La Taberna del Puerto Cleansailing
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Predeterminado Re: Grandes navegantes que casi nadie conoce



Monjes

Hemos hablado de los esforzados y admirados navegantes vikingos que se enfrentaron a los violentos mares del norte y los vencieron, pero cuando llegaron a Islandia o a las Feroe en el siglo VIII, ya los monjes habían estado allí.

- ¡Qué me dices! ¿Unos monjes navegantes?

Efectivamente; los monjes irlandeses que navegaban imponiéndose a sí mismos esa penitencia y ese exilio para encontrar nuevas tierras donde predicar la palabra de Dios.

Navegaban sin rumbo establecido como hemos visto en los polinesios “por donde Dios los quisiera llevar” siguiendo quizás el viento y las corrientes en unos barcos tradicionales de pesca irlandeses llamados curraghs fabricados con pieles de buey impermeabilizadas con grasa y manteca unidas al fin, mediante lazos, a un mínimo armazón formado por una trama de mimbres de sauce atados con crin de caballo a partir de una quilla. Completaban el barco añadiéndoles una cubierta de pieles en proa y unos baos, parte de los cuales eran las bancadas para los tripulantes, apoyados en puntales.





En la parte central se armaba un mástil, sostenido por dos burdas a cada banda y estay, en el que se envergaba una vela cuadrada, también fabricada con pieles que se sostenía por una verga superior aparentemente ineficiente pero, si así hubiera sido, no importaba porque confiaban su suerte a Dios como también es sorprendente que esta embarcación hubiera podido soportar las duras condiciones de esos mares.

En la regala tenían unas toleteras donde, si las circunstancias lo requerían, podían trabajar sobre los remos y en popa por la aleta de babor, trabajaba un remo con la pala más ancha haciendo de timón.





Aparentemente frágil el barco de sus expediciones, que tendría unos 15 metros de eslora, eran y son (porque sorprendentemente todavía se siguen construyendo) muy marineros ya que su extrema ligereza les permiten superar las olas fácilmente… ahora que otra cosa es , como dije, navegar en alta mar por las aguas del Atlántico norte. Así que algo tendría que ver la habilidad de sus tripulantes.

Lo cierto es que hay evidencias reales y escritas que llegaron a las islas Hébridas, Orcadas y las Islas Feroe como probablemente a Islandia, Groenlandia y Terranova como lo prueba el método de construcción de las chozas de turba que los arqueólogos han hallado.

En nuestras manos podemos tener hoy una copia de la Navigatio Brandani que es una obra que se convirtió en best seller medieval.




Este incunable de 1840 versos pretende ser la crónica de los viajes por mar de unos monjes buscando el paraíso terrenal o “la tierra prometida de los santos”.

El protagonista es San Brandán, Bréanainn, Brendan, Brandano, Barandán o Borondón según las versiones y naturalmente es una fábula; la típica hagiografía medieval sobre las bases de los libros de caballería: un viaje iniciático en busca de objetivo fantástico construido a base de muchas metáforas y etapas.

Pero al leer entre líneas vemos que describe cómo construyeron su currahg al que llamaron Trinidad, cómo eran los tripulantes, cómo describe perfectamente un iceberg, como eran las tierras que iban descubriendo como la tierra de la uvas, (que muchos piensan en el Vinland que antes vimos cuando hablamos del vikingo Leif Erikson que descubrió cuatro siglos después y que corresponden al actual Canadá), los vientos, las corrientes, la distancia recorrida, las cifras de sus rumbos y que por lo visto eran parajes conocidos anteriormente por otros eremitas como San Mernoc y Barrind.

El capítulo de más éxito medieval fue el encuentro con la ballena Jasconius así que lo voy a contar.

Cuando la expedición recaló en una pequeña isla para celebrar la misa de Pascua. Encendieron fuego y la isla se movió obligando a los asustados monjes regresar a su barco. La isla era una enorme ballena ;pero por divina intersección la ballena permitió durante los años siguientes que en su lomo se celebrara la misa.




