el rumor de los granitos de arena que se deslizaban leves, de los instantes de tiempo que se evadían de su mente y la abandonan para siempre. Por lo demás, la sensación no estuvo antes ligada a ningún malestar. Mejor dicho, esta imperceptible pérdida de vitalidad era la prueba, la condición, por así decirlo, de la sensación de vida, y para él, acostumbrado a escrutar los espacios exteriores ilimitados, a indagar los vastísimos abismos internos, no tenía nada de desagradable: era la de un continuo y minucioso desmoronamiento de la personalidad junto con el vago presagio de reedificarse en otro lugar una personalidad – a Dios gracias – menos consciente pero más grande. Esos granitos no se perdían, desaparecían, pero se acumulaban quién sabe dónde, para cimentar una mole más duradera. Pero había pensado que mole no era la palabra exacta, por ser pesada como era; y, por otra parte, tampoco las de granos de arena. Eran más como partículas de vapor acuoso exhaladas por un estanque, para formar en el cielo las grandes nubes ligeras y libres.

EL GATOPARDO
Giuseppe Tomasi di Lampedusa

(además de la descripcción de un estado de ánimo, quizás una pequeña paráfrasis literaria para los físicos cuánticos, del "actual modelo que intentan desarrollar")
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Editado por Enrana en 15-12-2013 a las 00:27.
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Crimilda (30-12-2013), Larsen (22-12-2013)
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Predeterminado Re: Rincón literario

El cofrade Chimista, (nick de significado tanto literario como marinero) escribió este relato y lo colgó en el foro.

La ausencia de este cofrade es de las que se hacen notar por el buen sabor de boca que dejaban sus posts.

Me tomo licencia de volver a publicarlo.



Siracusa





I

En el verano del año 1954 a bordo del “Alsace” zarparon desde el puerto de Marsella con destino a Atenas el señor Paltof, su mujer Denis -de soltera Denis Plantan-, y la hija de ambos Virginia, con intención de pasar unas vacaciones y de paso, establecer contacto con un importante cliente de aquella ciudad, con quien se presentaba la oportunidad de aumentar aún más, su ya considerable fortuna y ampliar así su red comercial en aquel país.

En la travesía, y a raíz de una cena a la que acudió el capitán del barco Mr. Bertel, natural de Brest, conocieron a Jean Bert, oficial segundo presentado por el capitán. Las elegantes formas de sus gestos y su tez, despertaron la atención de Virginia, cuando, solicitando permiso para compartir la mesa a las damas y a su capitán, se sentó Jean al lado de éste.

La conversación, aun siendo trivial, no impidió que en aquella cena, sentados uno frente al otro, Silvia y Jean, intercambiaran continuas miradas que acabaron por despertar en ambos, lo que en pocas horas terminarían en atracción.

Atracción constante durante la cena y que se acentuó al final, en el momento en que Jean dejó la mesa saludando con corrección militar, y hasta la siguiente oportunidad que aprovechó para invitar a Virginia dos noches después, para acudir a cubierta, y desde allí poder admirar la lluvia de estrellas que durante la noche, se debería producir, para asombro y entretenimiento de los pasajeros.

Una vez en la segunda cubierta de babor, y cuando los padres de Virginia se retiraron a su camarote, debido en parte al frío y por otra, a la infructuosa búsqueda estelar prometida, Jean y Virginia permanecieron juntos unos minutos más, después de la licencia obtenida de sus padres. Minutos que si bien, a Madame Denis Paltof le parecieron largos, a Jean y a Virginia fueron sin lugar a duda, la más pequeña representación que el concepto abstracto que entendemos por tiempo, pudiera ocupar en sus vidas.

El oportuno vuelo de una estrella que para ambos, no fue del todo fugaz, y la necesaria obligación a requerimiento de Jean para que Virginia cerrara los ojos y formulara un deseo, fue el adecuado motivo para aquel beso. Beso que Virginia jamás olvidaría en su vida y que provocó además del suave latigazo que recorrió su espalda, una aceleración en su ritmo cardíaco y el desfallecimiento casi total de sus piernas, con el consiguiente abandono de todo su cuerpo en los brazos de Jean.

A aquella estrella, la siguieron paseándose caprichosas unas y burlonas otras, iluminando el acogedor y discreto hueco ocupado por ellos, junto a unos de los botes salvavidas.

La bóveda celeste, como una campana pletórica de luces irreales, dejaba retazos chispeantes de luces coralinas sobre el surco que dejaba el barco, rumbo a Siracusa.

