En los catas, el trapo hay que reducirlo en función del viento aparente, da igual
como sean las olas. Mi consejo, que él lo sabe de sobra, es simplemente para
que no tenga que estar tan pendiente del anemómetro, ni de las previsibles
rachas. Aunque enrolles un poco, el barco seguirá navegando con bastante
velocidad para poder gobernarlo.
Sin ir más lejos, este mismo verano hemos pasado el estrecho con rachas de
60 nk y olas de entre cuatro y séis metros, a palo seco, haciendo casi 10 nk
de GPS. En ese momento, era impensable poder llevar algo de trapo (amen de
que la ingeniería lo descarta totalmente, algo se hubiese roto con total certeza),
pero en el supuesto de que, por haber reforzado el barco, la jarcia y el velamen
a ese efecto, se hubiese podido llevar un tormentín, por ejemplo, no habríamos
ganado ni tan siquiera un par de nudos, algo que no daría un plus adicional
al manejo del barco. Más bien lo contrario. El barco pasado de trapo, se hace
más ingobernable. Este punto lo tengo muy asumido, pues cuando navegamos
de aleta con todo arriba y refresca el viento, el cata empieza a moverse más
de lo deseado. Así que tomamos un rizo, el barco se "tranquiliza" y si miras
la corredera, no has perdido ni medio nudo.

Uffff... que rollazo para ser el día de Navidad.

cofrades. Un abrazo Dibu.
¡¡Feliz Navidad!!
Salud y