Al final fue el libro de cabecera de los navegantes que querían aventurarse al interior del Atlántico copiando estas gestas que empezó con los vikingos y que yo sepa en 1976 lo intentó y consiguió el navegante Timothy Severín embarcado en una lancha a imitacón a un curragh.





Sobre el año 1100, sabio Honorio de Autun (digo sabio porque era sacerdote, geógrafo, teólogo, filósofo, bibliógrafo y cosmólogo) en su tratado enciclopédico Imago mundi de dispositione orbis habla de una isla perdida descubierta por San Brandán que si se la buscaba nunca se encontraba pero aparecía en muchos atlas de los siglos XIV y XV y hasta Colón la nombró en su último viaje transatlántico y rematando hasta había una crónica del siglo XVI que relataba hasta su conquista.




Nosotros lo contamos en el post 19 del siguiente hilo de Gerret:


http://foro.latabernadelpuerto.com/s...light=Borondon


Hoy sabemos que la isla no existe pero las increíbles navegaciones de estos monjes ocurrieron realmente.

Nos preguntamos que hasta donde llegaron en sus barquichuelos.


Hasta otra referencia
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Predeterminado Re: Grandes navegantes que casi nadie conoce



Inicios mallorquines de las navegadas atlánticas

Casi todos creen que eso de navegar al oeste del Atlántico era cosa de Colón y de los Reyes Católicos pero no; eso era una idea constante que desde el siglo XIII tenían los navegantes genoveses y mallorquines.

Sabéis que en esta oscura Edad Media todos los conocimientos marítimos de los fenicios y de sus imitadores griegos y romanos habían sido olvidados y hablar de los de los moros, que sí los habían conservado para qué decirlo, era una tontería ya que eran unos perros infieles.

Así que ante esta página en blanco, estos navegantes primero abrieron la salida del Mediterráneo por Gibraltar y tiraron, unos para el norte hacia los mercados ingleses, holandeses y franceses y otros navegaron al sur por las desconocidas aguas de la costa africana.

Hasta que empezaron a pensar eso de “llegar a las tierras de la India por el océano” así que en el año 1291 una expedición con ese destino zarpó de Génova con dos galeras pilotadas por marinos mallorquines y víveres para diez años dirigida por los hermanos Ugolino y Guido Vivaldi de modo que lo de Colón no era tan nuevo pues ya lo estaban intentando casi dos siglos antes.

Desgraciadamente después de pasar las costas del actual Marruecos desaparecieron sin dejar rastro pero su aventura quedó en la memoria de los marinos que lo seguían intentando como Lancelotto Malocello que fue en el 1.312, el redescubridor medieval de las Islas Canarias y gracias a la cartografía del mallorquín Dulcert que bautizó una isla como Insula de Lanzarotus Marocelus conocemos a Lanzarote con ese nombre.





Bueno, pues gracias a estos navegantes en los años siguientes tanto en Génova como en Mallorca era normal dar licencias con destino a Las Canarias y más allá.

Hoy sabemos que con una galera poco se puede hacer en este tipo de travesías; así lo comprendieron y en las licencias especificaban que el barco utilizado no era una galera sino una “Coque”.

Desgraciadamente en aquella época (y a veces hasta ahora) para describir los barcos se utilizaba un léxico confuso escrito por personas ajenas a la mar y los documentos que se conservan debían de estar escrito por los peores así que no sabemos al cien por cien cómo eran esas cocas.

Lo que sí sabemos es que las cocas navegaron durante cuatro siglos tanto en los mares del norte, de donde parte la idea, como en el mediterráneo y eran una mezcla de las técnicas constructivas de las dos zonas naciendo así el llamado barco redondo del que parten posteriores diseños como las naos, las carabelas o las carracas.

En la ermita San Simón de Mataró se halló un exvoto de una coca y en Bremen otra hundida en condiciones reconocibles por lo que podemos saber que, a pesar de ser un barco redondo, tenía la forma afilada vikinga en proa y popa que en esta última fue desapareciendo hasta hacerla cuadrada para alojar en su centro el timón a la navaresca.