Jean y Virginia no volvieron a coincidir más. Al día siguiente, los padres de Virginia estimaron conveniente no admitir en su compañía a aquel joven y elegante oficial, por el simple motivo de no considerarlo adecuado al rango social que ellos ocupaban.

Al término del viaje, Jean permaneció tan atento a las instrucciones de su capitán como con la escalerilla de embarque, por donde abandonaban el barco todos los viajeros, armados de sombrillas, bolsas, sombreros y donde los trajes y vestidos de colores claros y limpios, contrastaban con la indumentaria de los cocheros y mozos de equipaje, que les esperaban en el muelle.

Cuando sus miradas coincidieron, Virginia mantuvo la suya unos instantes desde el muelle hacia la cubierta de estribor, hacia donde él estaba, despidiendo junto al capitán a los últimos pasajeros que quedaban por dejar el barco y cuando se percató Jean, se descubrió y llevó su mano derecha a su pecho, en ademán de despedida.



y II


Al atardecer de un día a finales del verano del año 1984 y a la altura de Siracusa, navegaba el barco Sirocco realizando una travesía de Niza a Venecia. En un camarote especial, con sala, lo ocupaban el señor y la señora Lutin -de soltera Virginia Paltof—, en un viaje en aquella ocasión de placer, debido a la insistencia por parte de Virginia.

El señor Lutin, propietario de varias empresas en Francia, dedicadas a la fabricación de maquinaria agrícola, padecía –decían las malas lenguas, que desde siempre-, varias si no del todo dolencias, sí unas confesadas indisposiciones que además de desagradables, poco favorecían su precaria y lastimosa imagen.

Con una obesidad considerable, una carencia total de cabello, reumático y siempre pendiente de los muchos y variados medicamentos que le tenía que suministrar su adorable esposa. Medicamentos que ella siempre disponía puntualmente poniéndolos en fila y en orden regular sobre el mantel, con dedicación exquisita, a cualquier hora del día, obteniendo como respuesta aquella gruesa sonrisa, carente de atractivo alguno.

Aquella noche, después de la cena en el camarote y después de ayudar a su marido a acostarse en la muy estrecha cama, de las dos que les correspondía, le apeteció a Virginia debido al calor y así se lo dijo a su marido, que salir a respirar un poco de aire fresco a cubierta, antes de acostarse.

La noche era suave, y un cielo cubierto de pequeñas nubes, dejaban ver de vez en cuando una luna a medio abrir, con una intensidad tal, que las sombras que se formaban en cubierta, parecían tomar formas fantasmales.

A cierta distancia y desde aquella banda, Virginia se percató que en dirección contraria y a unas dos millas, se deslizaba un barco que presentaba toda la iluminación de las cubiertas. Tuvo un recuerdo rápido y por un momento acudieron a su mente, la noche de treinta años atrás con sus estrellas fugaces y se preguntó, qué sería de aquel elegante oficial a quien no pudo olvidar jamás; ni a él, ni a aquel beso, que como recuerdo imborrable de la más deliciosa sensación de placer, acompañó sus sueños durante todos aquellos años que le precedieron.

El barco, cuyo destino era el puerto de Civitavechia, lo ocupaban alegres y despreocupados turistas japoneses y norteamericanos. Su capitán, Jean Bert desde la cabina oscura, celebraba con sus oficiales su despedida en la naviera y brindaban, por lo que se suponía iba a ser un placentero retiro en la campiña Toscana, junto a su mujer Adelaida. Una mujer que le había acompañado sin pena ni gloria durante todos aquellos años, sin llorar y sin reír, sin amar y sin odiar.

Cuando Jean, avistó aquel barco a unas dos millas del suyo, y que ya comenzaba a acercarse, recordó de forma súbita aquella noche de estrellas fugaces y pensó, no sin extrañarse, que desde entonces, ya hacía treinta años, no había vuelto a ver una noche tan plagada de estrellas como aquella, ni una mujer a quien hubiera besado como lo hizo a aquella, a quien nunca había olvidado.

Tomó la copa que aún tenía en su mano izquierda y alzándola, brindó por el recuerdo de aquella mujer, poniendo al mismo tiempo su mano derecha, encima del lugar donde él suponía latía su corazón.

Los dos barcos se cruzaron, dejando cada uno su estela que poco a poco se extinguió como símbolo del tiempo, como acaba el día y como termina la vida.


Epílogo:
Los barcos en la mar, tejen en sus derrotas unos delgados hilos que son el destino de quienes navegan en ellos, es el azar. Nosotros no los vemos, pero existen. Únicamente los pueden ver, los espíritus que navegan por encima de los barcos. Entre estos, unos son serios y otros, algo estrafalarios; unos chistosos, otros alegres, unos desenfadados, otros tristes y otros despistados que cuando deben poner orden y concierto o cuando mejor deben actuar, se han olvidado de aquello que es lo más importante, acertar.

Los barcos en la mar, son a veces como las casonas abandonadas en el campo; tienen corredores, pasillos y miradores largos, muy largos, y algunos no están cerrados. En las noches de tormenta o de viento desenfrenado, se abren puertas o ventanas que golpean y la luna caprichosa, se mete dentro y se forman figuras extrañas, rumores, siseos y quebrantos, que a veces a nosotros –marineros viejos y temerosos-, nos llegan a producir espanto.





Chimista

Marzo 2006
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Editado por Enrana en 20-12-2013 a las 02:02.
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Predeterminado Re: Rincón literario

Defensa de la alegría


Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.

Mario Benedetti
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Larsen (30-12-2013)
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Predeterminado Re: Rincón literario

Veo que mi rincón no ha sido abandonado, a pesar de lo poco que lo cuido ya. Está tan estupendo como siempre gracias a vosotros.

Larsen, veo que te has dejado una de las frases mejores del "Discurso" de Pico, o a Erich Fromm no le interesó ya. A mi me gusta mucho:

"¡Oh suma libertad de Dios padre, oh suma y admirable suerte del hombre al cual le ha sido concedido el obtener lo que desee, ser lo que quiera!"

¡Qué fe tenía este hombre en sus congéneres! El hombre como medida de todas las cosas y por tanto de sí mismo.

¡Felices lecturas y todo lo demás para el año que va a entrar!

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Vive y deja vivir,
pero vive como piensas,
o acabarás pensando como vives.

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Predeterminado Re: Rincón literario

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Veo que mi rincón no ha sido abandonado, a pesar de lo poco que lo cuido ya. Está tan estupendo como siempre gracias a vosotros.

Larsen, veo que te has dejado una de las frases mejores del "Discurso" de Pico, o a Erich Fromm no le interesó ya. A mi me gusta mucho:

"¡Oh suma libertad de Dios padre, oh suma y admirable suerte del hombre al cual le ha sido concedido el obtener lo que desee, ser lo que quiera!"

¡Qué fe tenía este hombre en sus congéneres! El hombre como medida de todas las cosas y por tanto de sí mismo.

¡Felices lecturas y todo lo demás para el año que va a entrar!

Crimilda... ¡qué gratísima sorpresa!

Me temo que yo tampoco he cuidado el hilo como debiera y menudo alegrón me llevé cuando lo reflotó el amigo Enrana. A veces todavía me sigo pareciendo un recién llegado que intenta participar del curso de los hilos, sin pretender cambiarlo. Pero esta Taberna es grandiosa y todo hilo que merece la pena, tiene defensores valiosos. Intentaré aprender la lección, si alguna puede extraerse de todo esto.

Gracias por volver. Y feliz año a todos.

Salud,
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Predeterminado Re: Rincón literario

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Originalmente publicado por Crimilda Ver mensaje
Veo que mi rincón no ha sido abandonado, a pesar de lo poco que lo cuido ya. Está tan estupendo como siempre gracias a vosotros.

Larsen, veo que te has dejado una de las frases mejores del "Discurso" de Pico, o a Erich Fromm no le interesó ya. A mi me gusta mucho:

"¡Oh suma libertad de Dios padre, oh suma y admirable suerte del hombre al cual le ha sido concedido el obtener lo que desee, ser lo que quiera!"

¡Qué fe tenía este hombre en sus congéneres! El hombre como medida de todas las cosas y por tanto de sí mismo.