La tablazón del casco era montada con la técnica vikinga del tingladillo, tenía una sola cubierta principal y las secundarios sobre los dos castillos de proa y popa, que no eran parte integral de la nave y que imitaban los castillos y eran verdaderas almenas defensivas.







Antes del siglo XIII la coca tenía un único palo en su centro que armaba una gran vela cuadrada al estilo nórdico que más tarde podía aumentar gracias a la boneta que era una vela auxiliar que se colgaba de ella.
Después aparece el trinquete y completando más tarde el mesana y la bolina del bauprés convirtiéndose entonces en el primer barco de tres palos con gobernabilidad extraordinaria.
Tenía unos 20 metros de eslora, unos 10 de manga y ya terminó usando el timón central fijado al codaste. No se mejoró este barco hasta la aparición de la carraca.

Sólo hay un pero. Una coca clásica con aparejo redondo sólo podría navegar a favor del viento, luego ¿Cómo regresaban de su viaje a Canarias y de esa zona?
¿En octubre tomando rumbo norte hasta encontrar viento favorable rumbo a España?

No lo sabemos porque no existen datos de sus derrotas de regreso pero así debió de ser porque ,en sus rumbos norte, se debieron encontrar con las islas Madeira y Azores.

Entre archivos y documentos tenemos muchos nombres de navegantes que estaban en esta onda descubridora como Roger de Rovenach,Francesc Desvaiera,Bartomeu Moragues,Pere Giges,Francesc Albussa,Domingo Gual etc. seguido de los eclesiásticos que nuevamente se embarcaban ,con su proselitismo evangelizador, a convertir las poblaciones indígenas que se pudieran encontrar.




Más de uno se preguntará extrañado porqué hablo tanto de los mallorquines y les tengo que decir que no quiero olvidar que fueron los pioneros en esto de la empresa oceánica y que es un tema que se ignora en muchos tratados de historia marítima.

Mallorca era una tierra recién reconquistada a los moros y entre el 1276 y 1343 fue un reino insular independiente que vivía de las cosas de la mar por lo que tenia centros en los que se investigaba técnicas de navegación, desarrollo de la cartografía, geografía (eminentemente judías) y otras ciencias sin importar su procedencia practicando las tradiciones intelectuales tanto latinas como musulmanas.

De ahí que sus marinos manejasen con soltura los portulanos, la aguja de marear, la ballestilla (que utilizaban para medir la altura del sol o las estrellas sobre el horizonte para determinar la latitud) o el más sofisticado astrolabio del que Raimundo Lulio dijo en 1295 que los hombres del mar mallorquines los llevaban colgados del cuello.






Pero además era el centro comercial de los productos del norte de Europa que la flota mallorquina transportaba a cambio de los de Aragón, al igual que los de los musulmanes, gracias a la dispensa que gozaba, por lo que en sus puertos había barcos de todas las naciones marítimas al igual que los de la República de Génova que los tenían como base ya que colaboraban mutuamente.

Por lo cual quiero decir que si algo se movía en el mundo náutico de esa época, Mallorca lo sabría o estaría en el ajo, que no se olvide.

Bueno pues en una de esas cartografías mallorquinas aparece el dato de un capitán mallorquín que nos da una pista por donde iban los tiros en esas navegadas atlánticas.

Se trata del Mapamundi de los Cresques más conocido como Atlas Catalán una obra maestra confeccionada en 1375 por los judíos mallorquines Abrahan y Jehuda Cresques, famosa por sus detalles y ser el primer atlas conocido que lleva una rosa de los vientos.





Allí, en la esquina inferior izquierda del mapa hay una embarcación con una insignia aragonesa izada en popa y pintada en brillantes colores y una nota que dice: Jacme Ferrer establecidos en un uxer en 10 de agosto de 1346 para buscar el Riu del’Or .