¡Felices lecturas y todo lo demás para el año que va a entrar!







ssssshhhhh que no se entere el kumi ese



feliz año





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  #8  
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no se si es digno de este ilo pero a mi me gusta el socrates ese

( no cito la fuente porque no la se)





Por Fray Betto
Frei Beto


















Al viajar por Oriente, mantuve contacto con los monjes del Tibet, en Mongolia, Japón y China.
Eran hombres serenos, solícitos, reflexivos y en paz con sus mantos de color azafrán.
El otro día, observaba el movimiento del aeropuerto de San Pablo: la sala de espera llena de ejecutivos con teléfonos celulares, preocupados, ansiosos, generalmente comiendo más de lo que debían.
Seguramente, ya habían desayunado en sus casas, pero como la compañía aérea ofrecía otro café, todos comían vorazmente.
Aquello me hizo reflexionar: "¿Cuál de los dos modelos produce felicidad?"
Me encontré con Daniela, de 10 años, en el ascensor, a las 9 de la mañana, y le pregunté: "¿No fuiste a la escuela?" Ella respondió: "No, voy por la tarde."
Comenté: "Qué bien, entonces por la mañana puedes jugar, dormir hasta más tarde."
"No", respondió ella, "tengo tantas cosas por la mañana..."
"¿Qué cosas?", le pregunté.
"Clases de inglés, de baile, de pintura, de natación", y comenzó a detallar su agenda de muchachita robotizada.

Me quedé pensando: "¡Qué pena, que Daniela no tenga clases de meditación!"

Estamos formando súper-hombres y súper-mujeres, totalmente equipados, pero emocionalmente infantiles.

Una ciudad progresista del interior de San Pablo tenía, en 1960, seis librerías y un gimnasio; hoy tiene ¡sesenta gimnasios y tres librerías!

No tengo nada contra el mejoramiento del cuerpo, pero me preocupa la desproporción en relación al mejoramiento del espíritu. Pienso que moriremos esbeltos: "¿Cómo estaba el difunto?". "Oh, una maravilla, ¡no tenía nada de celulitis!"
Pero ¿cómo queda la cuestión de lo subjetivo? ¿De lo espiritual? ¿Del amor?

Hoy, la palabra es "virtualidad". Todo es virtual. Encerrado en su habitación, en Brasilia, un hombre puede tener una amiga íntima en Tokio, sin ninguna preocupación por conocer a su vecino de al lado! Todo es virtual. Somos místicos virtuales, religiosos virtuales, ciudadanos virtuales. Y somos también éticamente virtuales...

La palabra hoy es "entretenimiento"; el domingo, entonces, es el día nacional de la imbecilidad colectiva.

Imbécil el conductor, imbécil quien va y se sienta en la platea, imbécil quien pierde la tarde delante de la pantalla.
Como la publicidad no logra vender felicidad, genera la ilusión de que la felicidad es el resultado de una suma de placeres: "Si toma esta gaseosa, si usa estas zapatillas, si luce esta camisa, si compra este auto, usted será feliz!"

El problema es que, en general, no se llega a ser feliz! Quienes ceden, desarrollan de tal forma el deseo, que terminan necesitando un analista. O de medicamentos. Quienes resisten, aumentan su neurosis.
El gran desafío es comenzar a ver cuán bueno es ser libre de todo ese condicionamiento globalizante, consumista. Así, se puede vivir mejor. Para una buena salud mental son indispensables tres requisitos: amistades, autoestima y ausencia de estrés.
Hay una lógica religiosa en el consumismo post-moderno.

En la Edad Media, las ciudades adquirían status construyendo una catedral; hoy, en Brasil, se construye un shopping-center.
Es curioso, la mayoría de los shopping-center tienen líneas arquitectónicas de catedrales estilizadas; a ellos no se puede ir de cualquier modo, es necesario vestir ropa de misa de domingo. Y allí dentro se siente una sensación paradisíaca: no hay mendigos, ni chicos de la calle, ni suciedad...
Se entra en esos claustros al son gregoriano post-moderno, aquella musiquita de esperar al dentista.
Se observan varios nichos, todas esas capillas con venerables objetos de consumo, acolitados por bellas sacerdotisas.
Quienes pueden comprar al contado, se sienten en el reino de los cielos.
Si debe pagar con cheque post-datado, o a crédito se siente en el purgatorio.
Pero si no puede comprar, ciertamente se va a sentir en el infierno...
Felizmente, terminan todos en una eucaristía post-moderna, hermanados en una misma mesa, con el mismo jugo y la misma hamburguesa de Mac Donald...

Acostumbro decirles a los empleados que se me acercan en las puertas de los negocios: "Sólo estoy haciendo un paseo socrático". Delante de sus miradas espantadas, explico: "Sócrates, filósofo griego, también gustaba de descansar su cabeza recorriendo el centro comercial de Atenas. Cuando vendedores como ustedes lo asediaban, les respondía: ...¡"Sólo estoy observando cuántas cosas existen que yo no necesito para ser feliz"!






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