Aclaro que hay en este comentario,a mi modo de ver,dos logros; el primero es llevar un uxer hasta esos confines porque era un navío difícil de gobernar por eso llevaba vela y remos ya que era un barco muy pesado, lento en sus reacciones que se dedicaba primordialmente a transportar caballos.
Se llamaba así porque en popa, a flor de agua, tenía abierta una tronera.(al menos era aireado)

Y segundo los Cresques sitúan la posición de la nave abajo de las Islas Canarias por lo que se sugieren que Ferrer navegó más allá del cabo Bojador y si atendemos a lo que decía ,un siglo después, Enrique I el Navegante (Bluf del que hablaré en otra referencia) cuando el navegante portugués Gil Eanes lo traspasó diciendo que se había traspasado el non plus ultra de la navegación, no te digo cómo habría puesto a este Ferrer.

Pero desgraciadamente no se sabe si Ferrer sobrevivió y regresó… como tantos otros navegantes mallorquines que querían abrir una salida a su mar.



Hasta otra treferencia
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Predeterminado Re: Grandes navegantes que casi nadie conoce

El veneciano inglés


Siempre hubo tíos listos y oportunistas en estos asuntos de marear y uno de ellos fue nuestro personaje, del que recuerdo haber hablado de él en algún hilo, pero merece entrar de pleno en estas referencias.

Ya hemos visto que la idea de Colón la tenían mucho tiempo antes los mallorquines y los genoveses, pero también las tenían en su propio tiempo.

Uno de ellos fue Giovanni Caboto un genovés que también estaba dando la brasa en los mismos sitios que Colón con su proyecto oceánico.

Mientras que Colón había navegado comerciando por el Atlántico, Caboto lo hacía por el Índico en el de las especias realizando mientras tanto portulanos y estudios de cosmología desde Venecia, su puerto base, que era su ciudad de adopción desde los once años.

Luego estamos hablando de dos expertos navegantes (aunque sabemos que Colón estaba mucho menos preparado) tratando de alcanzar la India por el oeste.

Para abreviar; los dos estaban en la península Ibérica, uno en Huelva y Sevilla y el otro en Valencia con sus proyectos atlánticos bajo el brazo.





Como sabemos ganó Colón probablemente por su celo religioso y su buena labia, y probablemente a Giovanni le dio un vuelco el corazón cuando vio a su contrincante pasar por su cuidad camino de Barcelona para informar allí, a los soberanos españoles, de su triunfante viaje marino.

Así que resolvió largarse de España y presentar su proyecto a Inglaterra para lo cual cambió su plan inicial y cruzar el océano por latitudes más septentrionales.

Como no era tonto eligió Inglaterra porque se enteró que en el Atlántico norte había una intensa actividad de los comerciantes ingleses, daneses y la Liga Hanseática (que era una confederación de las prósperas ciudades –república del Báltico y mar del Norte),para hacerse con el comercio de la ballena, el marfil, los esclavos irlandeses, la morsa etc.

La ciudad de Bristol, que entonces era la segunda ciudad más importante de Inglaterra, tenía lo que Caboto necesitaba: la posición geográfica, ricos mercaderes dentro de un pobre país, importante tráfico comercial marítimo, astillero aceptable y expediciones comerciales con buenos marinos que según decían habían encontrado una hipotética isla que llamaron Brasil…

En fin, que allí se encajó con su proyecto.

Les vendió la burra diciendo que si Colón había llegado a la India atravesando por una latitud de 28º Norte, él lo haría por una ruta más corta navegando por una latitud más al norte.

Se presento en Londres para solicitar el permiso y el apoyo de Enrique VII y la noticia se corrió de boca en boca de forma que el embajador español informó a los Reyes Católicos que “un hombre como Colón estaba montando una empresa como la de las Indias para llegar a una rica tierra llamada Cipango donde crecen todas las especies del mundo y todas las piedras preciosas”




En marzo de 1496 el rey firmó las capitulaciones que garantizaban al personaje, que naturalmente ¡bueno son los ingleses!





ya no se llamaba así porque pasaría a la historia como John Cabot, junto con sus hijos, sus herederos y sus ayudantes que podrían navegar “ a todas partes excepto a la región de los descubrimientos españoles en el Caribe” porque esta autorización sólo amparaba a “las tierras que hasta el momento sean desconocidas por los cristianos”

Así sobre la marcha, con las cartas patentes en su bolsillo, zarpó desde Bristol a toda prisa armando un solo barco.

A la altura de Irlanda entre el mal tiempo, la escasez de alimentos que con las prisas o la falta de patrocinadores no habían completado, las discusiones con una tripulación mal elegida le hicieron dar la vuelta.





Otra vez lo intentó el mayo de 1497 pero habida cuenta de la experiencia anterior tuvo escaso apoyo de los mercaderes y sólo pudo alquilar y arranchar la misma pequeña carabela de 50 toneladas llamada Matthew con una eslora de 24 metros (19 en la flotación) 6,30 de manga y 2,10 de puntal con un aparejo redondo excepto en el mesana que envergaba una vela latina y en la que se embarcó con su hijo de 15 años Sebastián Caboto (bien conocido en nuestra historia náutica), 18 hombres y víveres para 7 meses.





Una vez pasada Irlanda viró, hacia el oeste y en 35 días y después de soportar un gran temporal, avista una tierra boscosa.

Se desconoce que fue exactamente lo que vio porque los expertos no se ponen de acuerdo ya que mientras unos dicen Nueva Escocia otros dicen Labrador pero la mayoría se decanta por Terranova porque según dijo estaba entre las latitudes irlandesas de Dorsey Head y la desembocadura del Garona es decir entre los 46º y 51º norte.

Desembarcó brevemente para plantar el pendón de Inglaterra y el león de San Marcos de Venecia para así tomar para Inglaterra la que llamó Tierra de Bacalaos porque había tantos que ralentizaban su avance.

Después barajó la corta durante 30 días sin ver a nadie y al descubrir un viento favorable hacia el este se plantó en 15 días en Bretaña.






Cuando llegó a Inglaterra dijo que había descubierto un continente a 700 leguas de distancia que eran las costas asiáticas del país del Gran Khan con pesca para aburrir y especulaba que había flora exótica y seda.

Y así su vida cambió. Con la recompensa real alquilo una gran casa al lado de la iglesia, se compro ropa ostentosa, se le nombró Gran Almirante con una pensión de 20 libras anuales e iba prometiendo cargos en la futura tierra que había descubierto o las que iba a descubrir.

Hizo un mapa de las tierras que había revelado y mandó una copia al Gobierno de España por lo que Juan de la Cosa las incorpora en su mapa cuando dibuja la costa de America del norte con 5 banderas inglesas.





Ahora todo eran parabienes, los comerciantes lo apoyaban y el rey ya era uno de los inversores por lo que no tuvo problemas para armar la siguiente expedición compuesta de 5 barcos.

Los barcos zarparon en mayo de 1498. Uno de ellos estaba alijado por el rey y dos empresarios londinenses y los cuatro restantes eran patrocinados por comerciantes de Bristol.

Navegaron por la ruta conocida hasta Irlanda donde les sorprendió un temporal. Uno de los barcos, precisamente el de Cabot, seriamente averiado entró en un puerto irlandés para reparar y partió más tarde al oeste tras sus compañeros.

Nada más se sabe.

Se supone que llegaron hasta Groenlandia por el norte y a la bahía de Chesapeake por el sur pero son suposiciones ya que se tejieron muchas hipótesis de este tercer viaje como los que defienden que Cabot había regresado a Inglaterra en el 1.500 después de haber explorado casi toda la costa del levante Norteamericano.

Quizás la más probable sea que, en su ciega búsqueda de la fabulosa Isla Cipango, navegaran tan al norte para así quedarse atrapados por el hielo y la muerte

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